Coincidiendo con el 15º aniversario de La Silla Roja, Unai Sanz, técnico del departamento de incidencia política de la ONG Entreculturas, alerta sobre el estancamiento de la financiación educativa mundial y las consecuencias que podrían tener los recortes de la cooperación internacional. Según explica, una posible caída del 24% de la ayuda destinada a educación en 2026 podría dejar fuera de las aulas a millones de niños y niñas. “La educación no es un gasto del que se pueda prescindir, es la inversión más estratégica de cualquier país”, reivindica.
- La Silla Roja cumple ya 15 años. ¿Qué os ha llevado a poner el foco este año precisamente en la financiación de la educación?
- El informe alerta de una posible caída del 24% de la ayuda destinada a educación en 2026. ¿Cómo puede trasladarse ese recorte al día a día de niños, niñas y comunidades educativas?
- Guerras, aumento del gasto militar, tensiones comerciales… ¿Cómo está afectando el actual contexto geopolítico a la capacidad de los países para invertir en educación?
- El informe habla de justicia fiscal y soberanía presupuestaria. ¿Qué cambios permitirían a los Estados disponer de más recursos propios para garantizar el derecho a la educación?
- Si la mayor parte de la financiación educativa depende de cada Estado, ¿qué papel sigue teniendo la cooperación internacional y dónde resulta especialmente necesaria?
- En el caso de España, ¿qué decisiones consideráis prioritarias ahora para avanzar tanto en financiación educativa como en cooperación internacional?
En la entrevista, Sanz también pone el foco en el aumento del gasto militar, la deuda externa y la evasión y elusión fiscal como factores que limitan los recursos disponibles para garantizar el derecho a la educación. Frente a este escenario, Entreculturas reclama una mayor justicia fiscal, reforzar la cooperación internacional y avanzar en España hacia una inversión educativa del 6% del PIB y el cumplimiento del objetivo del 0,7% del PIB en Ayuda Oficial al Desarrollo para 2030. Para Sanz, la cuestión de fondo es decidir qué prioridades deben guiar las políticas públicas: “¿De verdad creemos que la paz se construye con tanques y no con libros y maestros?”.
La Silla Roja cumple ya 15 años. ¿Qué os ha llevado a poner el foco este año precisamente en la financiación de la educación?
Después de 15 años poniendo La Silla Roja para denunciar que millones de niños y niñas no pueden ir al colegio, desde Entreculturas nos hemos dado cuenta de algo muy claro: no nos enfrentamos a que falte dinero en el mundo, nos enfrentamos a una crisis ética de prioridades. Y no podíamos quedarnos callados. Lo que vemos hoy es un estancamiento dramático. El gasto mundial en educación sigue congelado en un 4,2% del PIB y tenemos un agujero de casi 100.000 millones de dólares para alcanzar las metas del ODS 4. Mientras las escuelas se caen a pedazos, los presupuestos militares para armas se disparan, y las grandes corporaciones eluden pagar impuestos de una forma justa.
Cuando el Estado no pone los recursos, lo pagan las familias. Hoy los hogares ya asumen una cuarta parte del gasto educativo mundial. Eso significa que aprender se está convirtiendo en un privilegio de quien se lo puede permitir, y eso rompe cualquier principio de justicia social. Por eso este año decimos alto y claro que la educación no es un gasto del que se pueda prescindir, es la inversión más estratégica de cualquier país.
El informe alerta de una posible caída del 24% de la ayuda destinada a educación en 2026. ¿Cómo puede trasladarse ese recorte al día a día de niños, niñas y comunidades educativas?
Hablar de un recorte del 24% puede sonar a un frío porcentaje de un documento de excel, pero en el mundo real esto tiene un rostro humano demoledor. Naciones Unidas nos advierte de que esa cifra significa sacar del colegio a 6 millones de niños y niñas, y empeorar la educación de otros 290 millones. En Entreculturas esto no nos lo han contado, lo vemos a diario a través de nuestros equipos en el terreno, como el Servicio Jesuita a Refugiados o Fe y Alegría, donde unos 21.250 estudiantes de nuestras escuelas verán comprometido su futuro.
Cuando la ayuda se corta, un comedor escolar cierra y un niño o niña se queda sin su única comida completa del día. Se suspenden programas de alfabetización, o la atención a la primera infancia en zonas rurales. Y luego está el drama de las maestras. Faltan 44 millones de docentes en el mundo y muchos de los que están, cobran salarios de miseria. Si encima les recortan el sueldo o las aulas están masificadas, la calidad en el aula se hunde. Al final, lo que consigue este tijeretazo presupuestario es dejar a los niños y niñas en mayor situación de vulnerabilidad sin un futuro prometedor, expuestos al trabajo infantil, la violencia o la desesperanza.
Guerras, aumento del gasto militar, tensiones comerciales… ¿Cómo está afectando el actual contexto geopolítico a la capacidad de los países para invertir en educación?
Nos encontramos en un momento muy peligroso donde parece que las prioridades se han invertido por completo. La geopolítica actual está asfixiando a las aulas por dos vías. Por un lado, las guerras comerciales y los aranceles encarecen todo: desde levantar la pared de una escuela hasta comprar los ordenadores, los cuadernos o la comida de los alumnos. Pero lo más sangrante es la militarización. En 2024 el gasto militar en el mundo alcanzó la cifra récord de 2,7 billones de dólares. Si miras a los países europeos de la OTAN, en la última década el presupuesto militar ha crecido 11 veces más rápido que la inversión en educación.
La pregunta que tenemos que hacernos como sociedad es muy sencilla: ¿de verdad creemos que la paz se construye con tanques y no con libros y maestros? Desde Entreculturas decimos no a esta economía de guerra. Cada euro que se desvía a la escalada belicista es un euro que se le arrebata al futuro de la infancia.
El informe habla de justicia fiscal y soberanía presupuestaria. ¿Qué cambios permitirían a los Estados disponer de más recursos propios para garantizar el derecho a la educación?
La relación entre impuestos y educación es directa: si los Estados no recaudan de forma justa, no hay dinero para escuelas públicas. Hoy en día, la evasión y elusión fiscal de grandes multinacionales y fortunas drena entre 480.000 millones y 1,2 billones de dólares cada año. Lo más indignante es que ese dinero que debería estar en las arcas públicas duplica con creces lo que haría falta para que todos los niños y niñas del mundo estudiaran.
Desde Entreculturas proponemos algo tan básico como que pague más quien más tiene. Necesitamos reformas tributarias progresivas y apoyar sin fisuras, la Convención Marco de la ONU sobre Cooperación Fiscal Internacional para acabar con los paraísos fiscales. Si los Estados lograran subir su recaudación solo 5 puntos del PIB global, se generarían más de 1 billón de dólares al año. Con eso se cubriría cinco veces el déficit del ODS 4.
Y la otra gran losa es la deuda externa. Más del 75% de los países con bajos ingresos pagan hoy más dinero en intereses a sus acreedores que lo que invierten en la salud y la educación de su gente juntas. Eso es éticamente insostenible. Hay que cancelar o canjear esa deuda por compromisos firmes de inversión en las aulas.
Si la mayor parte de la financiación educativa depende de cada Estado, ¿qué papel sigue teniendo la cooperación internacional y dónde resulta especialmente necesaria?
Es verdad que el 97% del presupuesto educativo mundial lo ponen los propios países con sus recursos propios, y la cooperación sólo un 3%. Pero ojo, ese 3% es una red de salvamento vital. Sin esa ayuda externa, millones de personas se quedan completamente desamparadas.
¿Dónde es insustituible la cooperación? En las emergencias y los conflictos armados. Cuando un Estado colapsa por una guerra o un desastre natural, los fondos multilaterales como Education Cannot Wait o la Alianza Mundial por la Educación consiguen que un niño o niña refugiado o desplazado no pierda su derecho a aprender. Una emergencia no puede ser una excusa para pausar la educación.
Además, la cooperación empuja la innovación, apoya a las organizaciones comunitarias locales y ayuda a reducir las situaciones de desigualdad. Por eso exigimos a los países donantes que al menos el 10% de su ayuda vaya a educación, y que se entregue en forma de donaciones reales, no de préstamos que sigan endeudando al Sur Global.
En el caso de España, ¿qué decisiones consideráis prioritarias ahora para avanzar tanto en financiación educativa como en cooperación internacional?
En España nos jugamos mucho en ambos frentes. En España, seguimos invirtiendo un 4,48% del PIB en educación, por debajo de la media europea. Necesitamos marcar una hoja de ruta clara para llegar de una vez al 6% del PIB. Pero no solo es cuánto gastamos, sino cómo: necesitamos un escudo social que garantice comedores escolares gratuitos para los niños y niñas en situación de vulnerabilidad, más becas y un apoyo decidido a la inclusión del alumnado con discapacidad o con necesidades especiales.
Y de cara hacia afuera, España tiene que cumplir su palabra. La Ley de Cooperación fija llegar al 0,7% del PIB en Ayuda Oficial al Desarrollo para 2030, pero hoy apenas estamos en el 0,27%. Pedimos cumplir la ley y blindar que un 8% de esa ayuda sea para educación y un 10% de la ayuda humanitaria para emergencias educativas.
Por último, no podemos dejar de hablar de la realidad de las distintas CCAA: la cooperación descentralizada es una seña de identidad de nuestra solidaridad y hay que protegerla con firmeza frente a los recortes y discursos radicales que pretenden desmantelarla. España debe liderar con el ejemplo en Europa defendiendo que la educación es la herramienta más potente para la justicia global.
Consulta más información responsable en las publicaciones Corresponsables y en la Ficha de Entreculturas en el Anuario Corresponsables 2026.


