La aplicación de sensores avanzados y sistemas de inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta relevante para anticipar situaciones de riesgo y favorecer que las personas mayores mantengan su autonomía durante más tiempo.
Investigadores de la Universidad de Málaga (UMA) y la Universidad de Zaragoza trabajan en un proyecto nacional destinado a crear una nueva generación de objetos inteligentes capaces de recopilar información sobre la movilidad, el estado físico y el bienestar emocional de sus usuarios.
La iniciativa resulta especialmente significativa ante el progresivo envejecimiento de la población y la necesidad de desarrollar soluciones que permitan prestar una atención más preventiva, personalizada y accesible, particularmente en zonas rurales o con dificultades para acceder a servicios especializados.
Tecnología al servicio de la autonomía personal
El proyecto está coordinado por investigadores del Instituto de Investigación en Ingeniería Mecatrónica y Sistemas Ciberfísicos de la Universidad de Málaga, en colaboración con especialistas de la Universidad de Zaragoza.
Los equipos diseñarán dispositivos que combinarán sensores táctiles, componentes electrónicos y algoritmos de inteligencia artificial. El objetivo será transformar los datos obtenidos durante su uso cotidiano en indicadores que puedan ayudar a identificar alteraciones relacionadas con la salud, la movilidad o el estado emocional.
Este enfoque coincide con las líneas de trabajo de Fundación Edad&Vida, que defiende la innovación tecnológica como una herramienta para mejorar el bienestar integral de las personas mayores y promover modelos de atención centrados en sus necesidades, preferencias y proyectos de vida.
La entidad trabaja para favorecer un envejecimiento activo, digno y saludable, impulsando soluciones que refuercen la independencia y permitan a las personas permanecer en su entorno habitual siempre que sea posible.
Un bastón capaz de identificar situaciones de estrés
Una de las principales líneas de investigación será el desarrollo de un bastón inteligente con capacidad para detectar posibles situaciones de estrés mientras la persona camina.
El reto tecnológico reside en diferenciar las señales fisiológicas relevantes de las interferencias producidas por el movimiento natural de la marcha. Para conseguirlo, los investigadores desarrollarán nuevos algoritmos que compensen esas alteraciones y permitan obtener datos fiables en condiciones reales.
El dispositivo podría aportar información complementaria sobre la experiencia de la persona durante sus desplazamientos y ayudar a detectar circunstancias que afecten a su seguridad o bienestar.
Según Fernando Vidal, investigador principal del proyecto en la UMA junto con Andrés Trujillo, las tecnologías asistenciales pueden contribuir a conservar la autonomía y mejorar la calidad de vida, sobre todo en territorios dispersos donde la atención presencial resulta más compleja.
Una alfombra para analizar la forma de caminar
Los investigadores también crearán una alfombra inteligente equipada con sensores táctiles de gran superficie. Este sistema permitirá estudiar la manera de caminar y detectar variaciones en la pisada, el equilibrio o la distribución del peso.
La marcha constituye un indicador relevante del estado funcional, ya que sus modificaciones pueden estar relacionadas con determinadas patologías, con una pérdida progresiva de movilidad o con el deterioro asociado al envejecimiento.
La información obtenida podría facilitar la identificación temprana de ciertos cambios y servir como apoyo para profesionales sanitarios, cuidadores y familiares. No obstante, estas herramientas deberán concebirse como un complemento de la valoración profesional y no como un sustituto de la atención humana.
Esta combinación de prevención, seguimiento y personalización encaja con el planteamiento defendido por Fundación Edad&Vida para avanzar hacia servicios más anticipativos y centrados en la persona.
Una silla sensorizada para estudiar el bienestar emocional
La tercera solución será una silla capaz de registrar patrones de postura y movimiento mediante sensores integrados.
El análisis de estos comportamientos podría proporcionar información relacionada con el bienestar emocional y la salud mental. Sus posibles aplicaciones no se limitarían a la atención de las personas mayores, sino que también podrían extenderse a centros educativos, espacios de trabajo y otros entornos comunitarios.
El grupo de la Universidad de Zaragoza aportará su experiencia en sensores táctiles de gran superficie, mientras que los especialistas de la Universidad de Málaga se encargarán de su caracterización y de la integración de los componentes en sistemas inteligentes.
Innovación accesible y centrada en las personas
Para Fundación Edad&Vida, la incorporación de tecnología a los cuidados debe orientarse a responder a las necesidades reales de las personas y a reforzar aspectos como la seguridad, la autonomía, la prevención y la permanencia en el domicilio.
La fundación ha defendido anteriormente el potencial de la tecnología sanitaria para facilitar el seguimiento remoto y adaptar la atención domiciliaria a las necesidades físicas, psicológicas y sociales de cada persona. También subraya que estas soluciones deben complementar el acompañamiento profesional y humano, no reemplazarlo.
El proyecto de las universidades de Málaga y Zaragoza representa, en este contexto, un ejemplo de cómo la colaboración entre distintas disciplinas puede generar herramientas destinadas a afrontar los retos derivados del cambio demográfico.
El desarrollo de dispositivos sencillos, utilizables en entornos cotidianos y capaces de ofrecer información preventiva puede contribuir a construir un modelo de envejecimiento más autónomo, saludable e inclusivo, siempre que su diseño garantice la accesibilidad, la protección de los datos y la participación de las propias personas mayores.
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