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La gestión eficiente del agua se ha convertido en un reto estratégico para las industrias de Latinoamérica ante el aumento del estrés hídrico y la necesidad de compatibilizar crecimiento económico y sostenibilidad. Según datos recogidos en el Ecolab Watermark Study 2025, para 2030 el mundo podría enfrentarse a un déficit proyectado del 56% en el agua disponible, mientras que actualmente solo el 20% de las aguas residuales industriales se reutiliza.
El desafío adquiere especial importancia en países como Perú, Colombia, Chile y México, donde diferentes territorios afrontan una creciente presión sobre sus recursos hídricos y la actividad industrial desempeña un papel relevante en su gestión.
“Consideramos las aguas residuales como una falla de ingeniería y una oportunidad perdida para el crecimiento empresarial. En Ecolab creemos que, aplicando analítica de datos y ajustes de precisión, podemos lograr que los sistemas industriales consuman el mínimo recurso posible, garantizando que el progreso tecnológico no comprometa el acceso al agua en nuestras comunidades locales”, explica Sergio Cepeda, Líder de Cluster de Ecolab.
Cinco claves para mejorar la eficiencia hídrica
Ecolab señala cinco ámbitos en los que las industrias de la región pueden actuar para optimizar su consumo de agua y reducir posibles pérdidas operativas.
Medir antes de gestionar. Disponer de información precisa sobre el consumo permite detectar ineficiencias y establecer prioridades. La instalación de medidores por áreas, la monitorización en tiempo real y las auditorías hídricas periódicas ayudan a identificar dónde se producen las mayores pérdidas y dónde resulta prioritario actuar.
Reutilizar el agua de proceso. Una gestión más eficiente del agua utilizada en los procesos productivos puede contribuir a disminuir tanto el consumo hídrico como las necesidades energéticas y las emisiones asociadas. Según los datos incluidos en la nota de prensa, estas medidas pueden reducir el consumo de agua hasta en un 44%, el uso de energía en un 22% y las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 12%.
Aplicar inteligencia artificial y analítica avanzada. Las herramientas digitales permiten ajustar los sistemas industriales en tiempo real para optimizar el uso de los recursos sin comprometer la productividad. La analítica de datos facilita además la identificación de patrones y oportunidades de mejora en las operaciones.
Proteger la calidad del agua. La eficiencia no depende únicamente de reducir el volumen consumido. Tecnologías como 3D TRASAR de Ecolab buscan controlar la calidad del agua en sistemas críticos, prevenir problemas de contaminación cruzada y contribuir a prolongar la vida útil de las infraestructuras.
Trabajar a escala de cuenca. La compañía destaca que el estrés hídrico requiere un enfoque territorial que vaya más allá de los límites de cada instalación. La colaboración entre empresas, comunidades y otros actores vinculados a una misma cuenca puede contribuir a proteger las fuentes compartidas y mejorar la resiliencia hídrica a largo plazo.
Del compromiso a los resultados
“El desafío es pasar de las declaraciones a los resultados. Hoy existen tecnologías que permiten medir, optimizar y reducir el uso del agua en industrias, data centers y procesos productivos. Las empresas que las adopten no sólo protegerán el recurso más importante, también fortalecerán su competitividad y su relación con consumidores cada vez más exigentes con la sostenibilidad”, añade Cepeda.
La percepción de los consumidores refuerza también la importancia de la gestión hídrica para las compañías. Según el Ecolab Watermark Study 2025, el 83% de los latinoamericanos considera fundamental reducir, reutilizar y reciclar el agua para avanzar hacia la sostenibilidad a largo plazo.
Además, el 74% afirma haber cambiado de marca por razones ambientales, mientras que solo el 48% confía en que las empresas cumplen sus promesas relacionadas con el ahorro de agua.
En este contexto, mejorar la eficiencia hídrica trasciende la dimensión estrictamente ambiental y se vincula también con la continuidad operativa, la competitividad, la reputación corporativa y la relación de las empresas con las comunidades y los consumidores.
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