El sector alimentario es mucho más que un motor económico. Tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de convertirse en una fuerza transformadora capaz de generar impacto positivo en la sociedad y en el planeta. Y esa transformación empieza desde el origen, en el campo, en nuestras granjas familiares. Porque el futuro de la alimentación depende de la capacidad de impulsar sistemas agrícolas y ganaderos cada vez más resilientes y sostenibles.
Hace más de diez años, en Danone tomamos una decisión que marcaría nuestro camino: no puede haber alimentación sostenible sin un campo sostenible. Y desde entonces, hemos trabajado junto a ganaderos y agricultores en la transformación de nuestro modelo agroganadero.
No ha sido un camino fácil. Transformar implica cuestionar lo establecido, invertir a largo plazo y avanzar, muchas veces, sin certezas. Pero también implica aprender, evolucionar y demostrar que otra forma de hacer las cosas es posible. Hoy, esa convicción es más fuerte que nunca: el sistema alimentario puede y debe transformarse, y el sector privado tiene un papel clave para hacerlo realidad.
En este camino, la reducción de emisiones de metano es una de las palancas más poderosas de las que disponemos. Como primera empresa de alimentación alineada con el Global Methane Pledge de la COP26, asumimos este compromiso con una idea clara: allí donde está el mayor impacto, está también nuestra mayor responsabilidad. Y esa responsabilidad se ejerce acompañando al sector en la adopción de soluciones que permitan avanzar de forma conjunta.
Y una de esas soluciones es la agricultura regenerativa. No como una tendencia, sino como una nueva forma de entender nuestra relación con la tierra. Un modelo de trabajo que devuelve al suelo lo que la actividad agraria le exige. En las granjas con las que trabajamos, la adopción de prácticas regenerativas -combinadas con el uso de cultivos locales y el cuidado del bienestar animal- ha permitido reducir un 20% las emisiones de carbono. Y ese esfuerzo se refleja directamente en nuestros productos, como nuestro yogur Danone natural, que hoy tiene un 30% menos de impacto ambiental que la media del mercado.
Y en este camino, hay protagonistas imprescindibles que merecen ser reconocidas: las mujeres del campo. En este Año Internacional de las Mujeres en la Agricultura, queremos reconocer su papel en el sector. Son ellas quienes en muchas granjas familiares mantienen el tejido rural, transmiten el conocimiento del campo de generación en generación y lideran con determinación la adopción de nuevas prácticas.
El reto climático exige ambición, pero también confianza en nuestra capacidad colectiva para encontrar soluciones. Hoy contamos con conocimiento, tecnología y experiencias que demuestran que es posible producir alimentos de manera cada vez más sostenible, preservando al mismo tiempo los recursos naturales de los que dependemos. El futuro de la alimentación se construye desde el origen. Y construirlo es, hoy, nuestra mayor responsabilidad.


