Vivimos un momento en el que la palabra “humanidad” ha dejado de ser un principio abstracto para convertirse en una exigencia muy concreta.
Hoy, más de 266 millones de personas en el mundo se enfrentan a niveles severos de inseguridad alimentaria, una cifra que prácticamente se ha duplicado en la última década. Más de 35 millones de niños sufren desnutrición aguda y 1,4 millones de personas se encuentran en niveles extremos de hambre, donde la supervivencia está en riesgo inmediato. Son datos difíciles de asumir, pero necesarios de nombrar, porque obligan a mirar de frente una realidad que, en muchas ocasiones, queda lejos de nuestro día a día.
El contexto en el que se producen estas cifras es igual de complejo: conflictos que se prolongan en el tiempo, crisis climáticas que impactan directamente en el acceso a los recursos, inestabilidad económica que agrava situaciones ya frágiles. Todo ello tensiona la capacidad de respuesta del sistema humanitario y plantea una cuestión que va más allá de las organizaciones que actúan en primera línea.
La humanidad no puede delegarse. Tampoco puede limitarse a los momentos excepcionales. Debe formar parte de la manera en que vivimos, trabajamos, compramos, vendemos, acompañamos y nos relacionamos con nuestro entorno. Ahí es donde el sector privado tiene una responsabilidad evidente. Porque forma parte de la vida diaria de millones de personas y porque, desde esa presencia cotidiana, puede contribuir a que la solidaridad encuentre caminos concretos.
El comercio tiene una fuerza singular en este sentido. Una tienda no es solo un lugar de compra. Es un espacio de proximidad, de relación, de comunidad. Es un punto al que acuden familias, personas mayores, jóvenes, trabajadores, clientes que atraviesan realidades muy distintas a realizar sus compras… y este gesto, aparentemente sencillo, de también puede abrirse una posibilidad de ayuda. Y cuando miles de pequeños gestos se ordenan en torno a una causa común, dejan de ser pequeños.
Esa es una de las grandes enseñanzas de la colaboración junto a Cruz Roja, iniciada en 2019. Trabajar de la mano de una organización como Cruz Roja significa acercarse con humildad a la realidad social, entender que las necesidades no siempre son visibles y reconocer que la ayuda eficaz requiere conocimiento, capilaridad, experiencia y confianza.
A lo largo de estos años, esta alianza se ha traducido en iniciativas que conectan directamente con necesidades reales. La campaña “Desayunos y Meriendas #ConCorazón” es un ejemplo claro. En la última edición ha logrado recaudar más de 197.000 euros destinados a mejorar la alimentación de niños y niñas de familias en situación de vulnerabilidad, con una participación destacada de clientes, equipos y entidades colaboradoras. Tal ha sido el resultado que nuestros clientes han donado cerca de 82.000 euros, un 13% más que el año anterior.
Y ese es, precisamente, uno de los grandes valores de Cruz Roja: hacer que la ayuda llegue, que tenga dirección, que responda a necesidades reales. En un tiempo en el que abundan el ruido, la desconfianza y la distancia, esa capacidad de generar confianza es más valiosa que nunca. Muchas veces requiere acompañamiento, formación, empleo y oportunidades sostenidas en el tiempo.
En este sentido, nuestra colaboración con Cruz Roja incorpora también una dimensión estructural ligada a la empleabilidad y la inclusión social. En 2025, más de 300 personas participaron en programas de prácticas en el marco de esta alianza, y más de 300 fueron contratadas. Generar oportunidades de acceso al empleo supone avanzar en autonomía, en estabilidad y en futuro para personas que, de otro modo, tendrían más dificultades para integrarse.
El Día Mundial de la Cruz Roja nos recuerda precisamente eso: que la humanidad necesita estructuras, personas y alianzas capaces de sostenerla. Nos recuerda que hay organizaciones que están cuando la emergencia irrumpe, pero también cuando la vulnerabilidad se instala de forma silenciosa en la vida cotidiana.
En Alcampo, trabajamos teniendo muy presente nuestra Visión “Comer bien y vivir mejor, cuidando el planeta” la cual, solo tiene sentido si se traduce también poniendo a las personas en el centro.
La invitación, en un día como este, es clara: colaborar con Cruz Roja, apoyar su labor y confiar en quienes llevan décadas demostrando que la ayuda organizada puede cambiar vidas. Cada empresa, cada cliente, cada equipo y cada persona puede encontrar su manera de sumar.
Y nosotros queremos seguir sumando junto a Cruz Roja, convencidos de que la humanidad se construye así, paso a paso, en lo cotidiano, con hechos que, sostenidos en el tiempo, generan un impacto real.


