Daniel Ortiz i Llargués, Director del CIRE – Centre d’Iniciatives per a la Reinserció, empezó a interesarse por la ética empresarial en la década de los 90, al final de sus estudios en ESADE. Poco después, cuando comenzó a hablarse con más fuerza de Responsabilidad Social Corporativa y Sostenibilidad, encontró en ese nuevo campo la posibilidad de pasar “del debate teórico a la aplicación práctica”. Desde entonces, su mirada ha estado marcada por una idea clara: “La conexión entre estrategia, buen gobierno y sostenibilidad es lo más relevante”.
- Tu vínculo con la ética empresarial viene de lejos. ¿Cuándo y por qué comenzaste a interesarte por la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad?
- ¿Cómo recuerdas el panorama de la RSE en aquellos primeros años y qué cambios destacarías respecto al momento actual?
- En esa evolución, ¿qué papel consideras que ha tenido Corresponsables durante estas dos décadas?
- Si tuvieras que señalar un gran hito en la evolución de la RSE y la Sostenibilidad, ¿cuál escogerías?
- ¿Qué grandes lecciones has aprendido a lo largo de tu carrera en este ámbito?
- Los primeros años también estuvieron marcados por resistencias. ¿Qué desafíos recuerdas especialmente de aquella etapa?
- Daniel, ¿a quién destacarías como pionero o referente en esta materia?
- Y, ¿hay algún caso de éxito que consideres especialmente emblemático?
- ¿Cómo ves el futuro de la RSE y la Sostenibilidad? ¿Qué retos anticipas para las próximas décadas?
- Para terminar, ¿qué papel deben jugar las nuevas generaciones en la continuidad de este legado?
En el marco del 20º Aniversario de Corresponsables, Ortiz i Llargués recuerda sus primeros encuentros con Marcos González en Barcelona y destaca el papel del medio como actor clave en la consolidación de la RSC y la Sostenibilidad en España y Latinoamérica. “Su rol durante todo este tiempo ha sido fundamental”, afirma, al definirlo como “el impulsor infatigable, el promotor por excelencia de la RSC y la Sostenibilidad”. Una trayectoria compartida en un ámbito que, en apenas dos décadas, ha pasado del desconocimiento y el escepticismo a formar parte de la estrategia, la gestión de los intangibles y los consejos de administración.
Tu vínculo con la ética empresarial viene de lejos. ¿Cuándo y por qué comenzaste a interesarte por la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad?
Ya en la década de los 90, al final de mis estudios en ESADE, me interesé por la ética empresarial. Luego, hacia el año 2000, cuando se empezó a hablar de responsabilidad social corporativa y sostenibilidad, mi interés fue en aumento, porque se trataba de pasar del debate teórico a la aplicación práctica.
Para mí, lo más relevante es la conexión entre estrategia, buen gobierno y Sostenibilidad.
¿Cómo recuerdas el panorama de la RSE en aquellos primeros años y qué cambios destacarías respecto al momento actual?
Hace 20 o 25 años todo estaba por hacer. Había algunos pocos convencidos, e incluso grandes entusiastas, pero predominaban el desconocimiento y el escepticismo. Faltaba de todo: herramientas concretas, metodología y casos de éxito. También había pocos referentes empresariales.
Desde entonces ha habido un cambio espectacular a nivel de concienciación, profesionalidad y carácter estratégico de la Sostenibilidad. Afortunadamente, ya hace años que está presente no solo en los ámbitos operativos, sino también en los consejos de administración de las empresas.
En esa evolución, ¿qué papel consideras que ha tenido Corresponsables durante estas dos décadas?
Conocí a Marcos González en Barcelona, en el barrio de Horta-Guinardó. En aquella época yo trabajaba en ESTEVE y él tenía las oficinas muy cerca. Un día vino a verme y desde entonces hemos seguido siempre en contacto.
Su rol durante todo este tiempo ha sido fundamental. Ha sido el impulsor infatigable, el promotor por excelencia de la RSC y la sostenibilidad en España y Latinoamérica.
Si tuvieras que señalar un gran hito en la evolución de la RSE y la Sostenibilidad, ¿cuál escogerías?
Hay muchísimos, pero si tuviera que escoger uno serían los Objetivos de Desarrollo Sostenible, impulsados por Naciones Unidas, que nos invitan a participar a todos: empresas, administraciones públicas y entidades sociales.
El mensaje es claro: hacer frente a los grandes desafíos del planeta es labor de todos.
¿Qué grandes lecciones has aprendido a lo largo de tu carrera en este ámbito?
Sostenibilidad significa hacer las cosas bien: hacer las cosas como es debido. Esto implica, en primer lugar, desarrollar a fondo el propósito, la visión y los valores de la organización. Y, en segundo lugar, ser capaz de reconocer y establecer un diálogo fructífero con los stakeholders.
Cuando la Sostenibilidad es estratégica y logramos que forme parte de nuestra identidad, es altamente rentable desde todos los puntos de vista. La gestión de los intangibles es una parte fundamental de la Sostenibilidad.
Los primeros años también estuvieron marcados por resistencias. ¿Qué desafíos recuerdas especialmente de aquella etapa?
Anécdotas hay, pero por discreción prefiero no contarlas. Los principales desafíos eran el desconocimiento y el escepticismo de quienes decían, y siguen diciendo, que las empresas tienen que dedicarse a ganar dinero y nada más.
Daniel, ¿a quién destacarías como pionero o referente en esta materia?
Hay muchos, pero yo destacaría, en el ámbito académico y divulgativo, al profesor Josep Maria Lozano, de ESADE.
Y, ¿hay algún caso de éxito que consideres especialmente emblemático?
“Danone en Ultzama” es uno de los casos prácticos de RSC que debatíamos en ESADE hace años. Era emblemático porque lo que se nos planteaba era que incluso en el peor de los escenarios, como tener que cerrar una fábrica, las cosas se pueden hacer bien.
Y el resultado final, en términos económicos y sociales, puede ser igual o incluso mejor que el inicial.
¿Cómo ves el futuro de la RSE y la Sostenibilidad? ¿Qué retos anticipas para las próximas décadas?
En 25 años hemos avanzado mucho, pero los desafíos son de tal magnitud que el desarrollo durante los próximos años debería ser exponencial. Para hacer frente al cambio climático, por ejemplo, el tiempo se nos acaba.
Para terminar, ¿qué papel deben jugar las nuevas generaciones en la continuidad de este legado?
No está escrito en ningún lugar que la Sostenibilidad, al igual que la propia democracia, sean conquistas definitivas. En ambos casos se puede retroceder y los logros se pueden perder irremisiblemente.
La única forma de mantener la bicicleta en marcha es no dejar de pedalear.


