Smurfit Westrock, compañía global especializada en soluciones de packaging basado en papel, sitúa la sostenibilidad, la circularidad y la innovación en el centro de su estrategia industrial. Desde el diseño de envases más eficientes y reciclables hasta la reducción de emisiones y el uso responsable de la fibra, la compañía busca dar respuesta a un mercado marcado por nuevas exigencias ambientales y regulatorias.
- Smurfit Westrock nace como una compañía global de referencia en packaging basado en papel. ¿Cómo definirían hoy el propósito de la organización y qué papel juega la sostenibilidad en su modelo de negocio?
- La economía circular es uno de los grandes retos del sector del envase y embalaje. ¿Qué avances está impulsando Smurfit Westrock para reducir residuos, fomentar la reciclabilidad y optimizar el uso de materiales?
- A través de iniciativas como Better Planet Packaging, la compañía promueve soluciones más sostenibles para sus clientes. ¿Qué demandas están trasladando actualmente las empresas en materia de packaging responsable?
- ¿Qué papel juega la innovación en el desarrollo de envases que sean, al mismo tiempo, funcionales, competitivos y con menor impacto ambiental? ¿Podrían compartir algún ejemplo destacado?
- El uso responsable de la fibra, la protección de los bosques y la biodiversidad son aspectos clave para el packaging basado en papel. ¿Cómo trabaja Smurfit Westrock para garantizar una cadena de suministro responsable?
- La descarbonización industrial es uno de los grandes desafíos de las compañías manufactureras. ¿Qué medidas están aplicando para reducir emisiones y mejorar la eficiencia energética en sus operaciones?
- Más allá del impacto ambiental, ¿cómo entiende Smurfit Westrock su contribución social en los territorios donde opera y qué papel tienen las alianzas con clientes, proveedores y comunidades locales?
En esta entrevista, Susana Amaya, Sustainability Manager de Smurfit Westrock España, Portugal y Marruecos, aborda los principales retos del sector y explica cómo la empresa trabaja para combinar funcionalidad, competitividad y menor impacto ambiental, además de reforzar su compromiso con los territorios y comunidades en los que opera.
Smurfit Westrock nace como una compañía global de referencia en packaging basado en papel. ¿Cómo definirían hoy el propósito de la organización y qué papel juega la sostenibilidad en su modelo de negocio?
Smurfit Westrock es una empresa industrial que trabaja para resolver necesidades muy concretas de sus clientes a través del packaging. Necesidades que van desde proteger los productos, hacer más eficiente el transporte, mejorar la exposición en el punto de venta o adaptar los envases a nuevos canales y hábitos de consumo, entre otras. Y nuestro propósito es precisamente ese, desarrollar productos y soluciones sostenibles que resulten esenciales, al tiempo que protegemos y fomentamos el cuidado del entorno y las comunidades en las que operamos.
Por eso la sostenibilidad es algo intrínseco a nuestro modelo de negocio y tiene un papel crucial en todas las áreas de la compañía: desde cómo diseñamos un envase para utilizar solo los materiales necesarios o fibra procedente de fuentes gestionadas de forma responsable, hasta cómo mejoramos la eficiencia energética de nuestras plantas, reducimos residuos, o favorecemos la recuperación del material para que vuelva al ciclo productivo. Son decisiones muy pegadas a la operativa, a la inversión y a la manera en que una compañía como la nuestra trabaja para seguir siendo útil en un contexto cada vez más exigente.
Los clientes necesitan soluciones que funcionen, que sean competitivas, que respondan a nuevas exigencias regulatorias y que, al mismo tiempo, les ayuden a avanzar en sus propios compromisos ambientales.
La economía circular es uno de los grandes retos del sector del envase y embalaje. ¿Qué avances está impulsando Smurfit Westrock para reducir residuos, fomentar la reciclabilidad y optimizar el uso de materiales?
La circularidad exige mirar el envase de forma completa, desde cómo se concibe hasta lo que ocurre con él una vez ha cumplido su función. En Smurfit Westrock eso empieza siempre en la fase de diseño, donde se trabaja para ajustar cada solución a su función real, evitar consumos innecesarios y facilitar que el envase pueda tener una segunda vida dentro del sistema. Después continúa en la manera en que gestionamos las materias primas y sigue en nuestros procesos, donde revisamos formatos, estructuras y composiciones para ganar eficiencia sin comprometer el rendimiento que necesita cada cliente.
Este planteamiento tiene una traducción práctica en los distintos ámbitos. Una de ellas es el desarrollo de soluciones que permiten sustituir materiales menos sostenibles en determinados usos, como hacemos en las iniciativas impulsadas bajo Better Planet Packaging. Por otro lado, desarrollamos un trabajo industrial centrado en reducir el residuo que acaba en vertedero, recuperar materiales dentro del proceso productivo y hacer un uso más eficiente de los recursos en planta.
A través de iniciativas como Better Planet Packaging, la compañía promueve soluciones más sostenibles para sus clientes. ¿Qué demandas están trasladando actualmente las empresas en materia de packaging responsable?
Las empresas tienen una necesidad cada vez mayor de soluciones que les ayuden a responder a varios retos al mismo tiempo. El packaging tiene que proteger bien el producto, ser eficiente en la logística, funcionar en el punto de venta o en el canal online y, además, encajar con objetivos de sostenibilidad cada vez más determinantes en la toma de decisiones. Ya no basta con que el envase sea correcto desde un punto de vista técnico, ahora también es necesario que use menos material, sea reciclable, facilite la circularidad y permita sustituir otras opciones menos sostenibles cuando resulta viable.
Además, las compañías ya no buscan solo un proveedor, sino un socio con capacidad para entender su operativa, valorar la solución de forma completa y encontrar opciones que sean mejores desde el punto de vista ambiental, sin perder eficiencia ni competitividad. Y aquí entran cuestiones como la optimización de formatos, la adaptación a nuevas exigencias regulatorias, la mejora del comportamiento del envase en toda la cadena de suministro o la necesidad de introducir innovación de forma realista. En el fondo, lo que piden las empresas es que el packaging responsable no sea un concepto teórico, sino una solución útil, aplicable y alineada con las necesidades concretas de su negocio.
¿Qué papel juega la innovación en el desarrollo de envases que sean, al mismo tiempo, funcionales, competitivos y con menor impacto ambiental? ¿Podrían compartir algún ejemplo destacado?
En una actividad como la nuestra, innovar no consiste únicamente en lanzar algo nuevo, sino en afinar las soluciones para que respondan mejor a necesidades muy concretas, sin perder de vista el marco ambiental y regulatorio en el que operan los clientes. Encontrar el equilibrio entre funcionalidad, coste y menor impacto se consigue revisando desde la estructura del envase, hasta el comportamiento del material en la cadena de suministro, pasando por el diseño, la resistencia, la presentación en el punto de venta o la posibilidad de recuperación una vez termina su uso.
Ese trabajo de innovación requiere bastante más que intuición. Hace falta conocimiento técnico, experiencia industrial, capacidad de ensayo y herramientas que permitan anticipar cómo va a funcionar una propuesta antes de llevarla a producción. Smurfit Westrock trabaja precisamente en esa combinación de ciencia, datos, creatividad y desarrollo aplicado para identificar mejoras que a veces parecen pequeñas, pero que tienen un efecto muy claro en el uso de materiales, en la eficiencia logística o en la reciclabilidad del conjunto. Un buen ejemplo es Agrolife, un tratamiento desarrollado en España, en la planta de Totana, que se aplica a embalajes agrícolas para adsorber el etileno de frutas y verduras durante la cadena de suministro y así retrasar su maduración. Es una solución muy interesante que demuestra que la innovación en packaging no pasa solo por el material o por el formato, sino por la capacidad de aportar valor al producto envasado, como es mejorar su conservación o ayudar a reducir mermas a lo largo del proceso logístico y comercial.
El uso responsable de la fibra, la protección de los bosques y la biodiversidad son aspectos clave para el packaging basado en papel. ¿Cómo trabaja Smurfit Westrock para garantizar una cadena de suministro responsable?
Efectivamente, si trabajas con papel, no puedes hablar de sostenibilidad sin tener claro el origen de la fibra y bajo qué criterios se gestiona. En Smurfit Westrock ponemos mucho foco en eso, en combinar fibra reciclada con fibra virgen procedente de bosques gestionados de forma responsable y en asegurar que toda esa cadena tenga trazabilidad y responda a estándares exigentes. Entendemos la protección de los bosques y de la biodiversidad como parte del propio negocio, porque es la base que nos sostiene.
También tenemos una parte muy importante de control y de exigencia a toda la cadena de suministro. Trabajamos con sistemas de certificación muy rigurosos, como FSC, PEFC y SFI, y pedimos también a nuestros proveedores que operen con esos criterios. Todas nuestras plantas de papel cuentan con sistemas de gestión de Cadena de Custodia certificados, y además intentamos que ese compromiso tenga una traducción real en los territorios en los que estamos presentes.
La descarbonización industrial es uno de los grandes desafíos de las compañías manufactureras. ¿Qué medidas están aplicando para reducir emisiones y mejorar la eficiencia energética en sus operaciones?
La descarbonización industrial nos obliga a mirar la operación con bastante realismo. En una compañía como la nuestra, reducir emisiones pasa por entender muy bien dónde están los principales consumos, qué procesos se pueden optimizar y qué cambios tienen sentido realizar desde el punto de vista técnico y operativo. No es solo una cuestión de incorporar renovables, sino de mejorar la eficiencia de las plantas, recuperar energía, reutilizar subproductos del proceso, gestionar mejor el agua y revisar de forma continua cómo producir con menos impacto.
Ese es el enfoque con el que trabajamos en Smurfit Westrock. Nuestra estrategia combina mejora progresiva, inversión y visión de largo plazo. Hay plantas donde el foco está más centrado en la eficiencia energética, otras donde el avance viene por la recuperación de recursos y otras por la modernización de determinados sistemas, pero la lógica es la misma en todos los casos. Se trata de ir reduciendo la intensidad de carbono de nuestra actividad industrial con medidas que sean aplicables, medibles y sostenibles en el tiempo.
Más allá del impacto ambiental, ¿cómo entiende Smurfit Westrock su contribución social en los territorios donde opera y qué papel tienen las alianzas con clientes, proveedores y comunidades locales?
En Smurfit Westrock entendemos esa contribución social como la capacidad de formar parte de la vida económica y social de los lugares en los que operamos. No hablamos solo de generar empleo y riqueza local, que, por supuesto, son importantes, sino también de arraigo industrial y de fusionar nuestra identidad con la comunidad.
Intentamos que nuestra presencia tenga una traducción directa en iniciativas que sean útiles. Esto incluye proyectos vinculados a educación, salud, bienestar o apoyo a colectivos vulnerables, muchos de ellos impulsados junto a la Fundación Smurfit Westrock, así como colaboraciones más cercanas con entidades locales y organizaciones sociales. Nuestras alianzas son importantes precisamente por eso, porque ayudan a que la aportación no sea ajena ni se haga de forma unilateral. Así, generamos una red de trabajo con clientes, proveedores y comunidades locales mucho más conectada con las necesidades reales y con una idea de impacto que, para nosotros, tiene más valor cuando se construye de manera compartida.
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