Con más de 180 años de historia, Naturgy se ha consolidado como una de las principales compañías energéticas de España y Latinoamérica, desempeñando un papel clave en la transición hacia un modelo energético más sostenible. La compañía ha integrado los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en el corazón de su estrategia empresarial, impulsando el desarrollo de energías renovables, soluciones de economía circular y nuevas alternativas como el biometano, siempre bajo un enfoque que combina descarbonización, seguridad de suministro y asequibilidad.
Al frente de la estrategia de sostenibilidad y asuntos públicos de la compañía se encuentra Jordi Garcia Tabernero, director general de Asuntos Públicos y Sostenibilidad de Naturgy. Con más de dos décadas de trayectoria en la empresa, ha sido testigo y protagonista de la profunda evolución de la Responsabilidad Social Empresarial, desde sus primeras etapas centradas en la sensibilización y las iniciativas puntuales hasta su consolidación como un elemento estratégico y de gestión transversal. En esta entrevista, realizada con motivo del 20º aniversario de Corresponsables, reflexiona sobre los grandes hitos que han marcado la evolución de la sostenibilidad empresarial y los retos que definirán las próximas décadas.
¿Cuándo y por qué comenzaste a interesarte e involucrarte en el ámbito de la RSE?
Mi implicación con todo lo relativo a la responsabilidad social empresarial está directamente vinculada a mi trayectoria en Naturgy, que se remonta a hace ya más de veinte años. Hemos sido siempre conscientes de que nuestra actividad tiene un impacto directo en el entorno, lo que nos obliga a actuar con responsabilidad, especialmente ante el reto actual de la descarbonización, pero también en clave social con y por las personas y las comunidades y, también, en el ámbito del gobierno corporativo. En este sentido, los criterios ASG forman parte de nuestro ADN como compañía y, como tal, está presente en nuestra estrategia de negocio. Pero me gustaría destacar con orgullo el legacy de los que nos han precedido, ya que este compromiso social ha estado, en mayor o menor medida, presente en Naturgy a lo largo de su historia de más de 180 años.
¿Cómo era el panorama de la RSE cuando comenzaste en comparación a cómo es hoy?
El cambio ha sido progresivo y profundo. Venimos de un enfoque basado en la responsabilidad social vinculada a iniciativas puntuales y aisladas, sin una integración completa en el modelo de negocio. Hoy, la sostenibilidad forma parte de la estrategia empresarial y se articula como un sistema de gestión completo, con políticas, planes de sostenibilidad con indicadores cuantificables y mecanismos de gobernanza específicos. La existencia de comités de sostenibilidad, la definición de objetivos alineados con la estrategia empresarial y el seguimiento a través de indicadores reflejan esta madurez. Hemos evolucionado desde posiciones de sensibilización hacia una acción estructurada, integrando la sostenibilidad en la cultura corporativa, en los órganos de gobierno de las empresas -Consejos de Administración, Comités de Dirección…- y, por tanto, en muchos de los procesos de toma de decisiones.
¿Cuándo conociste a Corresponsables? ¿Qué papel consideras que ha tenido en el impulso de la RSE en las últimas dos décadas?
Corresponsables ha sido siempre una referencia en toda esta evolución. Su papel fue especialmente relevante cuando salió al mercado, porque era necesario dar visibilidad a la RSE, a generar un lenguaje común. A lo largo de estas dos décadas, ha contribuido a consolidar conceptos como la responsabilidad social corporativa, la gobernanza o la sostenibilidad como una prioridad empresarial. Como plataforma de conexión y difusión, ha facilitado el intercambio de experiencias y el reconocimiento de buenas prácticas entre todos los profesionales que nos dedicamos en mayor o menor medida a la RSE.
¿Qué cambios significativos has observado en esta materia desde que comenzaste?
Destacaría dos puntos de inflexión. Por un lado, la adopción de prácticas de sostenibilidad ha dejado de ser voluntaria y ha pasado a contar con una regulación propia cada vez más exigente; y por otro, el salto a un enfoque basado en gestión, medición y resultados, y en una ampliación del ámbito de actuación. Hoy ya hablamos de responsabilidad ambiental, social y de gobernanza (ASG), que se gestiona a través de planes estructurados, alineados con marcos globales como los ODS y bajo regulaciones como la nueva directiva europea de reporting (CSRD). Esta nueva forma de gestionar implica analizar impactos, gestionar riesgos y oportunidades, y tomar decisiones teniendo en cuenta los criterios ASG.
Y en Naturgy, ¿qué hitos destacarías?
Además de la integración de la sostenibilidad en la estrategia empresarial, destacaría la consolidación de estructuras de gobernanza específicas, con una implicación directa del Consejo de Administración, cuya Comisión de Sostenibilidad fue de las primeras en España el año 2020. Contamos con una Declaración de Principios y Políticas, que recoge los doce principios que guían la creación de valor de forma ética, sostenible y respetuosa con el entorno; una de estas políticas globales se refiere exclusivamente a sostenibilidad. Es relevante también nuestro plan de sostenibilidad, con objetivos medibles y seguimiento periódico; y, en el ámbito social, nuestro compromiso con nuestros grupos de interés: empleados, clientes, proveedores y comunidades locales. Desde el punto de vista del negocio, destacaría la apuesta por las renovables y la incorporación de la economía circular y de nuevas soluciones energéticas como el biometano, un ejemplo claro de sostenibilidad de economía circular con impacto 360: aprovecha los residuos orgánicos, contribuye a la reducción de emisiones, impulsa la actividad económica en zonas rurales, refuerza la independencia energética y aprovecha las infraestructuras existentes.
¿Qué lecciones en RSE y Sostenibilidad has aprendido a lo largo de tu carrera?
Una de las principales es que la sostenibilidad exige coherencia entre el compromiso y la acción. Es imprescindible definir objetivos claros, medir resultados y rendir cuentas. Otra lección clave es el papel de la cultura interna. La sostenibilidad no depende únicamente de la estrategia, sino de la implicación de las personas. Por eso trabajamos para fomentar una cultura corporativa en la que cada empleado entienda su capacidad de contribuir y participar activamente en la sostenibilidad, desde su trabajo diario.
¿Tienes alguna anécdota que refleje el espíritu y los desafíos de los primeros años de la RSE?
Más que una anécdota concreta, lo que mejor resume aquellos primeros años es recordar que la RSE se vivía muchas veces desde la convicción de que estábamos haciendo lo correcto, pero todavía con herramientas limitadas y sin el grado de integración que tiene hoy. Había un fuerte componente de sensibilización y de impulso interno: explicar por qué estos temas importaban, generar un lenguaje común y trasladar que no se trataba solo de iniciativas puntuales, sino de una forma distinta de entender la empresa. Ese era probablemente el gran desafío de entonces: pasar del compromiso social a una gestión cada vez más estructurada, con objetivos, seguimiento y gobernanza. Visto con perspectiva, aquella etapa fue importante precisamente porque sentó las bases de la madurez actual.
¿Cuáles consideras que han sido los pioneros en esta materia?
Creo que, más que hablar de pioneros, conviene hablar de un año concreto y dos hechos que supusieron un punto de inflexión. Me refiero al 2015 y la aprobación de la Agenda 2030 con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y al Acuerdo de París acordados en el seno de Naciones Unidas. Creo que estos acuerdos internacionales ayudaron a ordenar principios, a traducirlos en marcos de actuación y a desarrollar políticas y normativas en todas las geografías del planeta. Para aquellas empresas que tenían claro que la sostenibilidad no debía quedarse en el ámbito reputacional, sino integrarse en la estrategia, en la medición y en la gobernanza, sin duda fue un acelerador, porque, el avance de la sostenibilidad es exponencial cuando organizaciones, empresas e instituciones empujan en la misma dirección.
¿Puedes compartir algún caso de éxito que consideres emblemático?
Un caso especialmente representativo es el desarrollo de soluciones como el biometano, porque refleja muy bien hacia dónde ha evolucionado la sostenibilidad empresarial: ya no se trata solo de minimizar impactos, sino de generar valor ambiental, social y económico al mismo tiempo. Es un ejemplo claro de economía circular aplicada al negocio, con impacto en la reducción de emisiones, el impulso del entorno rural o el aprovechamiento de infraestructuras existentes.
En paralelo, también destacaría la propia transformación de la compañía hacia un modelo de negocio comprometido con la descarbonización, con una apuesta por las energías y los gases renovables, en línea con la transición energética, pero siempre bajo un enfoque equilibrado que tenga en cuenta la seguridad de suministro y la asequibilidad.
¿Cómo ves el futuro de la RSE y la Sostenibilidad? ¿Qué retos y oportunidades anticipas para las próximas dos décadas?
El futuro estará marcado por la necesidad de avanzar en la transición energética de forma equilibrada, integrando descarbonización, seguridad de suministro y precios asequibles, porque es la única forma de conseguir que sea inclusiva y no deje a nadie atrás. Y uno de los principales retos será mejorar la capacidad de medir impactos, riesgos y oportunidades, en un contexto de creciente exigencia regulatoria y social. Al mismo tiempo, la oportunidad está en el desarrollo de nuevas soluciones energéticas y en la incorporación de la sostenibilidad como un criterio estructural en todas las decisiones empresariales.
¿Qué papel crees que deben jugar las nuevas generaciones en la continuación de este legado?
Las nuevas generaciones son un actor clave en la transformación hacia un modelo de sociedad más sostenible. Aportan conocimiento, innovación y una fuerte sensibilidad hacia los retos ambientales y sociales. Por ello, es fundamental acompañarlas con formación y fomentando su participación activa. En este sentido, desde Fundación Naturgy estamos también promoviendo la formación en nuevas energías, fomentando las vocaciones tempranas en las materias STEAM, especialmente en niñas y chicas jóvenes, y promoviendo la formación profesional en energías renovables.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables y en el Caso Práctico de Naturgy en el Anuario Corresponsables 2025.


