Julio Moreno, Responsable de Sostenibilidad en el grupo sanitario Ribera, llegó a este ámbito después de comenzar a colaborar, hace siete años, en diferentes iniciativas de RSE dentro de la organización. La creciente complejidad de la función, unida a su propio interés por el impacto que generan las empresas más allá de su actividad estrictamente económica, terminó llevándole a dedicarse plenamente a la Sostenibilidad. Desde el sector sanitario, reivindica especialmente la necesidad de priorizar: “Cada empresa tiene que saber focalizar sus esfuerzos en aquellas actividades que son más significativas para su ámbito de actuación y para las comunidades a las que sirve”.
- Julio, ¿Cómo comenzó tu vinculación con la Responsabilidad Social y qué te llevó a terminar dedicándote plenamente a la Sostenibilidad?
- En estos años has vivido una transformación importante de la función. ¿Qué diferencia encuentras entre aquella RSE basada fundamentalmente en el compromiso y el escenario actual?
- Esa evolución también ha supuesto profesionalizar estructuras y responsabilidades. ¿Cómo se refleja actualmente dentro de una organización sanitaria como Ribera?
- Corresponsables apareció en tu trayectoria incluso antes de que comenzaras profesionalmente en Sostenibilidad. ¿Cómo recuerdas ese primer contacto y qué papel le atribuyes en la consolidación del sector?
- Mirando estas dos décadas con perspectiva, ¿qué hitos han sido decisivos para pasar de las buenas intenciones a una gestión más estructurada y verificable?
- Desde tu experiencia en el sector sanitario, ¿qué aprendizaje consideras especialmente importante a la hora de decidir dónde debe concentrar una empresa sus esfuerzos?
- ¿Hay alguna experiencia que te haya hecho comprobar que todavía existe una visión demasiado limitada de lo que significa trabajar en Sostenibilidad?
- Cuando se habla de pioneros solemos pensar en grandes corporaciones. Tú introduces también a las pymes y a las empresas familiares. ¿Qué crees que han aportado históricamente?
- En un sector como el sanitario, ¿qué enfoque representa mejor esa nueva manera de comprender los impactos de una organización?
- El futuro inmediato combina tensiones geopolíticas, emergencia climática y una transformación tecnológica acelerada. ¿Dónde situarías los principales desafíos para la Sostenibilidad?
- ¿Y dónde encuentras las principales oportunidades para aquellas organizaciones capaces de afrontar bien esa transformación?
- ¿Qué deberían aportar las nuevas generaciones para llevar esta transformación un paso más allá?
En esta entrevista, realizada en el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Moreno recuerda que conoció el medio hace casi dos décadas, durante su etapa universitaria, y destaca su papel como “vertebrador” de una comunidad empresarial que todavía daba sus primeros pasos en RSE. A su juicio, los Premios Corresponsables y la divulgación de buenas prácticas han contribuido a profesionalizar una función que ha pasado “de la lógica del compromiso a la lógica de la evidencia contrastable”. Una transformación que, en el caso de la sanidad, obliga a ampliar la mirada desde el medioambiente hacia la salud, las personas, la tecnología y el impacto global de las organizaciones.
Julio, ¿Cómo comenzó tu vinculación con la Responsabilidad Social y qué te llevó a terminar dedicándote plenamente a la Sostenibilidad?
La preocupación por el impacto que una empresa tiene en el ámbito en el que opera, más allá del desarrollo de su negocio habitual, siempre ha estado entre mis motivaciones personales a la hora de ocupar cualquier puesto.
Desde el inicio de mi carrera en Ribera, hace ya siete años, comencé a prestar apoyo al desarrollo de iniciativas y trabajos relacionados con la RSE y la Sostenibilidad.
Poco a poco, la complejidad, el aumento de tareas, obligaciones y necesidades del departamento, unido a mi interés personal por estos temas, hizo necesario que pasara a dedicarme a tiempo completo al ámbito de la Sostenibilidad. Así que completé mi formación en la materia y me lancé de lleno a ello.
En estos años has vivido una transformación importante de la función. ¿Qué diferencia encuentras entre aquella RSE basada fundamentalmente en el compromiso y el escenario actual?
Cuando empecé en este ámbito profesional predominaba la lógica del compromiso. En un marco internacional cambiante, las empresas trataban de encontrar su lugar y las iniciativas que mejor se adaptaban a su manera de operar y de comprometerse con acciones específicas, aunque casi siempre desde un enfoque social o solidario.
Hoy, sin embargo, empieza a predominar la lógica de la evidencia contrastable.
Ya no basta tanto con disponer de políticas, objetivos o iniciativas. Cada vez se espera más que existan resultados medibles, que estos puedan ser contrastados y que las empresas demuestren el impacto real de la Sostenibilidad.
También hemos pasado de una RSE voluntaria y poco organizada, muy vinculada a las causas sociales, a una Sostenibilidad incorporada directamente a la estrategia empresarial de una manera ordenada y reglada.
La concienciación de la sociedad en general —clientes, trabajadores y propietarios de las organizaciones— ha conseguido que la responsabilidad de las empresas con sus comunidades deje de ser algo que se hace “además de” para convertirse en una parte integral y fundamental del negocio.
Esa evolución también ha supuesto profesionalizar estructuras y responsabilidades. ¿Cómo se refleja actualmente dentro de una organización sanitaria como Ribera?
La función de RSE y Sostenibilidad se ha profesionalizado enormemente. En las grandes empresas existen actualmente equipos, comités y responsables especializados, con formación específica, que despliegan planes estratégicos y realizan un seguimiento de acciones concretas.
En Ribera contamos con un Comité de Sostenibilidad que eleva sus decisiones al Comité de Dirección y mantiene el contacto y la coordinación con la línea de trabajo en RSE y Sostenibilidad de nuestro accionista mayoritario, Vivalto Santé, así como con el resto de nuestros grupos de interés.
Ese cambio organizativo es importante porque demuestra que la Sostenibilidad ya no puede funcionar como un ámbito aislado. Necesita coordinación, capacidad de decisión y conexión con la estrategia general de la compañía.
Corresponsables apareció en tu trayectoria incluso antes de que comenzaras profesionalmente en Sostenibilidad. ¿Cómo recuerdas ese primer contacto y qué papel le atribuyes en la consolidación del sector?
Conocí a Corresponsables durante mi formación universitaria, hace casi veinte años, mientras preparaba trabajos académicos específicos relacionados con la estrategia empresarial.
Desde el principio, Corresponsables supo dar visibilidad a la RSE cuando todavía era un ámbito minoritario y ha servido como vertebrador de una comunidad empresarial preocupada por la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad.
Los Premios Corresponsables y las buenas prácticas destacadas siempre han sido una referencia para nosotros, animando a avanzar en la profesionalización de un ámbito que no siempre estuvo estructurado dentro de las empresas.
Mirando estas dos décadas con perspectiva, ¿qué hitos han sido decisivos para pasar de las buenas intenciones a una gestión más estructurada y verificable?
Las distintas iniciativas globales son un buen reflejo de la evolución de la RSE, especialmente desde 2015, con el Acuerdo de París, el impulso del Pacto Mundial de Naciones Unidas y, principalmente, la llegada de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.
Estas líneas de trabajo han conseguido impulsar, desde organismos supranacionales, una concienciación global que después se refleja en la acción local de cada empresa.
En el ámbito específico de la Sostenibilidad, sin duda el “apretón” legal de los últimos años a nivel europeo, con normativas como la CSRD o la taxonomía verde, ha marcado la agenda de muchos esfuerzos empresariales.
En este sentido, hemos pasado de una comunicación basada fundamentalmente en el relato a una publicación ordenada de información de Sostenibilidad verificable. Eso aporta seguridad a los grupos de interés sobre las prácticas empresariales y ayuda a prevenir tanto el Greenwashing como la competencia desleal.
Desde tu experiencia en el sector sanitario, ¿qué aprendizaje consideras especialmente importante a la hora de decidir dónde debe concentrar una empresa sus esfuerzos?
La principal lección es que la RSE y la Sostenibilidad son campos enormes en los que pueden desarrollarse cientos de acciones, pero cada empresa tiene que saber priorizar y focalizar sus esfuerzos en aquellas actividades que son más significativas para su ámbito de actuación y para las comunidades a las que sirve.
En Ribera, por ejemplo, el cumplimiento normativo medioambiental está garantizado, pero el principal impacto de la organización se encuentra en los ciudadanos y pacientes a los que atiende.
Por eso, acciones como la promoción de la salud, los planes de humanización de la atención en los hospitales o las iniciativas que unen salud y deporte están en el núcleo de nuestra actividad.
Por otro lado, Ribera emplea a más de 9.000 personas. Los empleados constituyen uno de nuestros principales grupos de interés, por lo que las políticas dirigidas a las personas —incluidos los planes de Igualdad, Diversidad, Accesibilidad, conciliación y promoción del empleo— son otro pilar fundamental de nuestro trabajo en RSE y Sostenibilidad.
¿Hay alguna experiencia que te haya hecho comprobar que todavía existe una visión demasiado limitada de lo que significa trabajar en Sostenibilidad?
Recuerdo una conversación con una compañera poco después de comenzar en el puesto. En una llamada telefónica me preguntó: “Tú eras el nuevo técnico de medioambiente, ¿verdad?”.
Es curioso porque refleja un error muy habitual. Cuando hablamos de Sostenibilidad, muchas personas piensan automáticamente en la dimensión medioambiental y olvidan que existen muchas otras áreas que garantizan la Sostenibilidad y permiten medir el impacto de una empresa en la sociedad.
Como comentaba antes, la dimensión medioambiental no tiene por qué ser siempre la más relevante para una organización concreta, aunque indudablemente sea uno de los desafíos más urgentes a los que nos enfrentamos como sociedad.
Es necesario transmitir una visión completa de todos los ámbitos de la Sostenibilidad y no medir únicamente el éxito en toneladas de CO₂ evitadas cada año.
Cuando se habla de pioneros solemos pensar en grandes corporaciones. Tú introduces también a las pymes y a las empresas familiares. ¿Qué crees que han aportado históricamente?
Huyendo precisamente de los tópicos y de las buenas prácticas de empresas ya consolidadas, destacaría el papel que las pequeñas, medianas y empresas familiares siempre han desempeñado en el ámbito de la RSE.
En estas compañías es habitual que el empresario conozca personalmente a sus trabajadores, esté vinculado a la comunidad, mantenga relaciones de largo plazo con proveedores locales y piense en la continuidad de la empresa para la siguiente generación.
Esa manera de trabajar siempre ha estado ahí.
Lo que ocurría es que no tenía indicadores ESG, ni Memoria de RSC, ni informe GRI, ni Comité de Sostenibilidad, pero en muchos casos refleja precisamente una de las mejores maneras de abordar la Responsabilidad Social.
En un sector como el sanitario, ¿qué enfoque representa mejor esa nueva manera de comprender los impactos de una organización?
Si centramos el ejemplo en la Sostenibilidad aplicada a la sanidad, destacaría sin duda la filosofía One Health y las distintas iniciativas nacionales, internacionales, públicas y privadas que la respaldan.
Se trata de una visión que promueve un modelo de gestión de la salud global construido sobre tres pilares: la salud de las personas, la salud de los animales y la salud del medioambiente.
Esta filosofía representa perfectamente el cambio de paradigma que se ha producido en la RSE durante los últimos años.
Las empresas han dejado progresivamente de preguntarse qué buena acción podrían realizar para empezar a plantearse cuál es el impacto que su propia actividad genera en el exterior.
Y, en el caso de la sanidad, la respuesta es necesariamente holística. La salud medioambiental y animal repercute en la salud de las personas, pero también la manera de actuar de una empresa genera un impacto sobre la salud global.
El futuro inmediato combina tensiones geopolíticas, emergencia climática y una transformación tecnológica acelerada. ¿Dónde situarías los principales desafíos para la Sostenibilidad?
A corto plazo, veo fundamentalmente dos retos.
El primero es reconstruir el consenso internacional sobre los esfuerzos necesarios para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030. El actual clima geopolítico internacional ha derivado hacia un cuestionamiento y un desprestigio constantes de unos objetivos que hace apenas unos años todos los agentes internacionales consideraban prioritarios.
El segundo es la necesidad urgente de preparar y adaptar las empresas para afrontar los desafíos que el cambio climático ya está presentando.
A medio plazo aparece un reto compartido con prácticamente todas las demás áreas de cualquier empresa: el papel de la Inteligencia Artificial.
La IA puede ser de gran ayuda para predecir riesgos climáticos, potenciar la investigación y la innovación en RSE y Sostenibilidad y mejorar la medición de los impactos de las estrategias. Pero también plantea enormes cuestiones de responsabilidad.
Su consumo energético, el impacto sobre el empleo, los sesgos algorítmicos —especialmente sensibles en el ámbito sanitario— o la aplicación segura de las políticas de privacidad son cuestiones en las que la RSE y la Sostenibilidad también necesitan poner el foco.
En Ribera hemos creado recientemente una Oficina de Inteligencia Artificial, con expertos en Sistemas de Información, profesionales del área médica y también especialistas en Sostenibilidad, para ayudar a la empresa en la toma de decisiones y organizar la gobernanza de la aplicación de la IA en el día a día.
¿Y dónde encuentras las principales oportunidades para aquellas organizaciones capaces de afrontar bien esa transformación?
Está claro que la Sostenibilidad y la RSE bien desplegadas se consolidarán como una ventaja competitiva.
La trayectoria y los esfuerzos que desarrollen las empresas en este sentido tendrán reconocimiento en una sociedad cada vez más concienciada.
Además, la transición energética, la economía circular, la movilidad, la gestión del agua y la adaptación climática van a generar enormes oportunidades de eficiencia e innovación dentro de cualquier organización.
¿Qué deberían aportar las nuevas generaciones para llevar esta transformación un paso más allá?
Las nuevas generaciones tienen las bases asentadas, la evidencia científica disponible y muchas oportunidades de trabajo por delante.
Creo que les corresponde elevar el nivel de exigencia actual y aportar una mirada todavía más transversal, rompiendo las fronteras entre Sostenibilidad ambiental, justicia social, tecnología, Diversidad o bienestar.
También deberán utilizar la tecnología con responsabilidad y consolidar el cambio que permita pasar definitivamente de la simple comunicación al impacto real y a la transformación estratégica de las empresas.
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