El Observatorio refleja que el sector agroalimentario español goza de una gran fortaleza económica, pero también identifica importantes retos estructurales. ¿Cuál considera que debería ser la principal prioridad para garantizar su competitividad y sostenibilidad durante la próxima década?
La productividad es la gran palanca de crecimiento sostenido, y por ello ocupa un puesto relevante en el Informe. El Observatorio refleja una información agregada de un sector que, efectivamente, avanza de manera sólida. Pero en muchos estudios venimos advirtiendo una dualidad creciente en el sector: mientras un grupo reducido de empresas gana dimensión y competitividad de forma sostenida, la mayoría, de menor tamaño, encuentra en ello su principal freno. Por eso la integración y las estrategias de colaboración entre empresas son una condición necesaria, no solo una opción estratégica. Junto a ello, también lo es la sostenibilidad asociada a eficiencia, optimización de costes y procesos y diferenciación del producto.
- El Observatorio refleja que el sector agroalimentario español goza de una gran fortaleza económica, pero también identifica importantes retos estructurales. ¿Cuál considera que debería ser la principal prioridad para garantizar su competitividad y sostenibilidad durante la próxima década?
- Uno de los datos más llamativos del informe es que la competitividad del sector español sigue apoyándose más en unos menores costes laborales que en una mayor productividad. ¿Qué cambios deberían impulsar tanto las empresas como las administraciones para revertir esta situación?
- El estudio señala que la inversión en I+D continúa siendo inferior a la media europea. ¿Qué papel cree que desempeñarán la inteligencia artificial, la digitalización y las nuevas tecnologías en la transformación del sector agroalimentario, y qué barreras existen todavía para su adopción generalizada?
- Además de los retos económicos, el Observatorio pone el foco en cuestiones como el relevo generacional, la atracción de talento y una mayor inclusión. ¿Cómo pueden las organizaciones convertir estos desafíos sociales en una oportunidad para construir un sector más resiliente y sostenible?
- ¿Cree que, en los próximos años, los mercados financieros, los inversores y la regulación exigirán a las empresas agroalimentarias medir y comunicar con el mismo rigor su impacto ambiental y social que hoy se exige a sus resultados económicos? ¿Está preparado el sector para ese escenario?
Uno de los datos más llamativos del informe es que la competitividad del sector español sigue apoyándose más en unos menores costes laborales que en una mayor productividad. ¿Qué cambios deberían impulsar tanto las empresas como las administraciones para revertir esta situación?
El crecimiento de la productividad es el motor de largo plazo: permite mejorar salarios y hacer el sector atractivo sin que su competitividad dependa del coste laboral. Valor añadido, eficiencia, diferenciación, innovación y digitalización son las palancas concretas. A nivel de empresa, esto exige un diagnóstico honesto de las propias debilidades y buscar las estrategias y alianzas que permitan superarlas. A nivel de administración, un marco estable —fiscal, regulatorio y de infraestructuras— que reduzca la incertidumbre y favorezca la inversión productiva.
El estudio señala que la inversión en I+D continúa siendo inferior a la media europea. ¿Qué papel cree que desempeñarán la inteligencia artificial, la digitalización y las nuevas tecnologías en la transformación del sector agroalimentario, y qué barreras existen todavía para su adopción generalizada?
Un papel central, especialmente en un contexto de dificultades para cubrir necesidades laborales en el sector. Desde Cajamar lo monitorizamos junto al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en el Observatorio de la Digitalización, que constata avances rápidos y una concienciación creciente. Las principales barreras no son tanto de actitud como estructurales: el coste de implementación para explotaciones y empresas pequeñas, la brecha de competencias digitales, la conectividad en el medio rural y la falta de interoperabilidad entre las herramientas que se ponen a disposición de los productores. Superarlas exige tanto inversión pública en infraestructura como soluciones tecnológicas adaptadas a la escala real del sector. De nuevo la falta de dimensión puede ser un obstáculo para muchas empresas, y la integración la respuesta.
Además de los retos económicos, el Observatorio pone el foco en cuestiones como el relevo generacional, la atracción de talento y una mayor inclusión. ¿Cómo pueden las organizaciones convertir estos desafíos sociales en una oportunidad para construir un sector más resiliente y sostenible?
El carácter estratégico del sector y su trayectoria de más de dos décadas de crecimiento son, en sí mismos, argumentos de atracción de talento que el sector no siempre comunica bien, particularmente trasladando una imagen vulnerable de la actividad. La digitalización abre perfiles profesionales nuevos que pueden hacer el sector más atractivo para jóvenes y perfiles urbanos. La incorporación de la mujer y el relevo generacional en la titularidad de explotaciones y empresas siguen siendo asignaturas pendientes que requieren, además de comunicación, condiciones concretas: acceso a la tierra y al crédito, vivienda y servicios en el medio rural, y, por encima de todo ello, rentabilidad.
¿Cree que, en los próximos años, los mercados financieros, los inversores y la regulación exigirán a las empresas agroalimentarias medir y comunicar con el mismo rigor su impacto ambiental y social que hoy se exige a sus resultados económicos? ¿Está preparado el sector para ese escenario?
Ya está ocurriendo, y no solo en lo ambiental, también en lo social y de gobernanza. Existen exigencias regulatorias, aunque su ritmo se haya ralentizado, y exigencias de mercado cada vez más claras, en una cadena donde proveedor y cliente trabajan en contacto más estrecho. Las empresas identifican margen de mejora en procesos y en diferenciación de producciones, y ya han dado pasos relevantes, aunque en un sector mayoritariamente atomizado el reto es continuo. Desde Cajamar acompañamos ese proceso no solo financieramente, sino aportando conocimiento y soluciones aplicadas.¿Qué mensaje final le gustaría dejar a la audiencia de Corresponsables?
Sin duda la relevancia estratégica que este sector tiene para la economía española y como ha sido capaz no solo de mantener su competitividad internacional sino de incrementarla en un contexto extremadamente competitivo marcado por la volatilidad y la incertidumbre. Reconocerse en las cifras del Observatorio debe dar al sector la confianza necesaria para afrontar sus retos estructurales sin perder de vista lo ya conseguido.
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