En el marco del IV Congrés Català de Sostenibilitat, se ha insistido en que el cambio climático representa uno de los mayores fracasos de mercado de nuestra época. Desde la mirada económica, ¿qué aprendizajes deberían extraer hoy las empresas y las instituciones para actuar con mayor ambición?
El cambio climático es un “fracaso de mercado”, porque los precios actuales no incorporan los costes reales ambientales (externalidades). Se tiene que internalizar las externalidades, poner precio al carbono y a la natura. El mercado fall porque contaminar es demasiado económico. Sin precio de CO₂ o la pérdida de biodiversidad, las empresas no tienen incentivos suficientes para cambiar y los intrumentos como impuestos al carbonio (*CBAM), mercados de emisiones (ETS) y taxonomía verde UE se pueden acelerar mecanismos económicos que hagan ,,puesto que,, destruir el capital natural. Por un naod, el riesgo climático es un riesgo económico, no solo ambiental. Y se *entèn como un riesgo financiero directo: sequía, estrés hídrico, interrupciones de las cadenas de suministro, daños a infraestructuras. La sostenibilidad ni es coste, es innovación y productividad futura. Es un *ventaja competitiva para quien se avanza: ya sea a través de más eficiencia energética, economía circular, nuevos modelos de negocio. Pasamos de compliance, a estrategia competitiva. Sin duda, las empresas tienen que incorporar el clima en riesgos financieros, planes estratégicos y valoración de activos. El cambio climático afecta a la competitividad y costes de las empresas. Estamos ya en la adaptación, importando reducir emisiones. La sostenibilidad no se tiene que entender como un coste adicional, sino una oportunidad de transformación. Las empresas que integran estos factores en su estrategia no solo reducen riesgos, sino que ganan en eficiencia, innovación y competitividad.
- En el marco del IV Congrés Català de Sostenibilitat, se ha insistido en que el cambio climático representa uno de los mayores fracasos de mercado de nuestra época. Desde la mirada económica, ¿qué aprendizajes deberían extraer hoy las empresas y las instituciones para actuar con mayor ambición?
- En la inauguración también se ha señalado que los países y empresas que aporten a la Sostenibilidad serán los que liderarán a nivel global. ¿Qué papel puede jugar Cataluña en ese liderazgo sostenible desde su tejido empresarial, económico e institucional?
- Como presidenta de la Comissió d’Economia i Sostenibilitat del Col·legi d’Economistes de Catalunya, ¿qué retos detectas actualmente en la integración real de la Sostenibilidad en la gestión empresarial?
- Uno de los riesgos señalados es que la sostenibilidad se quede en algo superficial. ¿Qué necesitan las empresas para pasar del discurso a una gestión sostenible rigurosa, medible y con impacto?
- El Congreso ha abordado la gestión empresarial en clave de Sostenibilidad desde la regulación, los datos y la tecnología. ¿Cómo pueden estas tres palancas ayudar a las compañías a tomar mejores decisiones y generar más valor?
- En pleno debate sobre la normativa de Sostenibilidad, ¿crees que la voluntariedad ha demostrado ser suficiente para impulsar avances reales o necesitamos marcos regulatorios más sólidos y claros?
- El greenwashing se ha definido durante la jornada no solo como un riesgo, sino como una consecuencia de un mercado excesivamente voluntarista. ¿Cómo pueden las empresas evitar caer en prácticas superficiales y reforzar la confianza de sus grupos de interés?
- ¿Por qué hoy crecer y ser sostenible deberían entenderse como una misma estrategia empresarial?
- Desde la perspectiva de los economistas, ¿cómo debería evolucionar la forma en que medimos el éxito empresarial para incorporar mejor variables como el impacto ambiental, social y de buen gobierno?
- ¿Qué papel deben desempeñar los colegios profesionales y las comisiones especializadas, como la Comissió d’Economia i Sostenibilitat, para acompañar a las empresas en esta transición hacia modelos más sostenibles?
En la inauguración también se ha señalado que los países y empresas que aporten a la Sostenibilidad serán los que liderarán a nivel global. ¿Qué papel puede jugar Cataluña en ese liderazgo sostenible desde su tejido empresarial, económico e institucional?
La industria catalana es clave para la economía y la ocupación, pero afronta una transformación profunda para adaptarse a la sostenibilidad y la competitividad global. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Pacto Verde Europeo marcan el camino hacia la descarbonización el 2050. Esta transición exige reducir emisiones e innovar sin frenar el crecimiento económico. Cómo apunta Mario Draghi, el reto es equilibrar los objetivos climáticos con la competitividad empresarial. Cataluña puede consolidar un papel de liderazgo en sostenibilidad si articula de manera coherente su tejido empresarial, institucional y de conocimiento. Su ecosistema de pymes, industria exportadora y startups verdes permite acelerar la innovación aplicada en soluciones sostenibles y escalables. Cataluña se posiciona como un potencial hub mediterráneo de sostenibilidad, capaz de alinear empresa, financiación y conocimiento.
La descarbonización industrial es un vector central de competitividad para sectores como la energía, la química y la automoción. Se tiene que reforzar la colaboración público-privada para acelerar proyectos de impacto climático medible. Los fondos europeos son la palanca decisiva para escalar innovaciones sostenibles e infraestructuras verdes. El sistema universitario y los centros de investigación son motores de transferencia tecnológica en economía circular y transición energética. La importancia de la transparencia y la estandarización de los criterios ESG es importante para atraer inversión. Barcelona y el ecosistema empresarial atraen talento y capital internacional verde. No obstante, el papel logístico e industrial del conjunto del territorio son altamente importantes para reducir emisiones en las cadenas de valor globales. Cataluña reúne las condiciones para liderar integrante estrategia institucional, rigor financiero e innovación empresarial con una visión global y sostenida.
Como presidenta de la Comissió d’Economia i Sostenibilitat del Col·legi d’Economistes de Catalunya, ¿qué retos detectas actualmente en la integración real de la Sostenibilidad en la gestión empresarial?
La integración de la sostenibilidad en la gestión empresarial representa hoy uno de los grandes retos de las organizaciones. A pesar de que la mayoría de las empresas reconocen su importancia y han incorporado compromisos ambientales y sociales en sus discursos corporativos, el desafío real consiste a convertir estos compromisos en una parte integral de la manera de gestionar el negocio. En muchos casos, la sostenibilidad continúa siendo percibida como una iniciativa complementaria, desvinculada de las decisiones estratégicas, financieras u operativas que marcan el día a día de la organización.
Uno de los principales retos es la capacidad de medir y gestionar el impacto real de la actividad empresarial. Las empresas necesitan disponer de datos fiables que les permitan conocer los efectos de sus operaciones sobre el medio ambiente y la sociedad, pero a menudo se encuentran con dificultades técnicas, metodológicas o de recursos para obtener esta información. Sin indicadores claros y sistemas de seguimiento adecuados, resulta complicado definir objetivos, evaluar adelantos y tomar decisiones fundamentadas.
Al mismo tiempo, la sostenibilidad obliga las organizaciones a replantear su visión tradicional de la rentabilidad. Las inversiones necesarias para mejorar la eficiencia energética, reducir emisiones, impulsar la circularidad o reforzar el compromiso social pueden comportar costes iniciales significativos, mientras que los beneficios suelen materializarse a medio o largo plazo. Esta realidad genera tensiones entre las exigencias de resultados inmediatos y la necesidad de construir modelos de negocio más resilientes y preparados para los retos futuros.
Otro desafío importante es conseguir que la sostenibilidad deje de ser responsabilidad de un único departamento y pase a formar parte de la cultura organizativa. Esto implica implicar la dirección, formar los equipos, revisar procesos y fomentar una visión compartida que integre los criterios ambientales, sociales y de buen gobierno en todas las áreas de la empresa. Sin este compromiso transversal, las iniciativas acostumbran a tener un impacto limitado y difícilmente se consolidan en el tiempo.
Las empresas tienen que afrontar una creciente demanda de transparencia por parte de clientes, inversores, administraciones públicas y otros grupos de interés. En un contexto en que la sociedad exige evidencias y resultados concretos, el riesgo de quedarse en declaraciones de intenciones o en acciones de marketing es cada vez más elevado. Por eso, el gran reto de la gestión empresarial sostenible consiste a demostrar, con hechos y resultados, que la sostenibilidad forma parte de la estrategia y contribuye a generar valor económico, social y ambiental de manera equilibrada y duradera.
Uno de los riesgos señalados es que la sostenibilidad se quede en algo superficial. ¿Qué necesitan las empresas para pasar del discurso a una gestión sostenible rigurosa, medible y con impacto?
La sostenibilidad ha dejado de ser una cuestión de reputación para convertirse en una exigencia de gestión. Uno de los principales riesgos que afrontan hoy las empresas es que sus compromisos sostenibles se queden en declaraciones de intenciones o en acciones puntuales sin una incidencia real en el negocio. Las tendencias observadas durante el 2026 muestran que los inversores, reguladores y consumidores ya no se conforman con objetivos genéricos o mensajes inspiradores; preguntan datos verificables, resultados medibles y evidencias de transformación.
Las empresas necesitan avanzar hacia una gestión de la sostenibilidad basada en indicadores, sistemas de seguimiento y mecanismos de gobernanza que permitan integrar los criterios ambientales, sociales y de buen gobierno en las decisiones estratégicas. La sostenibilidad deja de ser un ejercicio de comunicación por devenir una cuestión de gestión del riesgo, eficiencia operativa y creación de valor a largo plazo.
Otro reto destacado es la calidad de la información. Varios estudios y análisis publicados el 2026 señalan que muchas organizaciones continúan teniendo dificultades para recopilar datos homogéneos y fiables a lo largo de toda su cadena de valor, especialmente cuando intervienen centenares de proveedores y múltiples mercados. Sin datos consistentes, resulta difícil demostrar impactos reales o evaluar los progresos conseguidos.
Al mismo tiempo, la presión reguladora está acelerando este cambio. Los nuevos marcos europeos de información corporativa exigen una mayor transparencia y refuerzan la necesidad que las empresas puedan justificar sus afirmaciones con evidencias auditables. Esto obliga a profesionalizar la gestión de la sostenibilidad y a acercarla cada vez más a los estándares tradicionales de la información financiera.
En definitiva, el gran desafío para las empresas ya no es declarar que son sostenibles, sino demostrarlo. Las organizaciones que consigan integrar la sostenibilidad en su estrategia, medir los resultados y rendir cuentas de manera transparente serán las que generarán más confianza y estarán mejor preparadas para afrontar los retos económicos, sociales y ambientales de los próximos años.
El Congreso ha abordado la gestión empresarial en clave de Sostenibilidad desde la regulación, los datos y la tecnología. ¿Cómo pueden estas tres palancas ayudar a las compañías a tomar mejores decisiones y generar más valor?
La sostenibilidad se ha consolidado como un factor estratégico de competitividad y transformación empresarial. En este contexto, la regulación europea, la calidad de los datos y la incorporación de tecnología acontecen elementos clave para una gestión eficiente y responsable. En el congreso hablamos de los principales retos y oportunidades que afrontan las organizaciones en materia de cumplimiento normativo, trazabilidad y toma de decisiones basada en datos. Estas facilitan la transparencia y la optimización de los procesos empresariales. Avanzar hacia modelos de negocio más resilientes, competitivos, sostenibles y alineados con las exigencias del mercado global.
Las empresas se ven obligadas a explorar las estrategias para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas en las cadenas de suministro multinivel, abordando la complejidad y la fragmentación, y a analizar el papel de las bases de datos centralizadas y de las innovaciones tecnológicas que simplifican la recopilación de estas y mejoran la trazabilidad para avanzar en la gestión de las emisiones Scope 3. Sin datos fiables no hay gestión posible. Está claro que la regulación está redefiniendo operaciones, inversiones y competitividad. El ciclo de vida de los datos y su ecosistema es complejo: los marcos regulatorios persiguen unos objetivos, los inversores muy a menudo tienen otros y con prioridades diferentes. Las compañías tienen que navegar en un marco de incertidumbre en relación con la recogida, procesamiento y difusión de datos de sostenibilidad.
Para las empresas es un proceso de aprendizaje sobre la complejidad con los datos de sostenibilidad. El rendimiento real no se puede medir con un solo indicador; la información de sostenibilidad está ligada a muchas unidades, medidas y cada vez más vinculada a la información financiera. Hace falta un relato construido con información cualitativa que nos explique la historia de este dato y nos dé contexto. Este relato nos ayudará a navegar en este mar de complejidad.
En pleno debate sobre la normativa de Sostenibilidad, ¿crees que la voluntariedad ha demostrado ser suficiente para impulsar avances reales o necesitamos marcos regulatorios más sólidos y claros?
Las últimas reformas aprobadas por la Unión Europea, como el paquete de simplificación Omnibus, muestran claramente una voluntad de ajustar la carga administrativa, pero a la vez refuerzan la idea que la transparencia y la comparabilidad de la información ya no pueden depender solo de compromisos voluntarios de las empresas.
En este nuevo escenario, la regulación se consolida como un elemento clave para garantizar que la sostenibilidad se mida con criterios homogéneos y verificables, evitando diferencias interpretativas entre sectores y países. Las instituciones europeas insisten que la información no financiera tiene que lograr un nivel de exigencia similar al de la información contable, especialmente en cuanto a la fiabilidad y a su auditoría.
Al mismo tiempo, las reformas de 2026 han introducido ajustes importantes en el alcance de las obligaciones, reduciendo la presión sobre determinadas empresas y simplificando procesos, con el objetivo de no frenar la competitividad. Esta evolución refleja que la regulación no pretende sustituir la voluntad empresarial, sino establecer un marco mínimo común que asegure que los compromisos no queden solo en el discurso.
La experiencia reciente indica que la voluntariedad ha estado útil para impulsar conciencia e innovación, pero insuficiente para garantizar una transformación homogénea y medible. El modelo que se está consolidando el 2026 apunta hacia una combinación equilibrada: incentivos de mercado e iniciativa empresarial, pero dentro de un marco regulador claro, estable y comparable que asegure impacto real y credibilidad en la sostenibilidad corporativa.
El greenwashing se ha definido durante la jornada no solo como un riesgo, sino como una consecuencia de un mercado excesivamente voluntarista. ¿Cómo pueden las empresas evitar caer en prácticas superficiales y reforzar la confianza de sus grupos de interés?
El greenwashing, tal como se está debatiendo en la actualidad reguladora de 2026, ya no se entiende solo como un error de comunicación, sino como el síntoma de un modelo empresarial demasiado basado en la voluntariedad y en la carencia de verificación externa. Cuando las empresas comunican compromisos ambientales sin datos contrastables o sin una integración real en su estrategia, se genera una brecha creciente entre el discurso y la realidad operativa, hecho que debilita la credibilidad del conjunto del mercado.
En este contexto, la transparencia se ha convertido en un elemento central para reconstruir la confianza de los grupos de interés. Las empresas que quieren evitar prácticas superficiales tienen que ir más allá de los eslóganes y basar todas las afirmaciones ambientales en indicadores verificables, auditorías independientes y metodologías reconocidas internacionalmente, reduciendo así el riesgo de comunicaciones ambiguas o difícilmente comprobables.
Otro factor clave es la integración real de la sostenibilidad en el núcleo del modelo de negocio, es decir, en la cadena de valor, en las compras, en la producción y en la toma de decisiones estratégicas. Cuando la sostenibilidad se incorpora solo como herramienta de marketing, el riesgo de greenwashing aumenta de manera significativa y acaba afectando la reputación corporativa y la confianza del consumidor.
En paralelo, la nueva regulación europea del 2026 está impulsando un cambio de paradigma, puesto que exige información ambiental más clara, comparable y verificable, reduciendo el espacio para declaraciones genéricas o poco fundamentadas. Este marco normativo obliga las empresas a profesionalizar la gestión de los datos ESG y a tratarlas con el mismo rigor que la información financiera.
A todo esto, se suma un elemento cultural y organizativo fundamental: la coherencia interna. Las organizaciones que consiguen evitar el greenwashing son aquellas que alinean comunicación, estrategia y operaciones, asegurando que aquello que se declara públicamente refleja de manera fiel el que realmente se hace.
La confianza de los grupos de interés no se gana con mensajes verdes, sino con evidencias, consistencia y gobernanza. Las empresas que entiendan esta evolución y avancen hacia una sostenibilidad medible e integrada serán las que evitarán el riesgo del greenwashing y reforzarán su legitimidad en el mercado.
¿Por qué hoy crecer y ser sostenible deberían entenderse como una misma estrategia empresarial?
Crecer y ser sostenible ya no son dos objetivos separados, sino dos caras de una misma estrategia empresarial en el contexto actual de 2026. Las últimas evoluciones del marco regulador europeo, como la simplificación de la normativa de reportaje y diligencia debida, refuerzan la idea que la sostenibilidad se está integrando al núcleo de la competitividad empresarial y no como un elemento accesorio o reputacional. En este entorno, el crecimiento empresarial ya no se mide únicamente en términos de ingresos o expansión, sino también en la capacidad de reducir riesgos ambientales, sociales y regulatorios a lo largo de toda la cadena de valor. Las organizaciones que conectan sostenibilidad con eficiencia operativa e innovación están consiguiendo ventajas competitivas más sólidos y duraderos.
La sostenibilidad, además, se ha convertido en un motor directo de competitividad, puesto que permite optimizar recursos, anticipar regulaciones y reforzar la confianza de los inversores en un contexto de más exigencia informativa y transparencia. Esta tendencia consolida la idea que crecer sin integrar criterios ESG compuerta hoy más riesgos que oportunidades. Al mismo tiempo, casos recientes de empresas que han acelerado la descarbonización o la circularidad muestran que la sostenibilidad puede generar eficiencias significativas en energía, costes e innovación, convirtiéndose en una palanca real de rendimiento empresarial. También se observa un cambio importante en la gestión de los datos y la toma de decisiones: la calidad de la información ESG y su integración en los sistemas corporativos se está convirtiendo en un factor crítico para planificar el crecimiento con visión de largo plazo.
En este escenario, las empresas que separan crecimiento y sostenibilidad tienden a perder coherencia estratégica, mientras que aquellas que les integran consiguen mejor acceso a financiación, más resiliencia y mejor posicionamiento de mercado. El modelo empresarial actual apunta claramente hacia una conclusión: crecer hoy implica necesariamente hacerlo de manera sostenible, porque solo así se garantiza la continuidad, la competitividad y la legitimidad del negocio en el tiempo.
Desde la perspectiva de los economistas, ¿cómo debería evolucionar la forma en que medimos el éxito empresarial para incorporar mejor variables como el impacto ambiental, social y de buen gobierno?
Desde la perspectiva de los economistas, la manera tradicional de medir el éxito empresarial, centrada casi exclusivamente en beneficios contables, rentabilidad o valor para el accionista, está evolucionando hacia modelos mucho más amplios que intentan capturar el verdadero impacto de la empresa en la economía y en la sociedad. Esta transformación responde a una evidencia creciente en la investigación reciente de 2026: las empresas que incorporan de manera efectiva criterios ambientales, sociales y de gobernanza no solo reducen riesgos, sino que también generan valor económico más estable y resiliente en el tiempo. Este nuevo enfoque, proponemos sustituir la idea de un único indicador de “éxito” por un sistema multidimensional de medida. Significa complementar los resultados financieros con indicadores como las emisiones de carbono, la eficiencia en el uso de recursos, la calidad del gobierno corporativo o las condiciones laborales. Estos indicadores ESG permiten cuantificar aspectos que antes quedaban fuera de los modelos económicos tradicionales, pero que tienen un impacto directo sobre el riesgo, la productividad y la sostenibilidad del crecimiento.
La investigación económica reciente muestra que la relación entre sostenibilidad y rendimiento no es lineal ni homogénea, sino que depende del sector, del contexto institucional y del tipo de estrategia adoptada. Esto ha llevado a desarrollar aproximaciones más sofisticadas, donde la sostenibilidad no se trata como una variable reputacional, sino como un conjunto de factores que influyen en el coste del capital, la capacidad de innovación y la resiliencia empresarial.
Otro cambio importante es la incorporación del concepto de “valor para los grupos de interés” en lugar de limitarse al valor para el accionista. Algunos enfoques recientes en economía y gestión empresarial proponen entender el rendimiento como la creación de valor económico, social y ambiental de manera simultánea, ampliando así el significado de productividad y eficiencia.
El reto principal no es solo añadir nuevas métricas, sino garantizar que sean comparables, verificables e integradas en los procesos de decisión. Sin esta integración, los indicadores ESG corren el riesgo de convertirse en información dispersa sin impacto real en la gestión. La evolución de la medida del éxito empresarial apunta hacia un cambio de paradigma: pasar de una visión estrictamente financiera a una concepción más sistémica, donde el rendimiento empresarial se define por su capacidad de generar valor económico sostenible dentro de los límites sociales y ambientales del sistema.
¿Qué papel deben desempeñar los colegios profesionales y las comisiones especializadas, como la Comissió d’Economia i Sostenibilitat, para acompañar a las empresas en esta transición hacia modelos más sostenibles?
El papel de los colegios profesionales y de las comisiones especializadas, como una Comisión de Economía y Sostenibilidad, se está volviendo cada vez más estratégico en el contexto del 2026, en un momento en que la sostenibilidad ha pasado de ser un ámbito voluntario para convertirse en una función integrada dentro de la gestión empresarial y de la regulación económica europea. En este nuevo escenario, marcado por la consolidación de marcos como la CSRD y la fase de implementación operativa, las empresas necesitan no solo cumplir obligaciones, sino también interpretar correctamente qué significa integrar la sostenibilidad en la toma de decisiones reales del negocio, cosa que exige conocimiento técnico y criterio experto más allá del cumplimiento formal.
Los colegios profesionales actuamos como un puente entre la normativa, la práctica empresarial y la realidad económica. Nuestra función no es únicamente informativa, sino también de acompañamiento técnico, ayudante a estandarizar buenas prácticas, aclarar criterios de aplicación y reducir la incertidumbre en la interpretación de marcos complejos que evolucionan rápidamente. Esto es especialmente relevante en un entorno donde la regulación europea está en fase de ajustamiento y de simplificación, pero mantiene un alto nivel de exigencia en transparencia, gobernanza y verificación de datos.
Como Comissió d’Economia i Sostenibilitat, aportamos un valor añadido adicional al generar conocimiento aplicado y conectar la sostenibilidad con la economía real, la estrategia empresarial y la gestión del riesgo.
Además, el 2026 la sostenibilidad ya no se limita a la elaboración de informes, sino que forma parte de la gestión estratégica y del gobierno corporativo, cosa que incrementa la necesidad de profesionales cualificados y de estructuras intermedias que faciliten la correcta aplicación de los estándares. En este contexto, los colegios profesionales cumplimos una función formativa clave, promoviendo la actualización continua de conocimientos y ayudante los profesionales a adaptarse a un entorno normativo en evolución constante.
El papel es doble: por un lado, garantizar rigor técnico y coherencia en la interpretación de la sostenibilidad empresarial; y de la otra, acompañar las organizaciones en la transición hacia modelos de gestión más integrados, donde la sostenibilidad no sea un añadido sino una variable estructural de la estrategia económica y financiera.
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