El calor récord y la sequía prolongada golpean Europa y someten a una fuerte presión a las vidas humanas, los ecosistemas y las infraestructuras esenciales. Un análisis de Triodos Bank estima que el clima extremo de este verano podría reducir el PIB de la UE en torno a un 1,1 % en 2026, equivalente a aproximadamente 200.000 millones de euros, lo que en la práctica anularía el crecimiento previsto para este año.
Se estima que la menor productividad laboral tendrá el impacto más significativo, aunque varios estudios evidencian que las regiones históricamente más expuestas al calor, como es el caso de España, sufren menores pérdidas de productividad en un día caluroso.
- Las alteraciones en la agricultura, la energía y el transporte también tendrán un impacto muy relevante.
- En España, el país acumula ya 33 días de calor por encima de lo habitual en 2026 (frente a una media de 24 en la UE) y se lamentaron 3.163 muertes relacionadas con el calor durante la ola del 22 al 28 de junio, fecha hasta la que contempla el análisis.
- Nuestro país concentra la mayor superficie forestal quemada de la Unión Europea este verano, con 139.809 hectáreas calcinadas hasta el 22 de julio, según el sistema europeo de monitorización de incendios EFFIS.
- Se espera que Francia sea el país más afectado, lo que provocaría una contracción económica, y el crecimiento económico en los Países Bajos podría quedar prácticamente anulado.
- Aunque la adaptación puede limitar parte del daño, una mitigación climática más firme es esencial para evitar daños aún mayores en el futuro.
El informe Hot Summer Economics de Triodos Bank pone de relieve los importantes costes humanos y ecológicos del calor y la sequía excepcionales de este año en Europa, incluidas las muertes relacionadas con el calor, la presión sobre los sistemas sanitarios y los daños graves por incendios forestales.
El banco cuantifica el impacto económico del calor extremo a través de cuatro áreas: alimentación y agricultura, producción energética, transporte y logística, y productividad laboral.
La pérdida de productividad laboral es el efecto económico más importante y mejor fundamentado del calor extremo de este verano. Triodos Bank estima una pérdida media de productividad laboral de en torno al 0,6 % del PIB de la UE. El informe encuentra evidencia sólida de que la adaptación es posible, aunque solo hasta cierto punto, lo que significa que cabe esperar que el efecto de la adaptación sea no lineal y, por lo tanto, que los países que apenas experimentan calor estarán significativamente menos adaptados que los países que sufren calor extremo con regularidad. Además, una mayor penetración del aire acondicionado ayuda a contener las pérdidas de productividad, así como el tiempo de desplazamiento.
De acuerdo con esto, Italia es el país menos sensible al calor extremo en este ámbito, seguido de España, ambos con una alta penetración del aire acondicionado y un número elevado de días calurosos históricos que se traduce en una alta aclimatación. Polonia, por el contrario, es el país más sensible al calor extremo entre los analizados, lo que implica que Polonia sufre aproximadamente 3,4 veces más pérdida de productividad por un día caluroso que Italia.
Además, las pérdidas agrícolas (con una caída prevista de la producción agrícola de la UE de entre el 3 % y el 7 %) y el aumento de los precios de los alimentos derivado de ellas, la restricción de la generación eléctrica y el encarecimiento de la electricidad, así como las interrupciones en carreteras, ferrocarriles y vías navegables interiores, se suman a estos daños.
Por su parte, España concentra la mayor superficie forestal quemada de la Unión Europea este verano, con 139.809 hectáreas calcinadas hasta el 22 de julio, según el sistema europeo de monitorización de incendios EFFIS
«Este verano demuestra que el cambio climático no es un riesgo económico lejano. El calor extremo que vivimos este verano muestra de forma concreta cómo el cambio climático afectará a las vidas, a las personas trabajadoras y a la prosperidad en toda Europa», afirma Hans Stegeman, economista jefe de Triodos Bank. «Para 2026, la pérdida de un 1,1 % del PIB supondría estancamiento. Es un coste real, pero no una catástrofe. Sin embargo, el calor extremo de este año es sólo un anticipo de lo que está por venir si no actuamos con rapidez y determinación frente al cambio climático. Lo más eficaz que podemos hacer para reducir estos costes es mitigarlo, lo que significa cambiar nuestros estilos de vida y transformar nuestras economías para consumir menos energía y recursos.»
Francia es el país más afectado
El impacto varía considerablemente según el país. Francia podría ver reducido su crecimiento del PIB en 1,5 puntos porcentuales, lo que podría traducirse en una contracción del 0,7 %. Italia, España y, en menor medida, Bélgica también se enfrentan a pérdidas considerables. En los Países Bajos, una reducción estimada de 0,9 puntos porcentuales en el crecimiento del PIB dejaría la economía prácticamente estancada, mientras que Polonia se ve menos afectada porque se estima que experimentará menos días de calor excepcional.
La adaptación no basta
Algo debería haber ocurrido ya. Un verano tan caluroso, tan visible y tan costoso debería haber sido el momento en el que la abstracción termina. En lugar de modelizar lo que podrían significar los daños climáticos en un futuro lejano, vemos cómo arden extensiones enormes mientras se cierran centrales eléctricas por falta de agua. Éste debería ser el tipo de shock que hace que actúen las personas y las instituciones que las representan.
Pero no ha ocurrido nada. El 17 de julio, más o menos cuando EFFIS registraba cifras récord de hectáreas quemadas y los ministerios de sanidad contaban sus muertos, la Comisión Europea presentó una propuesta que debilita el principal instrumento de fijación de precios del carbono de la UE, lo que suaviza la trayectoria del límite de emisiones a lo largo de la década de 2030. El motivo alegado fue la competitividad.
Este es un patrón que merece la pena señalar. El daño climático ralentiza la economía mientras la respuesta política consiste en relajar precisamente la política destinada a evitar ese daño, en nombre de proteger el crecimiento. Como consecuencia, las emisiones y la exposición aumentan y la siguiente ola de calor, sobre una base más caliente, cuesta más. Llamemos a esto lo que es, un bucle fatal. No porque nadie niegue que lo ocurrido este verano (los datos que utilizamos en este informe no son objeto de disputa seria), sino porque la lógica económica que produjo el cambio climático actual se trata como sacrosanta, incluso cuando el daño que provoca resulta innegable.
Europa todavía tiene cierto margen para romper ese bucle. La aritmética de este informe todavía no es catastrófica (una economía que crece al 1,1 % y pierde otro 1,1 % resulta dolorosa, pero todavía existe). Estos daños se acumulan y se acelerarán si no actuamos. Cada año de adaptación sin mitigación es un año que se toma prestado contra una base más caliente, y cada política relajada para proteger la cifra de crecimiento de este año es un subsidio pagado por quien se enfrente a la próxima ola de calor.
Triodos Bank aboga por medidas de adaptación, como edificios mejor aislados, infraestructuras resilientes al clima, horarios de trabajo ajustados y un acceso más equitativo a la refrigeración. Sin embargo, la adaptación solo puede reducir parte de las pérdidas. Lo único que puede evitar esos costes es una mitigación firme del cambio climático. La entidad financiera insta a los responsables políticos a combinar una descarbonización rápida con políticas de gestión de la demanda que moderen el uso total de energía y materiales, para evitar un círculo vicioso en el que el daño climático debilita el crecimiento y, en respuesta, se relaja la política climática.
La disyuntiva a la que se enfrenta la ciudadanía europea, europeos y sus responsables políticos no es si pagar por un verano como éste porque el daño ya está aquí. La disyuntiva que tenemos es continuar con la suscripción de veranos cada vez más costosos, retrasar nuestros esfuerzos por mitigar el cambio climático, o, por el contrario, empezar a tratar el cambio climático como la emergencia ardiente (literalmente) que representa para nuestro bienestar y nuestras economías.
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