Las ciudades ya no pueden abordar la sostenibilidad únicamente desde el discurso o desde intervenciones aisladas de renaturalización urbana. El aumento de las temperaturas, la presión sobre los recursos, la pérdida de biodiversidad y el impacto cada vez más visible del cambio climático exigen soluciones capaces de demostrar resultados reales, medibles y replicables.
Pero existe además otra cuestión fundamental: la transición ecológica urbana no puede construirse dejando fuera a las personas.
Hoy, el reto ya no es únicamente incorporar naturaleza a las ciudades, sino diseñar infraestructuras verdes capaces de demostrar impacto real, sostenerse operativamente y generar valor ambiental, social y económico en el territorio.
En ese contexto, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) representan mucho más que una estrategia ambiental. Pueden convertirse en una nueva infraestructura urbana capaz de mejorar la resiliencia climática, regenerar espacios urbanos y activar nuevas oportunidades de empleo local e inclusión social.
Desde Fundación Juan XXIII llevamos años trabajando precisamente en esa intersección: cómo diseñar, implementar y mantener infraestructura verde urbana que no solo reduzca emisiones o mejore el entorno urbano, sino que también genere impacto social medible y oportunidades de empleo inclusivo.
Porque la verdadera innovación ya no está únicamente en plantar más verde. Está en demostrar qué impacto genera, cómo se mantiene y a quién beneficia.
Del verde ornamental a la infraestructura verde medible
Durante años, muchas actuaciones de naturación urbana se han valorado principalmente desde parámetros visuales o paisajísticos. Sin embargo, las ciudades necesitan hoy herramientas mucho más rigurosas para priorizar actuaciones, justificar inversiones y diseñar políticas urbanas eficaces.
La infraestructura verde debe poder evaluarse igual que cualquier otra infraestructura urbana.
Eso implica medir:
- capacidad de absorción de CO₂,
- reducción del efecto isla de calor,
- eficiencia hídrica,
- biodiversidad,
- costes de mantenimiento,
- capacidad de replicabilidad,
- y también generación de empleo e inclusión.
En el marco del Laboratorio de Soluciones Basadas en la Naturaleza Inclusivo que Fundación Juan XXIII gestiona en el Centro de Innovación en Economía Circular (CIEC) del Ayuntamiento de Madrid, estamos desarrollando junto a Global Omnium un proyecto piloto orientado a medir y evaluar el impacto ambiental y social de distintas soluciones basadas en la naturaleza aplicadas al entorno urbano.
El objetivo del proyecto no es únicamente analizar la capacidad de absorción de CO₂ de infraestructuras verdes como jardines verticales comestibles, cubiertas vegetales o huertos urbanos. También busca comprender cómo estas soluciones pueden integrarse en modelos urbanos más amplios de adaptación climática, mantenimiento sostenible, generación de empleo local y replicabilidad municipal.
Para ello, el proyecto incorpora metodologías de cuantificación alineadas con estándares internacionales como la ISO 14064, así como indicadores relacionados con mantenimiento, consumo de recursos, escalabilidad e impacto social.
Este enfoque permite avanzar hacia una nueva generación de infraestructura verde urbana: soluciones capaces no solo de renaturalizar la ciudad, sino también de producir evidencia útil para la toma de decisiones públicas y privadas.
La profesionalización de la infraestructura verde urbana exigirá operadores capaces no solo de diseñar soluciones, sino también de ejecutarlas, mantenerlas y demostrar su impacto ambiental y social a largo plazo.
El mantenimiento también es impacto
Uno de los aspectos menos visibles —y más importantes— de la infraestructura verde es su comportamiento operativo real.
No basta con instalar vegetación urbana. Importa cómo se mantiene, qué recursos consume y qué modelo de gestión la sostiene.
De hecho, el análisis realizado en el piloto demuestra que el balance climático de las SbN puede variar significativamente en función de variables como el consumo de agua, los insumos utilizados o las estrategias de mantenimiento aplicadas.
La sostenibilidad urbana no puede limitarse a la fase de diseño o inauguración de un proyecto. Necesita incorporar la gestión cotidiana, el mantenimiento especializado y la evaluación continua como parte central del impacto ambiental de la ciudad.
Infraestructura verde y diseño urbano: de la intervención puntual al modelo de ciudad
La posibilidad de medir el impacto ambiental y social de las Soluciones Basadas en la Naturaleza abre también una oportunidad relevante desde el punto de vista del diseño urbano y la planificación territorial.
La infraestructura verde deja de entenderse únicamente como una intervención paisajística o ambiental para convertirse progresivamente en una variable estratégica dentro del diseño de ciudad: capacidad de adaptación climática, gestión hídrica, confort urbano, biodiversidad, salud, mantenimiento o generación de empleo local empiezan a formar parte de una misma conversación.
Esto permite avanzar hacia modelos urbanos más integrados, donde las soluciones basadas en la naturaleza puedan evaluarse no solo a escala de proyecto, sino también como parte de estrategias urbanas más amplias vinculadas a resiliencia, regeneración urbana o planificación climática.
En este contexto, la capacidad de medir, mantener y demostrar impacto será cada vez más relevante para administraciones, operadores urbanos y grandes activos inmobiliarios, especialmente en entornos donde la sostenibilidad ya no se entiende como un elemento reputacional, sino como un criterio de gestión y toma de decisiones.
Del piloto a los modelos urbanos replicables
La próxima generación de proyectos urbanos necesitará integrar innovación ambiental, medición y transición justa en un mismo modelo.
Ese es precisamente uno de los grandes retos —y oportunidades— para administraciones, empresas y entidades sociales: construir alianzas capaces de transformar pilotos en soluciones replicables a escala urbana.
En un contexto marcado por las Misiones Europeas de ciudades climáticamente neutras y los programas europeos orientados a resiliencia urbana y transición ecológica, las ciudades demandan cada vez más proyectos capaces de demostrar impacto, generar evidencia y activar colaboración público-privada.
Precisamente con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, el próximo 5 de junio presentaremos los resultados de este piloto en una jornada organizada en el CIEC junto a Global Omnium y representantes del Ayuntamiento de Madrid, abordando el papel de la infraestructura verde medible en la transformación urbana y su potencial como modelo replicable para otras ciudades y municipios.
La infraestructura verde ya no puede entenderse solo como una intervención estética o ambiental. Empieza a consolidarse como una infraestructura estratégica para la salud climática, social y económica de las ciudades.
Porque la ciudad resiliente del futuro no será únicamente la que incorpore más vegetación.
Será aquella capaz de convertir la transición ecológica en una oportunidad compartida de bienestar, empleo e inclusión.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial del Medio Ambiente


