Sara Valverde, Presidenta de Farmamundi, reivindica en esta entrevista con Jaime Barrionuevo, periodista de Corresponsables, el papel de la organización como referente en cooperación sanitaria, acceso a medicamentos esenciales y respuesta humanitaria.
- ¿Cómo describirías la labor de Farmamundi en la promoción de la salud y el acceso a los medicamentos en las comunidades más vulnerables?
- Farmamundi ha sido un actor clave en el ámbito de la cooperación internacional. ¿Cuáles dirías que son los principales retos actuales para las ONG en este campo?
- ¿Cómo se han adaptado las estrategias de Farmamundi a las nuevas necesidades derivadas de la crisis sanitaria global y el impacto de la pandemia?
- Recientemente estuviste presente en un acto de Nueva Economía Fórum. ¿Qué importancia tiene este tipo de foros para Farmamundi y cómo pueden contribuir a mejorar la sostenibilidad social y la cooperación internacional?
- Precisamente en este evento, mencionaste que además de ser la presidenta de Farmamundi, eres farmacéutica. ¿Cómo logras mantener la conexión con tus raíces en la farmacia, a pesar de la responsabilidad que conlleva tu puesto actual, y de qué manera esa mentalidad te ayuda en tu labor al frente de la organización?
- La Sostenibilidad no solo se refiere al medio ambiente, sino también a la equidad social. ¿Qué acciones lleva a cabo Farmamundi para asegurar que sus proyectos sean sostenibles a nivel social y económico?
- ¿Cuáles son las prioridades de Farmamundi en términos de innovación en salud y desarrollo social para los próximos años?
- ¿Cómo ves la evolución de la colaboración público-privada en los proyectos de cooperación internacional y en qué áreas crees que aún se puede mejorar?
- En tu opinión, y para terminar, ¿cómo puede la Responsabilidad Social Empresarial contribuir a mejorar la salud global y garantizar el acceso a medicamentos esenciales en países en desarrollo?
Tras más de 30 años de trayectoria, la entidad ha evolucionado desde el envío de medicamentos hasta una visión integral del derecho a la salud, en la que la atención primaria, la salud materno-infantil, la nutrición, la protección frente a la violencia y la salud mental forman parte de una misma respuesta.
Farmacéutica de profesión y presidenta de una organización nacida desde el compromiso del propio sector, Valverde subraya que “el medicamento es imprescindible, pero no lo es todo cuando hablamos de salud global”. También defiende que la cooperación “no es una cuestión de caridad”, sino una responsabilidad compartida que exige confianza social, alianzas público-privadas, transparencia y una mayor implicación de las empresas para responder con rapidez ante emergencias, incluidas aquellas que no ocupan titulares.
¿Cómo describirías la labor de Farmamundi en la promoción de la salud y el acceso a los medicamentos en las comunidades más vulnerables?
Para empezar, creo que deberíamos hablar un poco de dónde surgimos, porque eso explica muy bien la trayectoria que hemos tenido. Farmamundi es una ONG de farmacéuticos que se creó en 1993, hace ya más de 30 años, por un grupo de farmacéuticos y farmacéuticas de Valencia que, viendo la situación que había en aquel momento en cuanto al acceso a los medicamentos, pensaron que, como profesionales, debían hacer algo.
Ver que había personas que estaban muriendo por falta de medicamentos que aquí tenemos a nuestro alcance fue lo que les motivó a asociarse y a crear una organización de farmacéuticos. En un primer momento, la labor consistía básicamente en enviar medicamentos. Empezamos en Mali y en otros lugares donde lo que faltaban eran, precisamente, medicamentos.
Pero rápidamente te das cuenta de que la situación sanitaria es muy grave y muy diferente a la que vivimos nosotros. El medicamento es algo muy importante, imprescindible, pero no lo es todo cuando hablamos de salud global y del derecho a la salud. Por eso, la organización empezó a trabajar en muchos más ámbitos, no solo en el envío de medicamentos, sino también en la promoción de la salud, desde la atención primaria hasta la salud materno-infantil, el derecho a una vida sin violencia o una nutrición adecuada. Ampliamos muchísimo nuestro campo de acción porque, para que el derecho a la salud sea completo, hay que trabajar todo ese ciclo.
También nos hemos profesionalizado muchísimo en lo que tiene que ver con el envío de medicamentos. A veces la gente piensa que enviar medicamentos consiste simplemente en meterlos en una caja y mandarlos. Nosotros, como profesionales, sabemos que no es así. Es un proceso logístico mucho más largo y complejo, porque para que el medicamento sea realmente una ayuda para la población a la que va destinado, tiene que llegar de manera segura, constante y con criterio sanitario.
Y si me permites detenerme aquí, creo que es importante explicar qué significan todas estas palabras, porque tienen mucho sentido. Si haces un envío de medicamentos que solo va a llegar una vez al año, no hay seguimiento de esos tratamientos. El envío tiene que ser constante para que esa población pueda disponer de medicamentos de forma continuada.
Además, tiene que hacerse con criterio sanitario. Eso significa que, allí donde llegan los medicamentos, tiene que haber profesionales sanitarios que determinen cuáles son las necesidades de esa población y que sean ellos quienes digan qué medicamentos necesitan para que nosotros podamos enviarlos.
También necesitamos que el envío sea seguro, con el mismo criterio sanitario que tenemos aquí. Nosotros no enviamos nada que no esté avalado y que no tenga calidad. Pero, además, el envío debe tener trazabilidad. Tenemos que saber dónde está el medicamento, a qué temperatura se envía y si, allí donde llega, van a tener los medios no solo para distribuirlo, sino también para almacenarlo y sacarlo de las fronteras. Hay muchísimas cuestiones que tener en cuenta.
A lo largo de todos estos años nos hemos profesionalizado totalmente en este ámbito y ahora mismo somos el primer distribuidor humanitario en España sin ánimo de lucro, cumpliendo todas las normativas de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, del Ministerio de Sanidad y, por supuesto, de Europa. Trabajamos con trazabilidad, calidad y todos los requisitos necesarios porque sabemos que es la única manera de que esa ayuda sea realmente un beneficio para la población.
Farmamundi ha sido un actor clave en el ámbito de la cooperación internacional. ¿Cuáles dirías que son los principales retos actuales para las ONG en este campo?
Creo que tenemos muchos retos, y uno de los más importantes para mí es que la población nos conozca más. No solamente en nuestro ámbito o entre nuestros socios, sino de una manera más amplia. Necesitamos que la sociedad nos conozca mejor y confíe más en nosotros.
Estamos en un momento en el que, por la situación actual, las ONG viven una etapa en la que su labor se está poniendo en duda. Probablemente nosotros también tenemos parte de responsabilidad, porque nos dedicamos mucho a hacer nuestro trabajo y poco a contar qué es lo que hacemos, cuando eso es muy importante para que la gente confíe realmente en nosotros.
Tenemos que abrirnos, contar a la sociedad que somos organizaciones absolutamente transparentes, fiables, con criterio técnico y con una manera rigurosa de hacer las cosas. Para mí, una de las prioridades actuales es revertir esa idea de que “el dinero no llega” o de que no se sabe dónde se queda. A veces puede ser una excusa para no ayudar, pero si alguien tiene interés real en saber lo que hacemos, debe acercarse a la organización que considere más cercana o más alineada con sus valores e informarse.
Creo que las ONG, en general, somos transparentes a más no poder. Tenemos auditorías internas, auditorías externas y muchísimos mecanismos de control. Sinceramente, no creo que muchas organizaciones puedan compararse con el nivel de transparencia que tienen las organizaciones no gubernamentales. Ahí la sociedad también debería hacer un esfuerzo por acercarse a nosotros, y nosotros, al mismo tiempo, debemos hacer un esfuerzo por abrirnos más a la sociedad.
Dicho esto, también tenemos que hacer un llamamiento a aumentar los fondos, tanto públicos como privados, para que nuestro trabajo pueda ser mucho más estable. No podemos estar dependiendo siempre de si llega o no una financiación determinada. Necesitamos estabilidad en los fondos y necesitamos que aumente el porcentaje dedicado a la ayuda.
Pero esto forma parte también de nuestra labor como ONG: estar permanentemente pidiendo apoyo. Es necesario porque, además, como dice vuestro propio nombre, esto no es una cuestión de caridad, sino de corresponsabilidad. Lo que pasa en cualquier parte del mundo es también un problema nuestro. Sanitariamente, por supuesto, pero también en cualquier ámbito del desarrollo. Lo que ocurre en cualquier parte del mundo es un problema de todos y, desde esa corresponsabilidad, necesitamos la ayuda de todos.
¿Cómo se han adaptado las estrategias de Farmamundi a las nuevas necesidades derivadas de la crisis sanitaria global y el impacto de la pandemia?
Creo que hay un antes y un después de la pandemia, evidentemente. Nosotros fuimos capaces de dar respuesta a muchas de las necesidades que surgieron en aquel momento. Estuvimos trabajando con Cruz Roja para proporcionar mascarillas y equipos de protección individual cuando no había suficientes, especialmente para quienes estaban atendiendo directamente a los pacientes. Hicimos un esfuerzo muy grande.
Pero creo que también hubo un cambio importante en la percepción de la población. La sociedad se dio cuenta de que la salud es global y de que lo que ocurre en cualquier parte del mundo nos puede afectar. Eso es algo que nosotros veíamos constantemente en nuestros trabajos de cooperación, pero la población de nuestro entorno, la población europea, tomó conciencia de esa realidad de una manera mucho más clara.
Ya habían ocurrido cosas antes. Había ocurrido el ébola y muchas otras pequeñas epidemias o crisis sanitarias que parecían lejanas porque no nos llegaban directamente. Pero lo que ocurre en cualquier parte del mundo puede terminar afectándonos. Y no se trata de trabajar en ello por egoísmo, para evitar que nos afecte, sino de ayudar a esas personas para que no se produzcan pandemias mundiales ni un número indiscriminado de muertes.
Con la DANA, por ejemplo, también hubo una ruptura importante: nos dimos cuenta de que nuestro país no está fuera de peligro ante las crisis climáticas que ya se viven en otras partes del mundo. Nosotros hemos trabajado en emergencias muy importantes, desde el tsunami hasta muchas emergencias mediáticas y no mediáticas, tanto en España como a nivel internacional. Pero en este caso la emergencia estaba en la puerta de casa.
Nos planteamos que España es un país perfectamente capaz de atender una emergencia, pero también dijimos: tenemos que dar un paso adelante y hacer lo que sabemos hacer. Y así lo hicimos. Trabajamos en coordinación con la Conselleria de Sanidad, porque la coordinación es una parte fundamental de cualquier emergencia. Hay que coordinarse con todas las instituciones sanitarias que van a actuar para que realmente la respuesta funcione. Si cada uno actúa por su cuenta, se generan situaciones que no son deseables.
Las organizaciones no gubernamentales que trabajamos en emergencias tenemos clarísimo que la coordinación debe ser una pata fundamental. En España, ante una emergencia climática de este tipo, no todo el mundo lo tenía tan interiorizado. Había una voluntad enorme de ayudar, pero era necesario coordinarse para que el trabajo saliera adelante.
Dimos ese paso y hemos aprendido mucho. Además, hemos hecho un trabajo posterior a la emergencia muy interesante. Hemos contribuido a un manual elaborado por la Conselleria de Sanidad junto con el Colegio de Farmacéuticos de Valencia para que, cuando vuelva a producirse una emergencia de este tipo, los servicios sanitarios y farmacéuticos tengan toda la ayuda posible para seguir funcionando.
Es un manual ya editado, al que puede acceder cualquier colegio de farmacéuticos o cualquier persona vinculada al mundo farmacéutico. Contiene información muy interesante sobre lo que se hizo y sobre lo que hay que hacer cuando vuelva a presentarse una emergencia. Porque las emergencias van a volver a producirse, no solo en otras partes del mundo, sino también en nuestro país.
Recientemente estuviste presente en un acto de Nueva Economía Fórum. ¿Qué importancia tiene este tipo de foros para Farmamundi y cómo pueden contribuir a mejorar la sostenibilidad social y la cooperación internacional?
Para mí fue algo muy importante. La verdad es que estaba muy nerviosa porque era un foro muy relevante y se salía un poco de lo que las organizaciones no gubernamentales hacemos habitualmente. Todos tenemos nuestra zona de confort, y salir de ahí para hablar en un espacio de este tipo fue muy interesante.
Creo que poner el foco en que la cooperación no es una cuestión de caridad, que no es caridad en absoluto, sino un tema político, económico y social, ayuda a darle la dimensión que realmente tiene. Abrirse a foros de este tipo permite explicar la cooperación desde una mirada mucho más amplia.
Que hubiera personas no solo del mundo farmacéutico, sino también de empresas y de otros ámbitos, fue muy interesante para poder explicar el trabajo que hace Farmamundi y para situar la cooperación en el lugar que le corresponde.
Precisamente en este evento, mencionaste que además de ser la presidenta de Farmamundi, eres farmacéutica. ¿Cómo logras mantener la conexión con tus raíces en la farmacia, a pesar de la responsabilidad que conlleva tu puesto actual, y de qué manera esa mentalidad te ayuda en tu labor al frente de la organización?
Creo que eso es algo que la gente tiene muy claro: la labor del farmacéutico es siempre social. Para mí es muy natural.
Yo estoy en mi farmacia, voy todos los días y tengo la suerte de que me encanta mi trabajo y disfruto muchísimo ayudando a los pacientes. Por eso, para mí es muy natural decir que soy farmacéutica, que estoy en mi farmacia, pero que además soy Presidenta de una organización que vela por el derecho a la salud de aquellas personas que no tienen la suerte de vivir en un entorno como el nuestro.
Desde la farmacia hay muchísimas cosas que hacer. No se trata solamente de contar lo que ocurre en otras partes del mundo, sino también de hacer seguimiento farmacoterapéutico, ver la adherencia a los tratamientos, ayudar a las personas mayores a acercarse al sistema sanitario y acompañarlas en un momento en el que, especialmente después de la pandemia, muchas se han ido alejando cada vez más del sistema sanitario.
Hay muchísima soledad y muchísimos temas que tratamos desde la farmacia, y eso nos convierte realmente en una farmacia social. Para mí, ayudar a la gente es algo absolutamente natural. Es lo que hago todos los días desde mi farmacia y es lo que hago todos los días desde Farmamundi.
La Sostenibilidad no solo se refiere al medio ambiente, sino también a la equidad social. ¿Qué acciones lleva a cabo Farmamundi para asegurar que sus proyectos sean sostenibles a nivel social y económico?
Creo que lo más importante para que un proyecto sea sostenible es apoyarse realmente en la gente que está allí. Nosotros trabajamos con unas 40 organizaciones en los países donde desarrollamos nuestra actividad. Para nosotros son partners fundamentales.
No se trata de que nosotros vayamos a hacer algo desde fuera, sino de que esas organizaciones son las que conocen perfectamente lo que ocurre en su país, las que tienen que identificar cuáles son las necesidades y trasladarlas. Nosotros apoyamos esas necesidades, especialmente en el ámbito sanitario.
No podemos ir con nuestra mentalidad europea a decir: “vosotros necesitáis esto y tenéis que hacerlo así”. Eso no funciona. Y, además, no es sostenible. Nosotros nos apoyamos totalmente en esas organizaciones, que son como nosotros: entidades nacidas de la sociedad civil y preocupadas por la situación de su país. Son ellas quienes trasladan cuáles son las necesidades, y nosotros apoyamos las necesidades sanitarias que identifican.
Esa es la manera de ser sostenibles. La Sostenibilidad consiste en que nosotros nos vayamos y ellas sigan funcionando. Eso lo tenemos claro. No es fácil, porque la teoría es sencilla de explicar, pero en la práctica todavía se necesita mucho apoyo. Aun así, el objetivo final debe ser ese.
Además, Farmamundi también trabaja su propia Sostenibilidad como organización. Nos hemos inscrito y nos han dado la denominación de empresa sostenible por parte de la Dirección General de Economía de la Comunidad Valenciana, porque cumplimos una serie de requisitos que nos exigen trabajar todos los días en gobernanza, Sostenibilidad ambiental y otros ámbitos.
Creo que esas dos patas —la Sostenibilidad de los proyectos en terreno y la Sostenibilidad de la propia organización— son las que hacen que Farmamundi esté a la cabeza de este trabajo de cooperación tan importante.
¿Cuáles son las prioridades de Farmamundi en términos de innovación en salud y desarrollo social para los próximos años?
Creo que la innovación viene, en gran parte, del lado del envío de medicamentos. Y antes no lo he explicado, pero me parece muy interesante hacerlo: los medicamentos solo se envían en caso de necesidad. Es decir, cuando realmente se necesitan porque ha habido una emergencia o porque esos medicamentos no están disponibles en el país de manera accesible.
Cuando hay una emergencia, los sistemas sanitarios se rompen y entonces el envío de medicamentos se vuelve fundamental, pero sobre todo en los primeros momentos. En los programas de cooperación también se envían medicamentos cuando se necesitan, pero lo normal es que los medicamentos deban conseguirse en el propio país. Por eso también hay que trabajar para que existan sistemas fiables que garanticen medicamentos de calidad en el propio país y no tener que estar enviándolos constantemente.
Es decir, solo se envían medicamentos en momentos puntuales: cuando hay una emergencia o cuando realmente no se puede acceder a ellos en el propio territorio. Ahí la innovación es muy importante, porque necesitamos que esos envíos lleguen bien, y logísticamente es muy complicado.
Estamos innovando permanentemente, sobre todo en el control de las temperaturas. Hay medicamentos que necesitan refrigeración o que deben enviarse por debajo de 25 grados. Y no estamos hablando del tiempo que tarda un medicamento desde un almacén distribuidor hasta una farmacia en Madrid, donde puede haber cuatro envíos al día. Hablamos de una logística mucho más compleja, con inventarios de medicamentos que quizá llegan cada tres o seis meses y que tienen que hacerlo en las condiciones adecuadas.
¿Cómo enviamos esos medicamentos? ¿Cómo los mantenemos a la temperatura adecuada? ¿Cómo sabemos dónde están las cajas en cada momento? Hemos creado sistemas de localización que se introducen en cada caja y que nos permiten saber desde el ordenador dónde están en todo momento y a qué temperatura. Estamos permanentemente innovando para hacer nuestro trabajo cada vez mejor y para que los medicamentos lleguen en las mejores condiciones posibles.
Además, contamos con un almacén que no solo trabaja con medicamentos de calidad europea registrados en Europa. Hay patologías para las que, en ocasiones, no existe medicación disponible en Europa, y entonces tenemos que traer medicamentos de fuera, siempre con los controles necesarios. Ahí también hay una innovación permanente para que ese almacén funcione adecuadamente, porque la logística es muy compleja.
Pero la innovación también está entrando en nuestros proyectos de cooperación y ayuda humanitaria. Desde hace unos años, especialmente a partir de la COVID-19 y de la DANA, nos dimos cuenta de que había un problema de salud mental que debíamos incluir en nuestras líneas de trabajo. No es suficiente con que la población tenga acceso a atención primaria, medicamentos, alimentación o vivienda digna. La salud mental es fundamental.
Trabajamos con poblaciones muy vulnerables, como en República Democrática del Congo o en Ucrania. Personas que llevan años viviendo una guerra. ¿Cómo no vas a ayudarles también en salud mental? Es fundamental si quieres que la salud de la población mejore. Por eso, este es un punto muy importante que estamos incorporando últimamente en nuestros proyectos.
¿Cómo ves la evolución de la colaboración público-privada en los proyectos de cooperación internacional y en qué áreas crees que aún se puede mejorar?
Creo que siempre se puede mejorar. Para nosotros, las relaciones público-privadas y la colaboración con empresas son una prioridad. Actualmente tenemos aproximadamente un 80% de financiación pública y un 20% de financiación privada, por lo que existe un margen de mejora muy grande.
Y no solo existe ese margen, sino que queremos que lo haya. Las empresas, además de los beneficios que legítimamente buscan, porque para eso se crean, también necesitan crear valor social. Y creo que, en ese valor social, Farmamundi tiene un papel que jugar.
Pero para eso tenemos que demostrar que somos transparentes, éticos y que realmente respondemos a las necesidades de las empresas. No se trata solamente de llamar a la puerta y decir que necesitamos dinero para un proyecto. Tenemos que demostrar claramente que estamos alineados con las empresas y que trabajamos de una manera ética y transparente.
Creo que esa colaboración puede funcionar. Nosotros necesitamos a las empresas, y las empresas también necesitan nuestro trabajo para canalizar su compromiso social de una manera rigurosa y con impacto real.
En tu opinión, y para terminar, ¿cómo puede la Responsabilidad Social Empresarial contribuir a mejorar la salud global y garantizar el acceso a medicamentos esenciales en países en desarrollo?
En el caso de las empresas del ámbito farmacéutico, la conexión es evidente. Pero creo que no debemos centrarnos solamente en las empresas que, de entrada, parecen más alineadas con nuestro trabajo, por ejemplo, porque puedan apoyar el envío de medicamentos o colaborar en cuestiones más sanitarias.
Yo me abro a cualquier tipo de empresa, porque creo realmente que la salud y el derecho de las personas son una cuestión de corresponsabilidad. Todas las empresas deberían incorporar en su ética la ayuda a otras personas, y apoyarse en organizaciones como la nuestra puede ser muy interesante.
Tenemos una herramienta que ayuda a visualizar muy bien esta colaboración: el Fondo de Ayuda Humanitaria y Emergencias de Farmamundi. Es un fondo en el que colaboran muchas empresas, aportando la cantidad que consideran conveniente, sin un mínimo ni un máximo. ¿Qué ocurre con ese dinero? Que nos permite estar preparados.
Cuando se produce una emergencia, no tenemos que empezar a pedir fondos desde cero, sino que ya estamos preparados para enviar medicamentos y para empezar a trabajar en el terreno, desde el primer momento, con organizaciones locales. Evitamos así un retraso en la ayuda, que no es nada bueno cuando se produce una emergencia. Cuanto antes se empieza a trabajar, mejor.
Este fondo funciona como una bolsa que nos permite actuar cuando surge una emergencia. Pero, además, nos permite algo muy importante: trabajar en emergencias que no son mediáticas, donde es muy difícil conseguir financiación. Emergencias crónicas, que llevan muchísimo tiempo y que, aunque no aparezcan en los medios, siguen siendo emergencias.
Gracias al apoyo de las empresas podemos intervenir también en contextos que no son tan visibles, pero que son fundamentales, como República Democrática del Congo, Mali, Etiopía, Uganda o aquellos lugares donde sea necesario. Estamos preparados precisamente por ese fondo en el que muchas empresas nos están apoyando.
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