El mieloma múltiple afronta una etapa marcada por tratamientos más prolongados, nuevas terapias y una supervivencia creciente que obliga a reforzar el seguimiento de los pacientes. Coincidiendo con el Día Mundial del Mieloma Múltiple, que se celebra el 5 de septiembre, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos ha publicado un informe en el que analiza la evolución de la enfermedad y el papel de los profesionales farmacéuticos a lo largo de todo el proceso asistencial.
En España se prevén más de 3.500 nuevos diagnósticos en 2026, alrededor del 1,2% de todos los nuevos casos de cáncer. Aunque se trata de una enfermedad poco frecuente, el mieloma múltiple representa aproximadamente el 13% de las neoplasias hematológicas diagnosticadas en el país.
Su evolución varía de forma importante entre pacientes. Algunas personas pueden permanecer durante años sin síntomas, mientras que otras presentan desde el comienzo manifestaciones como dolor y lesiones óseas, anemia, insuficiencia renal, hipercalcemia o una mayor susceptibilidad a las infecciones.
Los avances terapéuticos de los últimos años, especialmente la incorporación de la inmunoterapia y las terapias CAR-T, han permitido mejorar el pronóstico, en particular entre pacientes que presentan recaídas o que no responden a los primeros tratamientos.
Un seguimiento que acompaña todo el tratamiento
La mayor complejidad de las combinaciones farmacológicas y el carácter cada vez más crónico de la enfermedad han ampliado la intervención del farmacéutico. Su labor abarca desde la validación inicial de la terapia hospitalaria hasta la conciliación de la medicación, la educación sanitaria, el control de la adherencia, la identificación de toxicidades y la farmacovigilancia.
En el ámbito hospitalario, el farmacéutico revisa aspectos como el esquema terapéutico, las dosis, la función renal y hepática o las posibles toxicidades asociadas a los tratamientos. También analiza la medicación previa del paciente para detectar incompatibilidades o interacciones.
La llegada de las terapias CAR-T ha añadido nuevas responsabilidades. Se trata de medicamentos de terapia avanzada que requieren una logística específica y una estrecha coordinación entre profesionales durante su preparación, administración y posterior seguimiento.
Otro punto relevante son los tratamientos orales, que trasladan buena parte de la responsabilidad diaria al propio paciente o a sus cuidadores. El farmacéutico puede identificar errores en las pautas, interrupciones inadecuadas, dificultades de adherencia o efectos adversos que comprometan la continuidad del tratamiento.
La farmacia comunitaria, clave en los tratamientos crónicos
Gran parte de la atención a las personas con mieloma múltiple se desarrolla fuera del hospital. Por ello, el informe destaca también el papel de la farmacia comunitaria, especialmente en pacientes sometidos a tratamientos prolongados y que pueden tomar medicamentos para otras patologías.
La revisión de la medicación permite detectar posibles interacciones entre los fármacos prescritos, productos adquiridos sin receta, complementos alimenticios o preparados de fitoterapia. También ofrece la posibilidad de intervenir ante problemas relacionados con la automedicación.
La educación sanitaria ocupa otro espacio relevante. Comprender para qué sirve cada tratamiento, cómo debe administrarse y qué efectos adversos pueden manejarse en casa resulta fundamental para favorecer la adherencia y reducir riesgos.
El farmacéutico puede reforzar además recomendaciones relacionadas con vacunación, prevención de infecciones, salud bucodental o uso adecuado de analgésicos, cuestiones especialmente importantes en pacientes con mayor vulnerabilidad frente a determinadas complicaciones.
Su posición cercana al paciente facilita igualmente la detección de señales que requieren valoración médica, entre ellas fiebre, sangrados, nuevos dolores óseos, empeoramiento general o síntomas neurológicos.
Evidencias sobre el impacto de la intervención farmacéutica
El informe recoge los resultados de una revisión sistemática de 33 estudios publicada este año, que identifica mejoras consistentes asociadas a la intervención farmacéutica.
Entre ellas figuran una mayor detección y resolución de problemas relacionados con la medicación, un mejor manejo de las interacciones, avances en la coordinación entre niveles asistenciales y una mayor adherencia terapéutica.
La evolución del mieloma múltiple hacia tratamientos más personalizados y sostenidos en el tiempo está modificando también la organización de la atención. Hospital y farmacia comunitaria comparten cada vez más un seguimiento que busca que los avances terapéuticos vayan acompañados de un uso seguro y adecuado de los medicamentos durante todo el recorrido del paciente.
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