En la sociedad española, hay una sensación cada vez más extendida: hablamos constantemente de política, pero cada vez resolvemos menos. Todo se discute y, sin embargo, cuesta encontrar acuerdos mínimos incluso sobre los desafíos que afectan en la vida cotidiana de millones de personas.
La vivienda se encarece. La desigualdad territorial aumenta. La inteligencia artificial transforma nuestra economía, nuestros empleos y nuestra relación con la información a una velocidad difícil de asimilar. El cambio climático exige respuestas estructurales y visión de largo plazo. Y, mientras tanto, gran parte del debate público permanece atrapado en dinámicas de confrontación donde parece más relevante ganar la discusión que abordar los problemas que preocupan a la ciudadanía.
La polarización ya no es solo un fenómeno político. Se ha extendido a la forma en que nos relacionamos y convivimos. Los algoritmos premian la indignación, en las redes sociales se simplifican conversaciones complejas y la opinión pública tiende a organizarse desde una lógica de conflicto. El desacuerdo, que debería ser natural en democracia, acaba transformándose en desconfianza hacia aquellos que nos rodean.
Esto despliega graves consecuencias: cuando en una sociedad se pierde la capacidad de escucharse, también se diluye la posibilidad de construir soluciones conjuntas. Los grandes retos actuales requieren visión de largo plazo, cooperación y estabilidad. No obstante, el clima de crispación dificulta precisamente alcanzar los acuerdos sólidos y duraderos que necesitamos, que sostengan políticas públicas más allá del presente o del siguiente ciclo electoral.
La cuestión nunca será que todas pensemos de un modo idéntico. Una democracia sana necesariamente se fundamenta en la diversidad de ideas y voces. El problema surge cuando dejamos de reconocer, de considerar legítimo, a quien piensa distinto; y cuando toda cesión es interpretada como una derrota y no como herramienta para avanzar en colectivo.
En este contexto, el consenso parece haberse convertido en algo incómodo. Como si dialogar implicase renunciar a las convicciones. Como si escuchar de manera empática fuese una muestra de debilidad. Quizá deberíamos replantearnos qué se entiende por consenso.
El consenso no pretende una mera unanimidad o la ausencia de conflictos, sino que apuesta por ejercitar la convivencia, la colaboración y la toma de decisiones compartidas entendiendo que vivimos en sociedades heterogéneas donde coexisten valores, intereses y miradas diferentes. Consensuar significa entender que nos enfrentamos a desafíos demasiado importantes como para convertirlos únicamente en armas partidistas. La vivienda no se resolverá desde un solo bloque ideológico, tampoco la transición ecológica, la adaptación tecnológica o la cohesión territorial.
Para ello, se requieren espacios donde administraciones, empresas, científicos, medios de comunicación y ciudadanía puedan imaginar marcos comunes desde perspectivas diversas. Este es el propósito de NESI forum 2026 “Liderando el Consenso”, que se celebrará los próximos 26 y 27 de mayo en Guadarrama, Madrid (Corresponsables es Media Partner Oficial del evento).
El encuentro reunirá a perfiles políticos, empresariales, científicos y mediáticos con posiciones dispares entre sí para reflexionar en torno a cómo recuperar espacios de diálogo útiles para hacernos cargo de los grandes retos del país.
En una misma conversación podrán coincidir voces tan diversas como Iván Espinosa de los Monteros, Juan Lobato, Begoña Villacís, Pablo Montesinos o Nacho Álvarez. También participarán analistas y periodistas como Pablo Simón, Pilar Velasco, Lucía Méndez, Isabel Morillo o Estefanía Molina, junto a referentes científicos como Fernando Valladares o el investigador del CSIC Luis Miller.
Es aquí donde reside precisamente el valor de NESI forum 2026: demostrando que es posible sostener conversaciones difíciles sin caer en la descalificación o en el espectáculo del enfrentamiento. En un momento donde casi todos los incentivos empujan hacia la simplificación y la trinchera, generar espacios de escucha se convierte en algo profundamente necesario. El futuro se encara gracias a personas dispuestas a cooperar aún pensando distinto.
Necesitamos recuperar liderazgos que no se limiten a movilizar emociones o reforzar identidades en apariencia opuestas, sino que sean capaces de generar confianza y tender puentes entre múltiples sectores. Que entiendan que gobernar también implica crear condiciones para la convivencia.
Quizá uno de los mayores riesgos actuales no sea la polarización en sí misma, sino acostumbrarnos a ella. Normalizar un clima de tensión permanente donde parece imposible encontrar puntos comunes. Asumir que el entendimiento es ingenuo y que la confrontación es inevitable.
Pero las sociedades no avanzan solo desde la competición, necesitan cooperación, proyectos compartidos, instituciones fuertes, vínculos sociales y voluntad de avanzar desde y para el bien común.
La crispación genera titulares. El consenso genera estabilidad. Y aunque haga menos ruido, probablemente hoy sea mucho más urgente.
Accede a más información responsable en nuestra biblioteca digital de publicaciones Corresponsables y en la Ficha Corporativa de Foro NESI en el Anuario Corresponsables 2026.


