Durante años, las estrategias de sostenibilidad de las empresas han puesto el foco en la energía, el transporte, los envases o las materias primas, dejando en segundo plano una categoría presente en prácticamente todas las organizaciones: los uniformes, la ropa laboral y el merchandising corporativo. Impact Tailors ha nacido para actuar precisamente sobre ese “punto ciego”.
La empresa española, fundada en 2025 por Marisa Selfa, diseña y produce colecciones corporativas con criterios de ecodiseño, materiales responsables y circularidad. Su propuesta parte de una idea sencilla: una prenda utilizada durante ocho horas al día no debería considerarse únicamente un coste operativo, sino también una extensión de la marca y una oportunidad para disminuir su impacto ambiental.
El contexto explica la urgencia. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente calcula que cada año se generan alrededor de 92 millones de toneladas de residuos textiles, mientras que el sector representa entre el 2% y el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Además, menos del 1% de los materiales empleados en ropa vuelve a convertirse en nuevas prendas, una muestra de la todavía limitada circularidad de la industria.
Del “punto ciego” ESG a una estrategia de marca
Impact Tailors estructura su modelo alrededor de un triple impacto positivo. El primer eje consiste en sustituir tejidos convencionales por alternativas orgánicas, recicladas o de menor huella, contribuyendo así a reducir las emisiones indirectas —o de Alcance 3— asociadas a las compras de las empresas. El segundo es un programa de recogida de prendas usadas, mediante el que los uniformes se clasifican para su reciclaje, reutilización creativa o transformación en otros productos. El tercero está vinculado a su pertenencia a 1% for the Planet, iniciativa que compromete a sus miembros a donar al menos el 1% de sus ventas anuales a organizaciones medioambientales verificadas.
La compañía acompaña este planteamiento con una visión procedente del mundo de la moda. Selfa acumula más de 25 años de experiencia y ha desempeñado cargos de responsabilidad en firmas como Levi’s, Adidas, Timberland, Ecoalf, North Sails y National Geographic Retail. Ese recorrido se traslada ahora a un mercado tradicionalmente condicionado por el precio, la rapidez y la funcionalidad, pero no siempre por el diseño o el análisis completo del ciclo de vida.
Sus colecciones se adaptan a sectores como hoteles y restauración, turismo y ocio, sanidad, wellness, viajes, eventos y regalos corporativos. Para hostelería propone siluetas personalizadas, tejidos resistentes y detalles pensados para la comodidad de los distintos perfiles profesionales. En turismo, las prendas pueden inspirarse en los colores, texturas y cultura del destino, con materiales ligeros y transpirables. En salud y bienestar, su galería incorpora uniformes médicos y propuestas para spa, mientras que en eventos plantea productos concebidos para perdurar más allá de una acción puntual, junto con embalajes reutilizables y merchandising de menor impacto.
Según su kit de prensa, entre las referencias con las que ha trabajado o mantiene presencia activa se encuentran Grupo Eulen, la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid, Grupo Wohoo, Four Seasons Mallorca y el restaurante ISA. La firma ha comenzado su desarrollo en Europa y contempla su expansión hacia Estados Unidos y Latinoamérica.
De las algas y el caqui a las redes de pesca regeneradas
Uno de los principales elementos diferenciales de Impact Tailors es su catálogo de materiales textiles innovadores. Junto al algodón orgánico, los tejidos naturales, el corcho y el plástico reciclado, la compañía trabaja con fibras procedentes de algas, residuos agrícolas, frutos y otras materias primas vegetales.
Entre ellas se encuentra SeaCell, una fibra celulósica que incorpora algas a una base de madera y que puede utilizarse en mezclas destinadas a prendas suaves y transpirables. La propia compañía ha desarrollado camisetas que combinan algodón orgánico y algas, buscando trasladar estas innovaciones a productos corporativos de uso cotidiano.
También figuran materiales como ECONYL, un nailon regenerado a partir de residuos pre y posconsumo, entre ellos redes de pesca, restos textiles y antiguas moquetas; y TENCEL Lyocell, una fibra obtenida de madera procedente de fuentes gestionadas responsablemente y fabricada mediante un proceso de circuito cerrado que, según su productor, recupera el 99,8% del disolvente empleado.
La apuesta se extiende a soluciones de origen local como persiSKIN Vegan, un material desarrollado en la Comunidad Valenciana a partir de caquis y excedentes agrícolas, concebido como alternativa vegetal al cuero animal y a determinados revestimientos sintéticos. Estas propuestas muestran cómo los residuos alimentarios pueden convertirse en recursos para moda, accesorios, tapicería o productos corporativos.
Impact Tailors completa cada proyecto con la posibilidad de elaborar un informe de impacto, destinado a cuantificar indicadores como emisiones, consumo de agua y residuos evitados frente a alternativas convencionales. Su reto será consolidar métricas comparables, trazables y verificables, pero su planteamiento anticipa un cambio relevante: que el uniforme deje de ser una compra invisible y pase a formar parte de la estrategia ambiental, reputacional y cultural de las organizaciones.
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