La estructura demográfica mundial ha alcanzado un punto de inflexión: por primera vez hay más personas de 65 años o más que niños menores de cinco años. El cambio refleja dos grandes tendencias que avanzan de forma simultánea en buena parte del planeta: una mayor esperanza de vida y un descenso sostenido de la natalidad.
Durante buena parte de la historia, la población mundial mantuvo una estructura próxima a una pirámide, con generaciones jóvenes muy numerosas y una proporción mucho menor de personas en edades avanzadas. Ese modelo está cambiando con rapidez y las proyecciones apuntan a que la transformación se intensificará durante las próximas décadas.
Según un análisis de Axios basado en datos y proyecciones de la Oficina del Censo de Estados Unidos (U.S. Census Bureau), la población mundial pasará de alrededor de 8.130 millones de personas a 10.230 millones en 2060. En ese mismo periodo, el número de personas de 65 años o más crecería desde 852 millones en 2025 hasta aproximadamente 2.000 millones.
Su peso sobre el conjunto de la población prácticamente se duplicaría, pasando del 10,5% al 19,6%. De acuerdo con estos cálculos, las personas mayores explicarían alrededor del 55% del crecimiento neto de la población mundial hasta 2060.
Vivimos más, pero también nacen menos niños
El envejecimiento global no responde únicamente al aumento de la longevidad. La otra gran transformación se encuentra en la reducción de las tasas de fecundidad en un número creciente de países.
En 2013, aproximadamente el 45% de la población mundial residía en países con una fecundidad inferior al nivel de reemplazo generacional, situado alrededor de los 2,1 hijos por mujer. Diez años después, esa proporción superaba ya el 71%.
El fenómeno se extiende además mucho más allá de Europa y de las economías de renta alta. China e India, los dos países más poblados del mundo, presentan ya tasas inferiores al nivel de reemplazo, al igual que otros países como Bangladesh, México o Vietnam.
Cuando generaciones numerosas son sucedidas de forma continuada por otras más pequeñas, la estructura de edad cambia con mayor rapidez. Esto plantea retos relacionados con el mercado laboral, los sistemas de pensiones, la atención sanitaria y los cuidados de larga duración, especialmente a medida que aumenta la proporción de personas que alcanzan edades avanzadas.
Asia concentrará buena parte del crecimiento
Aunque Europa continúa siendo actualmente la región más envejecida, Asia concentrará el mayor incremento en términos absolutos. La población asiática de 65 años o más podría pasar de 487 millones en 2025 a alrededor de 1.240 millones en 2060, lo que supondría cerca de dos tercios del aumento mundial de este grupo de edad.
África seguirá presentando una estructura demográfica más joven, aunque también experimentará cambios importantes. El número de personas mayores podría multiplicarse por más de cuatro, pasando de unos 60 millones a 249 millones en 2060.
La evolución muestra que el envejecimiento será una transformación global, aunque avance a ritmos muy diferentes según cada territorio. En numerosos países, las personas mayores de 65 años podrían superar el 28% de la población en las próximas décadas.
Envejecer más también es un logro social
El incremento de la población mayor no debe interpretarse únicamente desde sus desafíos económicos o asistenciales. También refleja uno de los grandes avances sociales y sanitarios de las últimas décadas: cada vez más personas sobreviven a la infancia y a la edad adulta y llegan a edades avanzadas.
El reto estará en adaptar las sociedades a esa mayor longevidad. Esto pasa por reforzar la prevención, favorecer trayectorias profesionales más flexibles, adaptar los puestos de trabajo y crear entornos que permitan mantener la autonomía, las relaciones sociales y la participación durante más años.
Es también uno de los ámbitos en los que trabaja Fundación Edad&Vida, promoviendo la corresponsabilidad entre administraciones públicas, empresas, comunidad científica y sociedad civil para responder a las nuevas necesidades derivadas del cambio demográfico y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
Más que plantear el envejecimiento exclusivamente como un aumento de necesidades, el cambio demográfico abre también el debate sobre el papel que pueden seguir desempeñando las personas mayores en el mercado laboral, los cuidados, el voluntariado, la transmisión de conocimiento y la vida comunitaria.
Esta noticia forma parte del Canal Edad&Vida, un espacio sobre envejecimiento activo, longevidad y calidad de vida impulsado por Fundación Edad&Vida. Proyecto cofinanciado por el IMSERSO.


