Con motivo de la IX Gala de los Premios de Diversidad e Inclusión, impulsados por Fundación Adecco y el Club de Excelencia en Sostenibilidad, Adela Cortina, filósofa y catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universitat de València, reflexiona en esta entrevista con Corresponsables sobre la importancia de construir una sociedad más justa e inclusiva, tras haber sido distinguida con el Premio Honorífico en reconocimiento a su trayectoria y contribución al pensamiento ético. Cortina destaca la necesidad de trasladar los valores a acciones concretas y subraya que “la ética exige que pasemos de las declaraciones a las realizaciones”, poniendo en valor el papel de las empresas como agentes de transformación social y generación de oportunidades.
- En esta novena edición de los Premios de Diversidad e Inclusión se reconoce su trayectoria y contribución al pensamiento ético y a la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. ¿Qué significado tiene para usted recibir este Premio Honorífico y qué reflexión le gustaría trasladar a las organizaciones y profesionales comprometidos con la diversidad y la inclusión?
- A lo largo de su trayectoria ha defendido la importancia de situar la ética en el centro de las decisiones individuales, sociales y empresariales. ¿Qué papel debe desempeñar la ética para que la diversidad y la inclusión se conviertan en valores reales y no se queden únicamente en declaraciones de intenciones?
- Usted acuñó el término «aporofobia» para definir el rechazo hacia las personas en situación de pobreza. ¿Cómo se manifiesta actualmente este fenómeno en nuestra sociedad y qué responsabilidad tienen las empresas y las instituciones para combatir los prejuicios y las situaciones de exclusión que dificultan la inclusión social y laboral?
- Desde su experiencia en el ámbito de la ética empresarial, ¿qué buenas prácticas o principios deberían incorporar las organizaciones para construir entornos de trabajo verdaderamente inclusivos, en los que se respete la dignidad de todas las personas y se valore la diversidad?
- En un contexto de profundas transformaciones sociales y tecnológicas, ¿cuáles considera que son los principales desafíos éticos para avanzar hacia una sociedad más justa e inclusiva y qué papel deberían asumir las empresas en este proceso?
Asimismo, profundiza en el concepto de aporofobia, término que acuñó para definir el rechazo hacia las personas en situación de pobreza, y en la responsabilidad de las organizaciones para combatir los prejuicios y promover la inclusión sociolaboral. También aborda los desafíos éticos asociados a las transformaciones tecnológicas y la importancia de fomentar entornos laborales basados en el respeto a la dignidad humana y la ayuda mutua. En este sentido, defiende que “la empresa del futuro será social o no será”, reivindicando un modelo empresarial capaz de generar riqueza y, al mismo tiempo, contribuir a resolver los problemas de la sociedad.
En esta novena edición de los Premios de Diversidad e Inclusión se reconoce su trayectoria y contribución al pensamiento ético y a la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. ¿Qué significado tiene para usted recibir este Premio Honorífico y qué reflexión le gustaría trasladar a las organizaciones y profesionales comprometidos con la diversidad y la inclusión?
Recibir este premio es un verdadero regalo. Trabajar para construir una sociedad más justa en la que todas las personas estén incluidas porque construyamos un entorno en que todas puedan desarrollar sus capacidades es un proyecto ilusionante.
A lo largo de su trayectoria ha defendido la importancia de situar la ética en el centro de las decisiones individuales, sociales y empresariales. ¿Qué papel debe desempeñar la ética para que la diversidad y la inclusión se conviertan en valores reales y no se queden únicamente en declaraciones de intenciones?
La ética exige que pasemos de las declaraciones a las realizaciones, y justamente la tarea que están desempeñando las empresas que se han congregado en este acto consiste en dar ese paso. Llevan a cabo una gran cantidad de actividades, con imaginación e inteligencia, que pueden servir de modelo para muchos lugares.
Usted acuñó el término «aporofobia» para definir el rechazo hacia las personas en situación de pobreza. ¿Cómo se manifiesta actualmente este fenómeno en nuestra sociedad y qué responsabilidad tienen las empresas y las instituciones para combatir los prejuicios y las situaciones de exclusión que dificultan la inclusión social y laboral?
La aporofobia es el rechazo al pobre, al que parece que no tiene nada interesante que ofrecer: dinero, prebendas, votos, favores. Las empresas pueden crear puestos de trabajo pensando en las capacidades que cada persona puede desarrollar. Con eso la empresa obtiene un doble rédito: se enriquece porque descubre capacidades diversas que, en caso contrario, estarían desaprovechadas, lo cual es un despilfarro, y a la vez genera puestos de trabajo, que son a la vez un medio de vida para las personas y un modo de cooperar con los miembros de la comunidad.
Desde su experiencia en el ámbito de la ética empresarial, ¿qué buenas prácticas o principios deberían incorporar las organizaciones para construir entornos de trabajo verdaderamente inclusivos, en los que se respete la dignidad de todas las personas y se valore la diversidad?
En el encuentro organizado por la Fundación Adecco y el Club de Excelencia en Sostenibilidad se presentaron principios muy adecuados para poner en práctica acciones concretas. Creo que es muy conveniente leer esos textos y ponerlo por obra, porque son los que iluminan a las empresas con propósito que crean riqueza material y a la vez solucionan problemas humanos. Porque la empresa del futuro será social o no será.
En un contexto de profundas transformaciones sociales y tecnológicas, ¿cuáles considera que son los principales desafíos éticos para avanzar hacia una sociedad más justa e inclusiva y qué papel deberían asumir las empresas en este proceso?
Por una parte, formar a las personas en competencias tecnológicas lo suficiente como para poder incorporarse a un trabajo. A la vez, pensar muy bien qué tareas puede desarrollar cada uno y crea el ambiente indispensable para que pueda hacerlo. Y, por supuesto, crear un clima ético en las empresas, de modo que se sepa que en los distintos niveles de la organización se actúa siguiendo los valores morales de respeto a la dignidad de cada uno y ayuda mutua.
Consulta más información responsable en las publicaciones Corresponsables.


