Desde tu experiencia en auditoría y Sostenibilidad, ¿cómo valoras la evolución del reporting de Sostenibilidad en los últimos años y qué retos siguen teniendo las empresas para equiparar esta información a la financiera?
En los últimos años ha habido grandes expectativas ante los cambios normativos europeos con la CSRD (la Directiva sobre información corporativa en materia de sostenibilidad), que eran ambiciosos. Hace un año vimos, con cierta sorpresa, que se modificaban a la baja con la intención de reducir cargas administrativas, aunque conviene matizar que esa percepción de «carga» no es igual en todos los países.
- Desde tu experiencia en auditoría y Sostenibilidad, ¿cómo valoras la evolución del reporting de Sostenibilidad en los últimos años y qué retos siguen teniendo las empresas para equiparar esta información a la financiera?
- El IV Congrés Català de Sostenibilitat ha abordado cuestiones clave como la actualización normativa, los datos, la tecnología y las finanzas sostenibles. ¿Qué papel deben jugar los auditores en este nuevo escenario?
- En un contexto en el que las empresas deben gestionar cada vez más indicadores ambientales, sociales y de gobernanza, ¿cómo pueden evitar que el reporting se convierta en un mero ejercicio de cumplimiento?
- La verificación de la información de Sostenibilidad gana cada vez más relevancia. ¿Por qué resulta clave para reforzar la confianza de inversores, administraciones, clientes y otros grupos de interés?
- Durante los últimos años se ha hablado mucho del riesgo de greenwashing. Desde la perspectiva de la auditoría, ¿qué elementos ayudan a diferenciar una estrategia de Sostenibilidad sólida de una comunicación superficial?
- En el IV Congrés Català de Sostenibilitat coordinas la sesión sobre finanzas y seguros sostenibles. ¿Cómo pueden el sector financiero y asegurador acelerar la transición hacia modelos empresariales más sostenibles?
- La falta de profesionales especializados en Sostenibilidad y verificación se ha señalado como uno de los grandes retos del sector, especialmente ante la presión regulatoria europea. ¿Qué competencias deberían desarrollar los nuevos perfiles profesionales?
- Muchas empresas, especialmente pymes, pueden ver la normativa de Sostenibilidad como una carga compleja. ¿Cómo pueden los colegios profesionales acompañarlas para que conviertan esta exigencia en una oportunidad de mejora, competitividad y resiliencia?
España venía de un nivel de exigencia muy elevado: las empresas obligadas ya reportaban información no financiera con verificación externa. En otros países europeos, sin embargo, se reportaba sin auditoría o con estándares mucho menos rigurosos. En ese sentido, la CSRD supone para muchos de esos países un salto hacia arriba en exigencia, no una carga nueva.
El retraso en la transposición al marco normativo español ha generado incertidumbre, pero podemos hacer una lectura optimista: muchas empresas que ya reportaban han decidido seguir haciéndolo, aunque a corto plazo no tengan una obligación legal tan clara. La sostenibilidad ya es vista como algo transversal al negocio, no solo como una cuestión reputacional. Quizá ese cambio de concepción sea el mayor logro de estos años.
El reto ahora es que los indicadores ESG sean realmente útiles — para las empresas y para la sociedad — y no se reduzcan a un ejercicio de cumplimiento formal.
El IV Congrés Català de Sostenibilitat ha abordado cuestiones clave como la actualización normativa, los datos, la tecnología y las finanzas sostenibles. ¿Qué papel deben jugar los auditores en este nuevo escenario?
Las empresas necesitan datos sólidos y contrastados, y en ese contexto el papel de los auditores y expertas en reporting de sostenibilidad se vuelve esencial. En un momento de incertidumbre normativa y de desconocimiento sobre cómo abordar el reporting ESG, la auditoría aporta algo que no puede sustituirse: credibilidad.
Uno de los retos centrales sigue siendo la robustez del dato y su trazabilidad. Ahí es donde el auditor añade valor real, no solo verificando que los números cuadran, sino garantizando que el proceso detrás de esos datos es fiable y comparable. La tecnología es una aliada en ese camino, pero el criterio y el juicio profesional del auditor son los que convierten el dato en información en la que se puede confiar.
En un entorno donde las empresas aún están construyendo sus sistemas de reporting, contar con verificación externa no es una exigencia burocrática, es una garantía para el mercado, para los inversores y para la propia empresa.
En un contexto en el que las empresas deben gestionar cada vez más indicadores ambientales, sociales y de gobernanza, ¿cómo pueden evitar que el reporting se convierta en un mero ejercicio de cumplimiento?
Ya estamos viendo que muchas empresas creen de verdad en la sostenibilidad y no la entienden como un mero ejercicio de cumplimiento. Lo constatamos porque, aunque el paquete Ómnibus ha rebajado la obligación para muchas empresas, aquellas que venían reportando ESG lo seguirán haciendo porque ven en ello un valor real: mayor eficiencia, decisiones de negocio más fundamentadas y, en definitiva, más competitividad.
Pero el gran reto de la CSRD ha sido precisamente ese: pasar del report al modelo. Que la sostenibilidad no sea un ejercicio de elaboración de informes, sino una herramienta de transformación de la gestión empresarial. Que sirva para identificar y trabajar riesgos, para preparar a la empresa ante escenarios futuros inciertos y para construir resiliencia.
En ese sentido, la simplificación que trae el Ómnibus puede ser una oportunidad: si reducimos la carga documental manteniendo el objetivo de fondo, quizá más empresas puedan centrarse en lo que realmente importa: gestionar, no solo reportar. Y ese trabajo no requiere estar dentro del marco obligatorio. Cada empresa puede y debe avanzar en su propio camino, con independencia de si la norma le aplica o no
La verificación de la información de Sostenibilidad gana cada vez más relevancia. ¿Por qué resulta clave para reforzar la confianza de inversores, administraciones, clientes y otros grupos de interés?
La sostenibilidad necesita transmitir confianza entre lo que se declara y lo que realmente se hace y, para ello, la verificación externa es un elemento clave.
Someter la información sobre sostenibilidad a una revisión independiente aporta credibilidad, refuerza la transparencia y ayuda a combatir el riesgo de declaraciones poco rigurosas o meramente cosméticas.
Durante los últimos años se ha hablado mucho del riesgo de greenwashing. Desde la perspectiva de la auditoría, ¿qué elementos ayudan a diferenciar una estrategia de Sostenibilidad sólida de una comunicación superficial?
Como decía antes, la verificación externa aporta lo que más escasea en este momento: confianza. Y esa confianza tiene destinatarios concretos: inversores que toman decisiones, administraciones que diseñan políticas, clientes que evalúan riesgos en la cadena de valor.
Pero más allá de los grupos de interés externos, la auditoría también beneficia a la propia empresa: obliga a ordenar procesos, reforzar la trazabilidad del dato y detectar inconsistencias. Y es la principal herramienta contra el greenwashing.
En el IV Congrés Català de Sostenibilitat coordinas la sesión sobre finanzas y seguros sostenibles. ¿Cómo pueden el sector financiero y asegurador acelerar la transición hacia modelos empresariales más sostenibles?
El sector financiero y asegurador tiene un papel esencial en la transición hacia modelos más sostenibles, y ahora más que nunca, con el cambio de umbrales que deja a muchas empresas fuera de la obligación normativa directa pero no fuera de la realidad del mercado.
La legislación ha actuado como gran palanca, pero es compleja y a veces ambigua en su aplicación al sector financiero. El verdadero reto no es el cumplimiento interno, es formar y acompañar a los clientes en ese entorno normativo incierto. La banca y las aseguradoras están en una posición privilegiada para hacerlo, especialmente en la cobertura de riesgos climáticos y de transición, que cada vez pesan más en las decisiones de inversión y en la valoración de activos
El diferencial no estará en quien mejor cumpla la norma, sino en quien mejor acompañe a sus clientes a entenderla y a gestionarla.
La falta de profesionales especializados en Sostenibilidad y verificación se ha señalado como uno de los grandes retos del sector, especialmente ante la presión regulatoria europea. ¿Qué competencias deberían desarrollar los nuevos perfiles profesionales?
La falta de especialistas en sostenibilidad y verificación no es un problema exclusivo de nuestro sector, es transversal a todos los sectores, y refleja que la demanda ha crecido más rápido que la formación disponible.
Las competencias clave son claras: dominio técnico de los indicadores ESG, conocimiento normativo actualizado y capacidad de verificación. Pero hay un elemento adicional que no debe subestimarse: la auditoría de sostenibilidad es una especialidad con un fuerte componente de impacto social, y eso conecta bien con el sentido profesional que buscan los jóvenes. Puede ser una vía de atracción de talento muy potente.
Desde el Col·legi de Censors Jurats de Comptes de Catalunya hemos apostado por la formación con el Máster de Auditoría en Sostenibilidad, precisamente para cubrir esa necesidad.
Muchas empresas, especialmente pymes, pueden ver la normativa de Sostenibilidad como una carga compleja. ¿Cómo pueden los colegios profesionales acompañarlas para que conviertan esta exigencia en una oportunidad de mejora, competitividad y resiliencia?
Acompañar a las pymes es uno de nuestros grandes retos como colegios profesionales. Y el momento es especialmente oportuno: la simplificación que trae el Ómnibus, con la reducción del umbral de obligados y la posibilidad de abordar el reporting desde marcos más próximos y accesibles, abre la puerta a la voluntariedad como camino real.
Que una pyme no esté obligada a hacer la doble materialidad no significa que no pueda trabajar su estrategia de sostenibilidad. Al contrario, es una oportunidad para hacerlo a su ritmo, con herramientas adaptadas, y descubrir que ser más sostenible no solo mejora su impacto: mejora su gestión, su competitividad y su resiliencia ante un entorno cada vez más incierto.
Ahí es donde los colegios profesionales tenemos un papel clave: acercar la sostenibilidad a las empresas que más lo necesitan, con un lenguaje útil y sin la complejidad que a veces aleja más que acerca.
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