Juan Manuel Cruz, director general de Dive, analiza en esta entrevista cómo la consultora nativa en inteligencia artificial integra la sostenibilidad como un compromiso estructural dentro de su estrategia empresarial. Dive trabaja para reducir su propio impacto ambiental y, al mismo tiempo, utiliza la IA como palanca para generar impacto positivo en sus clientes, con proyectos vinculados a la monitorización de biodiversidad marina, el control de emisiones industriales, la eficiencia de recursos y la detección temprana de incendios forestales.
- ¿Cómo entiende Dive la sostenibilidad y qué papel ocupa actualmente dentro de vuestra estrategia empresarial?
- En un contexto donde los criterios ESG tienen cada vez más peso, ¿cómo está evolucionando el compromiso de Dive con la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa?
- ¿Cuáles son hoy los principales objetivos de sostenibilidad de la compañía y qué áreas consideráis prioritarias?
- El compromiso ambiental es uno de los grandes retos empresariales actuales. ¿Qué acciones concretas está impulsando Dive para reducir su impacto ambiental?
- ¿Cómo integráis la sostenibilidad de forma transversal dentro de la organización y en la toma de decisiones estratégicas?
- Cada vez se exige más transparencia y coherencia a las empresas. ¿Cómo trabajáis la comunicación responsable de vuestros avances ESG evitando mensajes superficiales o greenwashing?
- ¿Qué importancia tienen las personas dentro de vuestra estrategia de sostenibilidad y cómo trabajáis aspectos como bienestar, talento o cultura corporativa?
- ¿Cómo se relaciona Dive con sus grupos de interés —clientes, proveedores, empleados o comunidad— para avanzar hacia modelos más responsables y sostenibles?
- La innovación suele ser clave en la transición sostenible. ¿Qué papel juega dentro de la evolución y crecimiento de Dive?
- ¿Cómo medís el impacto de vuestras iniciativas ESG y qué indicadores consideráis fundamentales para evaluar vuestro progreso?
- Desde vuestra experiencia, ¿cuáles son los principales retos que afrontan hoy las empresas para integrar la sostenibilidad de forma real y estructurada?
- Mirando al futuro, ¿qué papel quiere jugar Dive en la construcción de modelos empresariales más sostenibles y qué desafíos marcarán vuestra hoja de ruta en los próximos años?
¿Cómo entiende Dive la sostenibilidad y qué papel ocupa actualmente dentro de vuestra estrategia empresarial?
En Dive entendemos la sostenibilidad como un compromiso real y estructural, no como un complemento a nuestra actividad. Somos una consultora nativa en inteligencia artificial, y eso nos sitúa en una posición singular: la tecnología que desarrollamos tiene la capacidad de generar impacto medioambiental positivo a gran escala, tanto en nuestra operación interna como en la de nuestros clientes. Contamos con un Sistema de Gestión Medioambiental implantado que minimiza nuestros impactos ambientales y promueve prácticas responsables en todos nuestros procesos. Pero más allá de la gestión interna, la sostenibilidad impregna la dirección estratégica de la empresa: buscamos activamente proyectos donde nuestra IA pueda contribuir a la regeneración medioambiental, la eficiencia de recursos o la medición del impacto en ecosistemas. Proyectos como el que desarrollamos con Ocean Ecostructures —gemelos digitales 3D submarinos para monitorizar biodiversidad marina mediante IA— o nuestro trabajo con grandes fabricantes industriales para medir en tiempo real sus emisiones de compuestos orgánicos volátiles, residuos y consumo energético, son ejemplos del tipo de empresa que queremos ser.
En un contexto donde los criterios ESG tienen cada vez más peso, ¿cómo está evolucionando el compromiso de Dive con la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa?
Nuestro compromiso ESG ha evolucionado de la sensibilización a la medición y la acción concreta, tanto hacia dentro como hacia fuera. Internamente, hemos pasado de tener buenas intenciones a disponer de sistemas de monitorización reales: medimos nuestro consumo total de energía (MWh), agua (m³), papel (Kg) y generación de residuos. Externamente, hemos comenzado a canalizar nuestra capacidad tecnológica hacia proyectos con impacto medioambiental directo y cuantificable. Compartimos con el equipo las credenciales ESG de la empresa y los proyectos en los que participamos, e impulsamos que nuestros profesionales investiguen en sus áreas de conocimiento para detectar nuevas oportunidades donde la IA pueda generar mejoras medioambientales trasladables a clientes. El marco ESG no es para nosotros una exigencia externa, sino una guía de evolución continua.
¿Cuáles son hoy los principales objetivos de sostenibilidad de la compañía y qué áreas consideráis prioritarias?
Nuestras prioridades se articulan en dos planos complementarios. En el plano operativo interno, trabajamos en seis áreas: medición de consumos, reducción del impacto de nuestra actividad, eficiencia energética en oficinas, gestión del agua, gestión de residuos y comunicación de mejores prácticas a los empleados. En el plano externo, aspiramos a que un número creciente de los proyectos que desarrollamos tenga una dimensión explícitamente sostenible. Proyectos como el desarrollado con Ocean Ecostructures para monitorizar ecosistemas marinos, los que realizamos para ayudar a grandes organizaciones industriales a cumplir sus objetivos ambientales de reducción de COV, residuos y consumo energético, o los de detección temprana de incendios forestales mediante visión artificial, son el tipo de referente que queremos multiplicar.
El compromiso ambiental es uno de los grandes retos empresariales actuales. ¿Qué acciones concretas está impulsando Dive para reducir su impacto ambiental?
Actuamos en dos frentes. En nuestra operación interna, hemos puesto en marcha cuatro iniciativas clave: migración hacia proveedores de energía 100% verde, política de viajes que prioriza el tren en trayectos de menos de tres horas, parking de bicicletas para empleados y teletrabajo al 50% de la jornada. En las oficinas, aplicamos protocolos de uso sostenible en equipos informáticos, climatización, iluminación con sensores de presencia, papel reciclado y reutilización de material. En el frente externo, como empresa nativa en IA, desarrollamos tecnología con impacto ambiental positivo directo. Entre nuestros proyectos recientes: hemos construido gemelos digitales 3D de estructuras de regeneración marina que permiten cuantificar biodiversidad y fijación de CO₂ de forma automática; hemos implementado sistemas de visión artificial que monitorizan en tiempo real las emisiones de compuestos orgánicos volátiles y los residuos en líneas de producción industrial, contribuyendo a que grandes fabricantes cumplan sus objetivos ambientales; y hemos planteado soluciones de detección temprana de incendios forestales que analizan imágenes 24/7 desde torres y globos aerostáticos, minimizando el daño ambiental mediante una respuesta más rápida. Reducir lo que hacemos dentro y potenciar lo que habilitamos fuera son las dos caras de nuestro compromiso.
¿Cómo integráis la sostenibilidad de forma transversal dentro de la organización y en la toma de decisiones estratégicas?
La integración transversal parte de dos palancas: procesos y personas. A nivel de procesos, disponemos de protocolos operativos medioambientales que aplican a todas las áreas, desde la contratación de proveedores hasta la gestión de residuos o la política de viajes. A nivel de personas, contamos con el Green Team, un equipo de empleados voluntarios que actúa como motor interno del cambio: generan ideas, diseñan comunicaciones como el Decálogo Verde y promueven iniciativas sostenibles desde dentro. Adicionalmente, fomentamos que el equipo técnico investigue activamente para detectar aplicaciones de IA con potencial impacto medioambiental. Esas ideas pueden convertirse en propuestas a clientes, cerrando el círculo entre cultura interna y estrategia de negocio. Esta doble vía —estructura y cultura— garantiza que la sostenibilidad no dependa de una sola figura o departamento, sino que se distribuya por toda la organización.
Cada vez se exige más transparencia y coherencia a las empresas. ¿Cómo trabajáis la comunicación responsable de vuestros avances ESG evitando mensajes superficiales o greenwashing?
Nuestra posición frente al greenwashing es simple: solo comunicamos lo que podemos demostrar. El punto de partida es la medición: nuestros registros de consumos —energía, agua, papel, residuos— son la base de cualquier comunicación sobre avances ambientales. No hablamos de sostenibilidad en abstracto; hablamos de toneladas de residuos clasificadas, de certificados de retirada de equipos electrónicos, de registros diarios llevados en papel y en Excel, de contratos con proveedores como Ecologic para la destrucción de papel confidencial. Internamente, comunicamos al equipo tanto las iniciativas de gestión como los proyectos con impacto ambiental real que llevamos a cabo. Cuando ayudamos a un fabricante industrial a reducir sus emisiones de COV o cuando demostramos en un reto de IA que somos capaces de detectar un incendio forestal antes de que se extienda, lo contamos, porque esas son las credenciales que nos definen. Esa conexión entre lo que hacemos dentro y lo que habilitamos fuera es lo que da consistencia y credibilidad a nuestro relato ESG.
¿Qué importancia tienen las personas dentro de vuestra estrategia de sostenibilidad y cómo trabajáis aspectos como bienestar, talento o cultura corporativa?
Las personas son el corazón de nuestra estrategia de sostenibilidad. El Green Team es un buen ejemplo: un equipo voluntario que lidera iniciativas sostenibles desde la convicción. Pero vamos más allá del compromiso ambiental doméstico. Creemos que uno de los mayores activos de un profesional técnico en una empresa de IA es su capacidad para imaginar aplicaciones que todavía no existen. Por eso estimulamos que el equipo investigue en tendencias, regulación medioambiental y proyectos de impacto, y comparta lo que descubre. Enviamos comunicaciones internas con las credenciales ESG de la empresa y con el impacto de proyectos como la monitorización de biodiversidad marina o los sistemas de detección de incendios, porque las personas trabajan mejor cuando entienden que su trabajo contribuye a algo más amplio. La política de teletrabajo al 80% responde también a esa visión de bienestar: permite conciliación y reduce el estrés y las emisiones por desplazamiento.
¿Cómo se relaciona Dive con sus grupos de interés —clientes, proveedores, empleados o comunidad— para avanzar hacia modelos más responsables y sostenibles?
Con los empleados, la vía principal es la comunicación activa: compartimos el Decálogo Verde, los protocolos de uso sostenible y también los proyectos con impacto real que desarrollamos, para que el equipo entienda el alcance de su trabajo. Estimulamos la investigación interna para que afloren ideas aplicables a clientes. Con los proveedores, trasladamos nuestra exigencia de sostenibilidad a la cadena de valor: energía verde certificada y gestores de residuos acreditados. Con los clientes, somos un socio tecnológico que puede ayudarles a mejorar sus propios indicadores ESG mediante IA. El trabajo con Ocean Ecostructures permite cuantificar biodiversidad marina y fijación de CO₂. Los sistemas que hemos implantado en plantas industriales monitorizan en tiempo real emisiones de COV, residuos y consumo de energía, contribuyendo directamente al cumplimiento de objetivos ambientales corporativos. Nuestro mayor impacto no es solo lo que hacemos internamente, sino lo que habilitamos en otros.
La innovación suele ser clave en la transición sostenible. ¿Qué papel juega dentro de la evolución y crecimiento de Dive?
La innovación es uno de nuestros rasgos identitarios y, cada vez más, la orientamos de forma deliberada hacia el impacto medioambiental. Somos una empresa nativa en IA, lo que significa que nuestra materia prima es la capacidad de extraer conocimiento de datos y automatizar procesos complejos. Eso tiene aplicaciones extraordinarias en el ámbito de la sostenibilidad. Tres ejemplos recientes ilustran esta dirección: primero, con Ocean Ecostructures hemos aplicado Computer Vision y reconstrucción 3D para monitorizar ecosistemas marinos, convirtiendo vídeo submarino en un gemelo digital desde el que la IA identifica especies y cuantifica biomasa automáticamente. Segundo, hemos implantado sistemas de visión artificial en líneas de producción industrial que monitorizan en tiempo real el uso de productos químicos, la gestión de residuos y el consumo energético, ayudando a grandes fabricantes a cumplir sus objetivos ambientales. Tercero, hemos planteando soluciones de detección temprana de incendios forestales que operan 24/7 desde torres y globos aerostáticos, generando datos sintéticos con IA Generativa para entrenar los modelos en condiciones meteorológicas adversas. En los tres casos la IA resuelve un problema real de impacto ambiental a una escala que no era posible antes. Estimulamos internamente que el equipo explore estas intersecciones, porque ahí es donde creemos que está la innovación más relevante de los próximos años.
¿Cómo medís el impacto de vuestras iniciativas ESG y qué indicadores consideráis fundamentales para evaluar vuestro progreso?
Monitorizamos de forma sistemática los indicadores operativos internos: consumo total de energía en MWh, agua en m³, papel en Kg, generación total de residuos y plásticos. Los residuos se pesan individualmente y a diario, con registro en papel y en Excel, lo que nos da trazabilidad precisa. A esto añadimos métricas de gestión: certificados de gestores externos de residuos electrónicos y registros de retirada de papel confidencial a través de Ecologic. En el plano externo, estamos desarrollando la capacidad de medir también el impacto de los proyectos que habilitamos. El trabajo con Ocean Ecostructures apunta en esa dirección: nuestra IA cuantifica biodiversidad colonizada, generación de biomasa y fijación de CO₂ en estructuras de regeneración marina. Los sistemas que operamos en plantas industriales ofrecen datos en tiempo real sobre emisiones de COV, residuos y consumo energético que alimentan directamente los cuadros de mando de sostenibilidad corporativa de nuestros clientes. Aprender a medir ese impacto externo con el mismo rigor con el que medimos el interno es uno de los retos que tenemos por delante.
Desde vuestra experiencia, ¿cuáles son los principales retos que afrontan hoy las empresas para integrar la sostenibilidad de forma real y estructurada?
En nuestra experiencia, el primer reto es pasar de la declaración a la medición. Muchas empresas comunican compromisos sin haber implantado primero los sistemas que permitan medir si los están cumpliendo. Sin datos, no hay gestión real. Lo vemos en los proyectos que desarrollamos: cuando implantamos monitorización en tiempo real de emisiones o residuos en plantas industriales, muchas veces es la primera vez que esa organización tiene visibilidad objetiva sobre su propio impacto. El segundo reto es la transversalidad: la sostenibilidad no puede vivir en un solo departamento. Necesita estar cosida en los procesos operativos, en la política de compras, en los criterios de viaje, en la cultura interna y en los criterios de selección de proyectos. El tercer reto, y quizá el más estratégico para empresas tecnológicas, es pasar de una sostenibilidad defensiva —reducir el propio impacto negativo— a una sostenibilidad ofensiva: usar la tecnología para generar impacto positivo en el ecosistema de clientes y en el medio ambiente. Ahí es donde creemos que la IA tiene un papel transformador que todavía está en sus inicios.
Mirando al futuro, ¿qué papel quiere jugar Dive en la construcción de modelos empresariales más sostenibles y qué desafíos marcarán vuestra hoja de ruta en los próximos años?
Queremos jugar un doble papel: ser un ejemplo de empresa tecnológica que opera de forma responsable y ser un habilitador de la transformación sostenible de otras organizaciones. En el primer plano, consolidaremos nuestros sistemas de medición y estableceremos objetivos de reducción con compromisos concretos. En el segundo, seguiremos apostando por proyectos donde nuestra IA genere impacto medioambiental positivo directo: monitorización de ecosistemas, regeneración marina, control de emisiones industriales, detección y prevención de incendios forestales. Seguiremos impulsando que nuestro equipo explore estas intersecciones, porque la innovación sostenible no llega por azar, sino por una cultura que la estimula. Los grandes desafíos que vemos en el horizonte son la adaptación a marcos regulatorios europeos como la CSRD, que exigirán mayor rigor en el reporte de sostenibilidad, y la necesidad de demostrar con evidencias —no solo con intenciones— el impacto de la tecnología en la transición ecológica. Estamos construyendo esa capacidad hoy.
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