Las expectativas de los españoles con respecto a la transición energética han cambiado en los últimos cuatro años. Actualmente, valoran especialmente la menor dependencia del petróleo y el gas importados, seguida de la posibilidad de disfrutar de unos precios energéticos más estables o reducidos, mientras que la ralentización del cambio climático ocupa el tercer lugar. Esta es la principal conclusión para España de la VIII Encuesta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) sobre el Clima, publicada el 5 de noviembre de 2026.
- La independencia energética gana protagonismo entre las prioridades ciudadanas
- El aumento del precio de la energía afecta al poder adquisitivo de seis de cada diez españoles
- La movilidad también cambia por el encarecimiento energético
- La transición energética genera expectativas positivas sobre el empleo, pero persisten las dudas sobre su coste
- Ocho de cada diez españoles apuestan por las energías renovables
- Los españoles prefieren una industria europea de tecnologías limpias
- Más de la mitad de los españoles cree que puede contribuir personalmente a la transición
- El aislamiento de viviendas lidera las inversiones domésticas vinculadas a la transición
- El precio es el principal obstáculo para invertir en tecnologías limpias
- Uno de cada cinco españoles ha sufrido costes económicos por fenómenos meteorológicos extremos
- El BEI refuerza la financiación de redes eléctricas y almacenamiento en España
La encuesta, realizada por Ipsos bva a 23.000 personas de los 27 Estados miembros de la Unión Europea (UE), de las cuales 1.000 residen en España, pone de manifiesto un cambio respecto a 2022, cuando la lucha contra el cambio climático encabezaba las ventajas que los españoles asociaban al abandono de los combustibles fósiles. Este desplazamiento de las prioridades refleja la creciente importancia que adquieren la seguridad del suministro, la autonomía estratégica y el impacto de los precios energéticos sobre la economía de los hogares.
Tres de cada cuatro españoles (76 %) consideran que la transición energética es una cuestión urgente para su país, prácticamente en línea con la media europea (75 %). En concreto, el 22,4 % la califica como muy urgente y el 53,8 % como bastante urgente, mientras que el 17,8 % no considera que exista una urgencia especial para acometer este proceso.
La comparación con 2022 evidencia una transformación en las expectativas ciudadanas. Hace cuatro años, la lucha contra el cambio climático encabezaba la lista de ventajas en España y en otros dieciocho Estados miembros. Actualmente, la menor dependencia de las importaciones de petróleo y gas ocupa el primer lugar en España y otros quince países, los precios energéticos lideran las preferencias en ocho y el clima mantiene la primera posición en tres: Suecia, Malta y Luxemburgo.
No obstante, la preocupación ambiental continúa teniendo un peso significativo. El 80 % de los españoles espera que la transición energética contribuya a ralentizar el cambio climático, reducir la contaminación y disminuir los problemas de salud asociados, frente al 76 % de la media europea.
“La transición energética es clave para que Europa se libere de su dependencia de los combustibles fósiles”, ha afirmado la presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño. “El Grupo BEI está comprometido con la transición energética y con el refuerzo de la autonomía estratégica de Europa, con redes, almacenamiento y tecnologías limpias fabricadas en Europa”.
La independencia energética gana protagonismo entre las prioridades ciudadanas
La preocupación por la autonomía energética también se manifiesta al analizar los riesgos de una transición demasiado lenta. El 82 % de los españoles considera que retrasar este proceso aumentaría la dependencia del petróleo y el gas importados, cuatro puntos por encima de la media europea. Asimismo, el 81 % advierte del riesgo de un incremento a largo plazo de los precios de la energía y del coste de la vida, frente al 79 % del conjunto de la UE.
En paralelo, el 69 % de la población española asegura que se sentiría más orgullosa de ser europea si la Unión Europea alcanzara la independencia energética, un porcentaje superior al promedio comunitario del 62 %. Esta percepción pone de relieve la conexión que establece una parte importante de la ciudadanía entre la transición energética y el fortalecimiento del proyecto europeo.
Sin embargo, los resultados también muestran cierta incertidumbre respecto a la capacidad real de alcanzar este objetivo. El 41,2 % de los españoles confía en que la UE consiga la independencia energética mediante la transición, frente al 50,3 % que manifiesta poca o ninguna confianza. En concreto, únicamente el 6,4 % se declara muy confiado y el 34,8 % bastante confiado, mientras que el 38,9 % expresa poca confianza y el 11,4 % ninguna.
Esta diferencia entre la importancia atribuida a la autonomía energética y la confianza en su consecución constituye uno de los aspectos relevantes del estudio, al reflejar que el apoyo a los objetivos de la transición no siempre se traduce en optimismo sobre su cumplimiento.
El aumento del precio de la energía afecta al poder adquisitivo de seis de cada diez españoles
El impacto económico de la energía constituye otro de los grandes ejes de la encuesta. El 60,5 % de los españoles afirma que el incremento de los precios del gas, los carburantes, el gasóleo de calefacción o la electricidad ha reducido significativamente su poder adquisitivo durante los últimos doce meses.
De ese porcentaje, el 17,3 % considera que la pérdida de capacidad adquisitiva ha sido muy significativa y el 43,1 % bastante significativa. Por el contrario, el 32,8 % declara haber experimentado un impacto reducido o inexistente.
Esta preocupación económica se produce en un contexto en el que el coste de la vida figura entre los principales problemas identificados por la ciudadanía. Según los resultados del Excel, el 45,1 % de los españoles señala el encarecimiento de la vida entre los tres mayores desafíos que afronta el país, mientras que el 53 % menciona el acceso a la vivienda y el 40,6 % la inmigración a gran escala.
En términos de comportamiento cotidiano, el 31 % de los españoles reconoce haber reducido los gastos en alimentación o salud para llegar a fin de mes como consecuencia del incremento de los precios energéticos, frente al 38 % de la media europea. Otro 31 % afirma haber bajado la calefacción de su vivienda, en comparación con el 34 % registrado en la UE.
Las dificultades económicas han llevado a una parte de los encuestados a adoptar medidas adicionales. El 12 % reconoce haberse endeudado, solicitado ayuda económica o aplazado el pago de alguna factura energética, frente al 16 % de los europeos.
Los resultados reflejan que, aunque los hogares españoles han recurrido a determinadas medidas de ahorro en menor proporción que la media comunitaria, el encarecimiento energético continúa condicionando sus decisiones de consumo y su capacidad para afrontar gastos esenciales.
La movilidad también cambia por el encarecimiento energético
La encuesta identifica modificaciones significativas en los hábitos de movilidad. El 54 % de los españoles asegura haber cambiado su manera de utilizar el coche debido al incremento de los precios de la energía, frente al 60 % de la media europea.
En concreto, el 23 % ha reducido desplazamientos destinados a cubrir necesidades básicas, como realizar compras, acudir a citas médicas o efectuar gestiones administrativas. Asimismo, el 22 % ha renunciado a escapadas de fin de semana, vacaciones o visitas a familiares y amigos, mientras que el 18 % ha comenzado a conducir más despacio para ahorrar combustible.
Por otro lado, el 28 % ha sustituido desplazamientos individuales en automóvil por alternativas como el vehículo compartido, el transporte público o la bicicleta, una proporción superior al 22 % registrado en el conjunto de la Unión Europea.
Estos resultados muestran cómo el coste energético influye tanto en las decisiones de movilidad obligatoria como en los desplazamientos vinculados al ocio y las relaciones personales. También revelan una mayor utilización de alternativas al automóvil individual entre los encuestados españoles que en la media europea, en respuesta al encarecimiento de los combustibles.
La transición energética genera expectativas positivas sobre el empleo, pero persisten las dudas sobre su coste
Más allá de la seguridad energética y el impacto ambiental, la encuesta analiza las expectativas económicas y laborales asociadas al proceso de descarbonización.
Según los datos completos del estudio, el 34,8 % de los españoles considera que la transición energética creará más puestos de trabajo de los que destruirá, mientras que el 22,4 % opina que provocará una pérdida neta de empleo. Otro 18,1 % cree que tendrá un efecto neutro y el 24,6 % no sabe anticipar sus consecuencias laborales.
Entre los jóvenes de 16 a 24 años, el optimismo es más elevado: aproximadamente el 45,9 % espera que la transición genere más empleo del que se pierda, por encima del porcentaje registrado entre el conjunto de la población española.
Estos resultados sugieren que una parte de la ciudadanía identifica oportunidades laborales vinculadas a la transformación del modelo energético, aunque también evidencian la existencia de incertidumbre sobre sus efectos en el mercado de trabajo.
Las expectativas son más diversas cuando se pregunta por la evolución futura de las facturas energéticas. El 31,2 % cree que la transición energética aumentará su factura, frente al 26,7 % que espera una reducción. Otro 25,1 % considera que el importe permanecerá aproximadamente igual y el 16,9 % no sabe qué impacto tendrá.
La diferencia entre estas percepciones refleja que el respaldo general a la transición energética convive con dudas acerca de sus consecuencias económicas más inmediatas, especialmente sobre los costes que deberán asumir los hogares.
Ocho de cada diez españoles apuestan por las energías renovables
Para avanzar en la transición energética, el 82 % de los españoles considera prioritario impulsar las energías renovables, frente al 78 % de la media europea.
La energía solar concentra el mayor respaldo, con un 65,8 % de menciones, muy por encima del 52 % registrado en la UE. Le sigue la energía eólica, que cuenta con el apoyo del 44,4 % de los encuestados españoles, frente al 37 % europeo.
El desglose del Excel permite ampliar las preferencias sobre las distintas tecnologías energéticas. La energía hidroeléctrica es mencionada por el 15,7 % de los españoles, seguida de la energía geotérmica, con el 4,8 %, y la obtenida a partir de madera o residuos orgánicos, incluido el biogás, con el 5 %.
Por su parte, la energía nuclear recibe el respaldo del 18,5 % de los participantes, mientras que los combustibles fósiles concentran porcentajes inferiores: el gas natural es mencionado por el 8,6 %, el petróleo por el 4,8 % y el carbón por el 1,9 %.
En conjunto, el 87,9 % de los encuestados españoles menciona al menos una fuente de energía baja en carbono entre sus preferencias. Los resultados permiten observar una inclinación mayoritaria hacia las tecnologías renovables, especialmente la solar y la eólica, aunque también existe respaldo a otras fuentes de generación.
Los españoles prefieren una industria europea de tecnologías limpias
La autonomía estratégica también ocupa un lugar relevante al preguntar por las herramientas necesarias para desarrollar la transición energética.
El 61,2 % de los españoles prefiere que Europa construya una industria competitiva de tecnologías limpias capaz de fabricar sus propios equipos, aunque ello implique mayores plazos de desarrollo. Frente a esta posición, el 24,4 % opta por desplegar rápidamente tecnologías limpias, incluso mediante la importación de equipos, para reducir antes las emisiones y las facturas energéticas.
Cuando se pregunta específicamente por los equipos y componentes que Europa no puede fabricar por sí misma, el 50,1 % apuesta por producir dentro del continente tanto como sea posible, aunque suponga más tiempo o mayores costes. En cambio, el 34 % considera preferible establecer alianzas con países externos para garantizar el suministro.
Estas preferencias reflejan la importancia que adquieren cuestiones como la producción industrial europea, la seguridad de las cadenas de suministro y la capacidad tecnológica en el desarrollo de la transición energética.
La cooperación comunitaria también recibe un respaldo significativo. El 67 % de los españoles considera necesario colaborar más estrechamente con otros países, mientras que el 20 % defiende una mayor dependencia de los propios recursos nacionales.
Además, el 65 % preferiría que los Estados miembros pusieran en común recursos para financiar las inversiones necesarias, frente al 24 % que considera que cada país debería asumirlas individualmente. La diferencia de 41 puntos entre ambas posiciones en España supera ampliamente los 28 puntos registrados en la media europea.
Más de la mitad de los españoles cree que puede contribuir personalmente a la transición
La encuesta también analiza la percepción individual sobre la capacidad de participar activamente en la transformación energética.
Según el Excel, el 56,6 % de los españoles considera que puede contribuir de manera activa a la transición energética. De ellos, el 13,7 % está plenamente convencido de poder hacerlo y el 42,9 % cree que probablemente puede participar.
En el extremo contrario, el 28,7 % considera que tiene poca o ninguna capacidad de intervención, mientras que el 14,7 % no sabe si puede contribuir personalmente.
Estos datos muestran que existe una percepción mayoritariamente favorable sobre la implicación individual en el proceso, aunque una parte considerable de la población todavía no identifica con claridad su capacidad para participar.
El aislamiento de viviendas lidera las inversiones domésticas vinculadas a la transición
Uno de los apartados más amplios de la encuesta se centra en las inversiones realizadas por los ciudadanos para mejorar la eficiencia energética de sus hogares y modificar sus hábitos de consumo.
Los resultados revelan que el 59,3 % de los españoles declara haber realizado al menos una de las inversiones analizadas, mientras que el 83,8 % afirma haber realizado alguna o tener previsto hacerlo.
Entre las actuaciones ya ejecutadas destaca el aislamiento térmico de viviendas, llevado a cabo por el 30,7 % de los encuestados. Le siguen la sustitución de calderas de gas o gasóleo por sistemas eléctricos, con un 20,9 %, y la instalación de bombas de calor, con un 19,9 %.
La adquisición de vehículos eléctricos o híbridos enchufables aparece en el 12,7 % de las respuestas, mientras que la instalación de paneles solares alcanza el 12,6 %. Por su parte, el 11,2 % declara haber invertido en bicicletas eléctricas y el 10,8 % en estufas eficientes de leña o pellets.
El estudio también identifica un importante potencial de inversión futura. El 39,6 % de los españoles manifiesta su intención de adquirir un vehículo eléctrico o híbrido enchufable durante los próximos tres años, mientras que el 33,6 % prevé instalar paneles solares.
En materia de rehabilitación y eficiencia energética, el 31,6 % tiene previsto invertir en aislamiento de viviendas y el 20,8 % en bombas de calor. Además, el 21,7 % contempla sustituir su sistema de calefacción por una caldera eléctrica.
Si se suman quienes ya han realizado estas inversiones y quienes prevén llevarlas a cabo, el aislamiento de viviendas alcanza el 62,3 % de los encuestados, los vehículos eléctricos o híbridos enchufables el 52,4 % y los paneles solares el 46,2 %.
Estas cifras muestran que las actuaciones destinadas a mejorar la eficiencia energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles forman parte de los planes de una proporción significativa de hogares españoles.
El precio es el principal obstáculo para invertir en tecnologías limpias
Pese al interés por adoptar soluciones energéticas más eficientes, la encuesta pone de manifiesto diferentes barreras que dificultan su implantación.
El coste económico constituye el principal impedimento, señalado por el 52,3 % de los españoles cuando se les pregunta qué les frena a la hora de invertir en tecnologías como bombas de calor, vehículos eléctricos o medidas de aislamiento.
La segunda dificultad más mencionada es la ausencia de soluciones adaptadas a las características de la vivienda o a las circunstancias personales, identificada por el 22,2 % de los participantes.
A continuación, el 18,9 % señala la falta de información o acompañamiento, mientras que el 18,2 % considera que estas inversiones no generarían el ahorro económico esperado.
La insuficiencia de puntos de recarga eléctrica cerca del domicilio o del lugar de trabajo supone una barrera para el 17,9 % de los encuestados. Asimismo, el 15 % menciona la existencia de normas o restricciones que dificultan introducir mejoras en viviendas o edificios.
Otros obstáculos tienen una presencia inferior. El 8,3 % considera que determinadas inversiones tendrían un impacto limitado sobre el cambio climático, mientras que el 6,1 % reconoce que no desea modificar sus hábitos.
Estos resultados ponen de relieve que la transición energética de los hogares no depende únicamente de la disposición ciudadana, sino también de factores relacionados con la asequibilidad, el acceso a información, la disponibilidad de infraestructuras y las condiciones técnicas de las viviendas.
La información del estudio apunta, por tanto, a la importancia de facilitar soluciones adaptadas a las necesidades de los ciudadanos y reducir las barreras económicas y prácticas que dificultan la adopción de tecnologías limpias.
Uno de cada cinco españoles ha sufrido costes económicos por fenómenos meteorológicos extremos
La encuesta también incorpora información sobre las consecuencias económicas de los fenómenos meteorológicos extremos.
Según los resultados del estudio, el 19,9 % de los españoles afirma haber sufrido pérdidas o costes económicos durante los últimos cinco años como consecuencia de inundaciones, sequías, tormentas, incendios u otros episodios meteorológicos extremos.
Entre los impactos considerados figuran el incremento de los costes de los seguros, las reparaciones y la necesidad de sustituir bienes dañados. Por el contrario, el 70,6 % declara no haber experimentado este tipo de costes y el 9,5 % no sabe precisar si se ha visto afectado.
Este indicador aporta una perspectiva adicional a la relación entre transición energética y cambio climático, al mostrar que una parte de la población española ya identifica consecuencias económicas directas asociadas a fenómenos extremos.
El BEI refuerza la financiación de redes eléctricas y almacenamiento en España
El Grupo BEI es uno de los principales financiadores de la transición y la seguridad energéticas de España. Solo en 2025, destinó una cifra récord de 1.900 millones de euros a financiar redes eléctricas y sistemas de almacenamiento.
Según la entidad, uno de cada dos euros invertidos en España durante ese ejercicio en estas redes procedió de la financiación del BEI.
La institución participa en proyectos destinados a digitalizar las redes eléctricas, instalar contadores inteligentes, reparar los daños ocasionados por las inundaciones de 2024 e implantar sistemas de almacenamiento de energía.
Asimismo, financia la interconexión estratégica entre las redes eléctricas española y europea a través del golfo de Vizcaya, un proyecto que duplicará la capacidad de intercambio entre Francia y España y contribuirá a reducir el aislamiento energético de la península ibérica.
Más allá de las infraestructuras eléctricas, el BEI también financia proyectos de generación de energías renovables, iniciativas de eficiencia energética en los sectores comercial y residencial y empresas dedicadas al desarrollo de tecnologías limpias, entre ellas Ingeteam.
En conjunto, el Grupo BEI realizó en España operaciones de financiación e inversión por un importe aproximado de 11.000 millones de euros durante 2025, a los que se sumaron otros 2.900 millones canalizados a través del Fondo de Resiliencia Autonómica, vinculado a los fondos europeos NextGenerationEU.
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