Daniel Fernández es ingeniero industrial por ICAI y MBA por el IESE. Con una sólida trayectoria en el sector energético, ha desempeñado diferentes responsabilidades directivas en ENGIE España en ámbitos corporativos y de gestión de la energía. Su experiencia se centra en la estrategia, regulación, sostenibilidad, relaciones institucionales y comunicación, impulsando iniciativas vinculadas a la transformación y descarbonización del sistema energético.
- ¿Cuándo y por qué comenzaste a interesarte e involucrarte en el ámbito de la Responsabilidad Social y Sostenibilidad?
- ¿Cómo era el panorama de la RSE cuando comenzaste en comparación con cómo es hoy?
- ¿Cuándo conociste a Corresponsables? ¿Qué papel consideras que ha tenido en el impulso de la RSE en las últimas dos décadas?
- ¿Qué cambios significativos has observado en esta materia desde que comenzaste?
- ¿Cuáles consideras que han sido los hitos más importantes en la evolución de la RSE y la Sostenibilidad en estas dos décadas?
- ¿Qué lecciones has aprendido a lo largo de tu carrera en RSE y Sostenibilidad?
- ¿Tienes alguna anécdota que refleje el espíritu y los desafíos de los primeros años de la RSE?
- ¿Cuáles consideras que han sido los pioneros en esta materia?
- ¿Puedes compartir algún caso de éxito que consideres emblemático en el campo de la RSE?
- ¿Cómo ves el futuro de la RSE y la Sostenibilidad? ¿Qué retos y oportunidades anticipas para las próximas dos décadas?
- ¿Qué papel crees que deben jugar las nuevas generaciones en la continuación de este legado?
¿Cuándo y por qué comenzaste a interesarte e involucrarte en el ámbito de la Responsabilidad Social y Sostenibilidad?
El sector energético siempre ha estado a la vanguardia de los asuntos ESG. Recordemos que una de las primeras actividades afectadas por el comercio de derechos de emisión de CO2 y por la descarbonización fue la producción de electricidad en 2005, cuando inicié mi carrera profesional. A este respecto, he ido de la mano de un sector que tiene la sostenibilidad en su ADN.
La energía tiene enorme incidencia directa en el desarrollo económico y la competitividad, pero debe priorizar el bienestar de las personas y la protección del medioambiente en los entornos donde opera. Esta realidad exige abordar de forma muy responsable tanto la producción y el consumo de energía como el impacto que generan las decisiones empresariales en activos y proyectos.
Desde esa perspectiva, considero que la sostenibilidad es una dimensión esencial de la gestión empresarial, y en este sentido, debe estar plenamente integrada en la estrategia de negocio de las compañías, en la toma de decisiones y en la relación con los distintos grupos de interés.
¿Cómo era el panorama de la RSE cuando comenzaste en comparación con cómo es hoy?
Cuando comencé, la Responsabilidad Social Empresarial tenía una presencia mucho más limitada dentro de las organizaciones. En muchos casos estaba vinculada principalmente a la acción social, el patrocinio o determinadas iniciativas ambientales. Dentro de una conciencia clara por cuidar a las personas y al medioambiente, no había una integración de los asuntos ESG en las decisiones estratégicas.
La sostenibilidad se entendía desde una perspectiva aislada entre departamentos y muchas veces con carácter casi filantrópico. Hoy la sostenibilidad ocupa una posición totalmente estratégica. Forma parte de las decisiones de inversión, y es un vector clave de la gestión de riesgos, de la regulación, de la relación con los clientes y de la capacidad de las compañías para atraer talento y generar confianza.
¿Cuándo conociste a Corresponsables? ¿Qué papel consideras que ha tenido en el impulso de la RSE en las últimas dos décadas?
Conozco Corresponsables desde hace muchos años, como una plataforma de referencia para quienes trabajamos en el ámbito corporativo. Considero que ha desempeñado un papel muy importante en la difusión de buenas prácticas, en la generación de conocimiento especializado pero comprensible y en la creación de una comunidad de profesionales comprometidos con estos asuntos.
También ha contribuido a que la sostenibilidad gane visibilidad y posicionamiento estratégico dentro de las empresas, las instituciones y la sociedad.
¿Qué cambios significativos has observado en esta materia desde que comenzaste?
El principal cambio ha sido la evolución desde una visión más voluntaria y periférica hacia un enfoque mucho más estratégico, profesionalizado, integrado en todo el negocio y medible.
Las empresas hoy en día establecen objetivos concretos, evalúan sus avances, ofrecen información transparente y, en definitiva, están obligadas a demostrar que la sostenibilidad está plenamente integrada en su modelo de negocio si quieren competir en sus sectores de actividad. El concepto ESG ha ampliado considerablemente su alcance, ganando en profundidad y en peso estratégico. Hoy abarca cuestiones ambientales, impacto social, diversidad, gobernanza, derechos humanos, relación con los territorios y gestión responsable de la cadena de suministro.
A todo ello hay que sumar el papel que ha jugado la regulación, ayudando a establecer y elevar estándares.
¿Cuáles consideras que han sido los hitos más importantes en la evolución de la RSE y la Sostenibilidad en estas dos décadas?
Uno de los grandes hitos ha sido la incorporación progresiva de la sostenibilidad a la agenda internacional, empresarial e institucional.
También han sido fundamentales la creación de marcos globales compartidos, el avance de la regulación, el desarrollo de las finanzas sostenibles y la creciente exigencia de transparencia y rendición de cuentas. Todo ello ha permitido construir un marco común para las empresas, haciendo posible dar el salto desde la realización de iniciativas aisladas hasta la ejecución de planteamientos estratégicos estructurados y fundamentados, en los que la sostenibilidad se entiende como un elemento esencial para la competitividad y la creación de valor a largo plazo.
¿Qué lecciones has aprendido a lo largo de tu carrera en RSE y Sostenibilidad?
La experiencia demuestra que la sostenibilidad adquiere credibilidad cuando está plenamente integrada en la estrategia y en la actividad cotidiana de la compañía. Debe orientar la toma de decisiones, la gestión de riesgos y la creación de valor a largo plazo. Y debe apoyarse en acciones concretas y medibles. Los grandes retos sociales, ambientales y energéticos requieren además una respuesta colectiva.
La colaboración entre empresas, administraciones, instituciones, clientes, proveedores y comunidades locales resulta esencial para avanzar de forma efectiva. La coherencia y la transparencia completan este enfoque. Es importante comunicar los avances, reconocer las dificultades y explicar con rigor la complejidad de las transformaciones que tenemos por delante.
¿Tienes alguna anécdota que refleje el espíritu y los desafíos de los primeros años de la RSE?
Más que una anécdota concreta, recuerdo que en los primeros años era frecuente tener que explicar por qué la sostenibilidad debía formar parte de las decisiones empresariales. Muchas iniciativas se contemplaban entonces desde el punto de vista del coste. Hoy la conversación ha evolucionado y, además del análisis económico, también se analiza el coste social y ambiental de no actuar en el marco de la sostenibilidad.
Ese cambio refleja bien la evolución que se ha producido: hemos pasado de tener que justificar la importancia de la sostenibilidad a considerarla una cuestión estratégica y fundamental para la resiliencia y la competitividad de las compañías. Ya no hay preguntas sobre el por qué. Afortunadamente el foco está en cómo extraemos el mayor valor posible, para todos los colectivos que interactúan con las empresas, desde una perspectiva ESG.
¿Cuáles consideras que han sido los pioneros en esta materia?
Es difícil elaborar una lista cerrada, porque la evolución de la sostenibilidad ha sido fruto del trabajo de muchas personas y organizaciones. Han sido pioneros quienes comenzaron a impulsar estos asuntos dentro de las empresas cuando todavía no existían estructuras específicas, indicadores claros, regulación formal o una demanda tan elevada por parte de la sociedad.
Fue pionera la Unión Europea, abrazando en los 90 los estándares ambientales del protocolo de Kyoto que fijó la ONU y, más adelante, la Agenda 2030 también desde la Asamblea General de las Naciones Unidas y los Acuerdos de París de 2015.
Por último, son innumerables las instituciones, asociaciones empresariales, los medios especializados y las entidades sociales que a lo largo de los años han generado conocimiento y les han dado difusión y visibilidad a todos los asuntos ESG.
¿Puedes compartir algún caso de éxito que consideres emblemático en el campo de la RSE?
El propósito de ENGIE es conseguir acelerar la transición hacia una economía neutra en carbono, reduciendo el consumo energético mediante las soluciones más eficientes, descentralizadas y respetuosas con el medio ambiente. Por tanto, todos los integrantes de nuestra operativa, desde empleados hasta accionistas y proveedores, están unidos en la conciliación de resultados económicos e impacto positivo en personas y planeta.
El resultado es que todos nuestros proyectos están diseñados, desarrollados y operados desde este enfoque.
Este propósito está integrado en nuestros estatutos desde 2019, lo que refleja cómo una empresa hace de la sostenibilidad foco y centro de su negocio. Otros ejemplos muy concretos los podemos derivar de nuestros proyectos. Tenemos uno muy singular: la red de calor de Txantrea, en Pamplona, desarrollada y gestionada por ENGIE.
El proyecto permite suministrar calefacción y agua caliente a miles de viviendas y a distintos equipamientos del barrio mediante biomasa forestal de proximidad. Esta iniciativa refleja de forma muy clara cómo la sostenibilidad puede traducirse en soluciones concretas con impacto ambiental y social.
La red contribuye a reducir las emisiones, mejora la eficiencia energética de los edificios y favorece un aprovechamiento responsable de los recursos locales. Además, pone de manifiesto la capacidad de ENGIE para impulsar proyectos que combinan descarbonización, innovación, colaboración con las administraciones y mejora de la calidad de vida en los territorios.
Txantrea materializa nuestro propósito de empresa y legitima a ENGIE para hablar de sostenibilidad hecha realidad.
¿Cómo ves el futuro de la RSE y la Sostenibilidad? ¿Qué retos y oportunidades anticipas para las próximas dos décadas?
Los principales retos en materia de RSE y sostenibilidad para el sector energético pasan por los propios desafíos de esta industria: es decir, avanzar en descarbonización, reforzar la seguridad del suministro y garantizar que la transición sea competitiva, asequible y socialmente justa.
Si alcanzamos estos objetivos, la sostenibilidad y los valores vinculados a la responsabilidad social corporativa también se alcanzarán. También ganarán importancia cuestiones como la adaptación al cambio climático, la biodiversidad, la economía circular, la trazabilidad de las cadenas de suministro y la calidad de la información de sostenibilidad.
Al mismo tiempo, existen grandes oportunidades. La sostenibilidad puede convertirse en una palanca de innovación, inversión, desarrollo industrial, creación de empleo y mejora de la competitividad. Como punto de mejora, debemos poner toda la regulación desarrollada al servicio de una mayor adopción de los estándares ESG y simplificar los marcos normativos todo lo posible de manera que permitan una consecución efectiva de los objetivos.
No se trata de regular más, sino de regular mejor con todos los mecanismos ya establecidos.
¿Qué papel crees que deben jugar las nuevas generaciones en la continuación de este legado?
Las nuevas generaciones deben desempeñar un papel protagonista. Aportan nuevas capacidades, una mayor sensibilidad hacia los retos sociales y ambientales y una elevada exigencia de coherencia hacia las empresas y las instituciones.
Les corresponde dar continuidad al trabajo realizado, revisarlo con espíritu crítico, actualizarlo y adaptarlo a los nuevos retos que seguro que surgirán y también elevar el nivel de ambición. Soy muy optimista con esas nuevas generaciones dado que disponen, sin duda ninguna, de conocimiento técnico, capacidad de diálogo y una comprensión profunda de la complejidad económica y social en la que vivimos para liderar el futuro.
Consulta más información responsable en las publicaciones Corresponsables y en el espacio de ENGIE en Organizaciones Corresponsables 2026.


