Desde 2017, Demos se ha convertido en el gran punto de encuentro del sector fundacional en España. Organizado por la Asociación Española de Fundaciones y, en esta edición, junto a la Coordinadora Catalana de Fundacions, el foro llega a 2026 tras una década de crecimiento: más de 3.400 participantes, 240 actividades y más de 500 ponentes. Pero, más allá de las cifras, Demos es sobre todo un espacio para compartir experiencias, generar alianzas y poner en valor el papel que desempeñan las fundaciones ante los grandes retos sociales.
- Fundación AXA nació con la vocación de contribuir a construir una sociedad más fuerte y mejorar la calidad de vida de las personas. ¿Cómo ha evolucionado esa misión ante los nuevos riesgos sociales, ambientales y de salud que afrontamos hoy?
- Una de las señas de identidad de Fundación AXA es precisamente la prevención. ¿Por qué es importante actuar antes de que determinados riesgos sociales o de salud se conviertan en problemas más graves y qué papel puede jugar una fundación empresarial en esa anticipación?
- En DEMOS has participado en una mesa sobre la soledad como vulnerabilidad invisible y transversal. ¿Qué os ha llevado a implicaros especialmente en este ámbito y qué habéis aprendido del trabajo desarrollado junto a otras entidades para visibilizar y comprender mejor este fenómeno?
- La colaboración forma parte de muchos de los proyectos de Fundación AXA, desde la seguridad vial y la investigación en salud hasta la discapacidad o la soledad no deseada. ¿Qué buscáis en un socio y qué condiciones debe tener una alianza para generar un impacto social que vaya más allá de una acción puntual?
- Fundación AXA combina iniciativas de sensibilización, generación de conocimiento y proyectos muy vinculados a la acción. ¿Cómo evaluáis el impacto de vuestro trabajo y qué importancia tiene para vosotros que los estudios y datos se traduzcan en cambios concretos en la sociedad?
- El sector fundacional se enfrenta también al reto de responder a problemas cada vez más interconectados: salud mental, soledad, cambio climático, desigualdad o nuevas vulnerabilidades. Desde la experiencia de Fundación AXA, ¿hacia dónde debería evolucionar el papel de las fundaciones y qué aportación diferencial queréis realizar en los próximos años?
En el marco de la celebración de Demos 2026, conversamos con María José Ballestero, gerente de Fundación AXA, para conocer cómo entiende hoy el papel de las fundaciones ante unos riesgos sociales cada vez más interconectados y profundizar en cuestiones como la prevención, la soledad no deseada, la generación de conocimiento y el valor de las alianzas. Una conversación que también aborda la importancia de anticiparse a las nuevas vulnerabilidades y de transformar los datos y el diagnóstico en respuestas capaces de generar un impacto real y duradero en la vida de las personas.
Fundación AXA nació con la vocación de contribuir a construir una sociedad más fuerte y mejorar la calidad de vida de las personas. ¿Cómo ha evolucionado esa misión ante los nuevos riesgos sociales, ambientales y de salud que afrontamos hoy?
Nuestra misión sigue siendo la misma, pero la realidad nos exige escuchar y actuar de otra manera. Hoy los riesgos están cada vez más conectados: el cambio climático tiene consecuencias sobre la salud y la vida de las personas; la soledad puede agravar situaciones de vulnerabilidad; y la incertidumbre y los cambios sociales influyen directamente en nuestro bienestar emocional.
Eso nos obliga a tener una mirada más transversal y, sobre todo, más preventiva. En Fundación AXA intentamos comprender los problemas antes de actuar, generar conocimiento que nos ayude a anticiparnos y apoyar respuestas que tengan continuidad en el tiempo. Porque cuanto mejor comprendamos los riesgos, más capacidad tendremos para prevenirlos y proteger a las personas.
Una de las señas de identidad de Fundación AXA es precisamente la prevención. ¿Por qué es importante actuar antes de que determinados riesgos sociales o de salud se conviertan en problemas más graves y qué papel puede jugar una fundación empresarial en esa anticipación?
Para nosotros prevenir es, fundamentalmente, dar herramientas a las personas antes de que una dificultad termine limitando sus oportunidades o su calidad de vida. Y muchas veces la prevención empieza por algo aparentemente sencillo: disponer de información, reconocer una señal de alerta, hablar abiertamente de un problema o saber dónde pedir ayuda.
Una fundación empresarial puede desempeñar un papel muy útil porque tiene capacidad para generar conocimiento, sensibilizar y poner en contacto a quienes conocen el problema desde perspectivas diferentes: expertos, entidades sociales, empresas y administraciones públicas. No se trata de sustituir la responsabilidad de las instituciones, sino de sumar capacidades, impulsar iniciativas y ayudar a que determinados problemas reciban la atención que necesitan.
Ahí creo que Fundación AXA tiene un valor diferencial muy claro: nuestra experiencia y nuestra cultura de prevención y gestión de riesgos. Queremos trasladar esa mirada al ámbito social para intentar actuar no solo cuando el problema ya existe, sino también antes de que aparezca o se agrave.
En DEMOS has participado en una mesa sobre la soledad como vulnerabilidad invisible y transversal. ¿Qué os ha llevado a implicaros especialmente en este ámbito y qué habéis aprendido del trabajo desarrollado junto a otras entidades para visibilizar y comprender mejor este fenómeno?
En Fundación AXA creemos que una de nuestras primeras aportaciones debe ser el conocimiento. Si un problema no se conoce y no se mide, corre el riesgo de permanecer invisible. Por eso empezamos a estudiar la soledad junto a Fundación ONCE ya en 2015. Posteriormente actualizamos ese diagnóstico con el Barómetro de la Soledad no Deseada de 2024 y en 2026 hemos profundizado específicamente en su relación con la salud mental.
Y todo ese recorrido nos ha enseñado algo fundamental: la soledad es profundamente transversal. No existe una única causa, no afecta solo a un determinado perfil y, por tanto, tampoco existe una única respuesta. Trabajar junto a Fundación ONCE y escuchar a distintas entidades y expertos nos ha permitido aproximarnos a esa complejidad con datos y evidencias, pero también desde realidades muy diferentes.
Creo que el gran reto ahora es convertir ese conocimiento en prevención y acción. Hay que seguir hablando de la soledad, romper estigmas y generar vínculos y espacios de pertenencia. En definitiva, construir una sociedad en la que las personas puedan sentirse acompañadas y escuchadas.
La colaboración forma parte de muchos de los proyectos de Fundación AXA, desde la seguridad vial y la investigación en salud hasta la discapacidad o la soledad no deseada. ¿Qué buscáis en un socio y qué condiciones debe tener una alianza para generar un impacto social que vaya más allá de una acción puntual?
Lo primero que buscamos es conocimiento de la realidad. Queremos trabajar con entidades que estén cerca del problema que queremos abordar, que compartan nuestro propósito y que aporten capacidades complementarias a las nuestras.
Para mí, una buena alianza necesita tres ingredientes: objetivos compartidos, confianza y vocación de continuidad. También hay que estar dispuesto a escuchar, aprender y corregir cuando sea necesario. Porque colaborar no significa simplemente sumar dos logotipos en un proyecto, sino aportar cada uno aquello que sabe hacer mejor.
Además, el tiempo es fundamental. Los grandes problemas sociales rara vez se resuelven con una acción aislada. Cuando una relación se mantiene, permite aprender, profundizar, generar conocimiento y evolucionar desde iniciativas concretas hacia cambios que realmente puedan perdurar en la vida de las personas.
Fundación AXA combina iniciativas de sensibilización, generación de conocimiento y proyectos muy vinculados a la acción. ¿Cómo evaluáis el impacto de vuestro trabajo y qué importancia tiene para vosotros que los estudios y datos se traduzcan en cambios concretos en la sociedad?
Medimos nuestras iniciativas con indicadores diferentes en función de cada proyecto, porque no podemos evaluar de la misma manera un estudio, una acción de sensibilización o un proyecto social. Pero, además del alcance, nos interesa especialmente saber qué sucede después y qué huella dejamos.
Para nosotros generar conocimiento nunca debería ser un fin en sí mismo. Un estudio tiene verdadero valor cuando ayuda a identificar una necesidad que antes no veíamos, a comprenderla mejor, a tomar decisiones o a impulsar una nueva colaboración o una actuación concreta.
Los datos son el punto de partida. Lo importante es lo que hacemos con ellos: si ayudan a poner un problema en la agenda, a orientar mejor los recursos, a mejorar la prevención o la atención que reciben las personas. Ese es, al final, el impacto que buscamos.
El sector fundacional se enfrenta también al reto de responder a problemas cada vez más interconectados: salud mental, soledad, cambio climático, desigualdad o nuevas vulnerabilidades. Desde la experiencia de Fundación AXA, ¿hacia dónde debería evolucionar el papel de las fundaciones y qué aportación diferencial queréis realizar en los próximos años?
Creo que las fundaciones tenemos capacidades muy valiosas: podemos detectar necesidades emergentes, impulsar conocimiento, ensayar nuevas respuestas, dar visibilidad a problemas que quizá todavía no ocupan el lugar que deberían y, sobre todo, conectar a administraciones, empresas, entidades sociales, expertos y ciudadanía.
Pero los retos que tenemos delante son cada vez más complejos y están más relacionados entre sí. Por eso creo que debemos evolucionar hacia una forma de trabajar todavía más colaborativa, escuchar más a quienes conocen los problemas de primera mano y mantener una mirada de largo plazo. Ninguna organización puede resolver por sí sola cuestiones como la salud mental, la soledad, el cambio climático o las nuevas vulnerabilidades sociales.
Desde Fundación AXA queremos seguir aportando aquello que forma parte de nuestra identidad: nuestra experiencia en prevención y gestión de riesgos, la generación de conocimiento útil y nuestra capacidad para sumar a distintos actores alrededor de una necesidad. Pero siempre con una idea muy sencilla: no hacer proyectos porque sí, sino contribuir allí donde realmente podamos ser útiles y ayudar a proteger y mejorar la vida de las personas.
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