Hay un elefante en la ciudad del que no siempre hablamos con suficiente claridad: los edificios contaminan.
Consumen energía, agua y materiales todos los días. Emiten carbono, generan residuos, condicionan la movilidad, influyen en la calidad del aire y afectan directamente al confort y al bienestar de las personas. No son elementos neutros dentro de la ciudad. Son piezas activas que impactan en el medioambiente cada día.
Pero precisamente por eso, el sector inmobiliario tiene una enorme capacidad de transformación. Pocos sectores permiten reducir impacto actuando sobre elementos tan concretos: cómo se diseña un edificio, cómo se rehabilita, cómo se gestiona, cómo consume energía, cómo utiliza el agua o cómo integra la naturaleza en el entorno urbano.
Cada 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente de Naciones Unidas nos recuerda la urgencia de actuar frente a los grandes retos ambientales. En el inmobiliario, esa llamada tiene una traducción muy clara: no basta con construir mejor los nuevos edificios. El verdadero reto está en transformar lo que ya existe.
La sostenibilidad inmobiliaria no va solo de tener una certificación, aunque las certificaciones siguen siendo herramientas muy útiles. Va de saber cuánto consume un edificio, por qué consume así, qué emisiones genera, cómo puede reducirlas, qué riesgos climáticos afronta y qué inversiones necesita para seguir siendo competitivo.
Durante 2025, en Savills España hemos seguido avanzando también desde nuestra propia operación. Entre los principales hitos del ejercicio destacan la reducción absoluta del 23% de nuestras emisiones de Alcance 1 y 2 bajo metodología market-based, el uso de electricidad 100% renovable en las zonas privativas de nuestras oficinas en España y Portugal, y el avance en la incorporación de vehículos de bajas emisiones en nuestra flota.
Pero nuestro mayor impacto como consultora inmobiliaria es trabajar cada día sobre activos que forman parte de la vida de miles de personas: oficinas, centros comerciales, edificios residenciales, hoteles, activos logísticos, espacios corporativos y carteras completas. A través de nuestra actividad, podemos influir en cómo se compran, venden, diseñan, rehabilitan, gestionan y reposicionan estos activos.
Y ahí empieza la verdadera transformación.
Una auditoría energética es el punto de partida para dejar de gestionar edificios a ciegas. Permite entender cómo se comporta un inmueble, detectar consumos ineficientes, identificar equipos obsoletos y priorizar medidas con impacto real. Sustituir sistemas de climatización, mejorar la iluminación, instalar sensores, monitorizar consumos u optimizar horarios de funcionamiento puede reducir emisiones, bajar costes y mejorar el confort de los usuarios.
Los planes de descarbonización llevan este análisis un paso más allá. No se trata de aplicar medidas aisladas, sino de construir una hoja de ruta para cada activo o cartera: medir la huella de carbono, definir objetivos, analizar escenarios, priorizar inversiones, estimar retornos y hacer seguimiento. En un mercado donde propietarios, inversores, financiadores y ocupantes piden cada vez más información ambiental, no tener una estrategia de descarbonización empieza a ser un riesgo regulatorio, operativo y financiero.
La adaptación climática es otra pieza clave. Olas de calor, lluvias intensas, estrés hídrico o inundaciones pueden impactar en la operación, el mantenimiento, los seguros, la experiencia de los usuarios y el valor de los activos. Analizar estos riesgos permite anticipar vulnerabilidades y tomar mejores decisiones.
También la arquitectura sostenible tiene un papel esencial. Diseñar o rehabilitar espacios que consuman menos, aprovechen mejor la luz natural, reduzcan residuos, incorporen materiales de menor huella ambiental y mejoren el bienestar de las personas reduce el impacto desde el origen.
Y hay una dimensión cada vez más relevante: la biodiversidad urbana. Cubiertas vegetales, patios ajardinados, especies autóctonas, zonas de sombra, soluciones de drenaje sostenible o espacios para polinizadores no son decoración. Son infraestructura ambiental. Ayudan a reducir el efecto isla de calor, gestionar mejor el agua de lluvia, mejorar el microclima y reconectar los edificios con su entorno natural.
En 2025, Savills España contribuyó además a la emisión de 207 certificaciones BREEAM, LEED y WELL, equivalentes a más de 1,12 millones de metros cuadrados certificados. Estas herramientas ayudan a medir y mejorar aspectos como eficiencia energética, agua, residuos, materiales, salud, bienestar o calidad ambiental interior.
El reto es claro: la sostenibilidad tiene que ser medible, accionable y adaptada a cada edificio. Porque el futuro del inmobiliario no será solo construir mejor, sino gestionar, transformar y descarbonizar mejor lo que ya existe.
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