Durante años he sostenido que la certeza jurídica es la base de la competitividad. Un país con reglas claras, aplicadas con criterio técnico, da confianza a quien invierte y a quien compra. Solemos discutir esa idea hacia adentro, como condición para atraer inversión. Hoy también se juega hacia afuera.
Los mercados que compran a Guatemala ya no se conforman con una declaración: piden pruebas de sostenibilidad. La Unión Europea ha adoptado normativa que lleva esa lógica. Exige demostrar que ciertos productos, entre ellos el aceite de palma, no provienen de tierras deforestadas después de 2020. Pide, además, probar que se produjeron conforme a la ley del país de origen.
Esa normativa no es de cumplimiento local. La obligación recae en quien coloca el producto en el mercado europeo, no en el productor guatemalteco. Aun así, el gremio decidió anticiparse. Responder a los mercados destino es parte de una apuesta mayor: que Guatemala sea reconocida afuera como un origen que cumple y puede demostrarlo.
GREPALMA nació en 2008 para unir a las empresas palmicultoras de Guatemala. No producimos ni certificamos. Nuestra función es articular: llevar la voz de nuestros agremiados ante las autoridades nacionales y frente a las exigencias de los mercados destino.
Esa función tiene una razón práctica. Para una empresa, demostrar cumplimiento ante varios mercados, cada uno con sus propias reglas, es complejo y costoso. El gremio ofrece un interlocutor común frente a autoridades y compradores. No reemplaza la voz de cada empresa: construye el piso común sobre el que cada una avanza.
Ese piso son las normas. Para nosotros, cumplir significa respetar la legislación nacional, los convenios internacionales que Guatemala ratificó y la regulación de los países que compran. Los estándares voluntarios son una referencia técnica valiosa, y certificarse es una decisión de cada empresa.
Cumplir, por sí solo, no es suficiente. Decir que se cumple sin evidencia es como decir que se es sostenible sin poder mostrarlo. En 2019, GREPALMA hizo público un compromiso de cero deforestación, al que se adhirieron empresas agremiadas. Un compromiso firmado es un punto de partida, no una prueba.
Por eso, desde 2020, el gremio impulsa el monitoreo satelital de fincas de empresas agremiadas, con verificación de un tercero independiente, este estándar que inició Guatemala fue replicado por otros países de la región. Ese sistema no sustituye la responsabilidad de cada empresa ni funciona como garantía. Es infraestructura de evidencia: información que verifica un tercero, no solo afirmaciones del gremio.
Aquí la institucionalidad vuelve a importar. La evidencia vale más cuando las reglas son estables. Una empresa que demuestra cumplir la ley guatemalteca necesita que esa ley sea clara, predecible y aplicada con criterio técnico.
El reglamento europeo clasifica, además, a los países según su nivel de riesgo. Entre sus criterios está si las leyes existen, se cumplen y se aplican. Los compradores no miran solo a la empresa: también miran al país. La certeza jurídica hacia adentro y la evidencia hacia afuera son dos caras del mismo trabajo.
Ese trabajo tiene tres actores. Al Estado le corresponde dar reglas claras y aplicarlas de forma consistente. A las empresas, cumplirlas en sus operaciones y responder por ellas. Al gremio, articular y hacer que el cumplimiento se pueda verificar. Ninguno puede hacer el trabajo del otro.
Tenemos retos pendientes, y conviene nombrarlos. El principal es que la evidencia alcance a toda la cadena de abastecimiento, incluidos los proveedores que no forman parte del gremio. El segundo es sostenerla año con año, no solo cuando un mercado la exige.
Este dossier habla de empresas que transforman. Las empresas palmicultoras transforman en sus operaciones. El gremio las articula para que ese trabajo pueda comprobarse.
Creo que ese es el camino para un país que quiere competir con reglas claras: menos declaraciones y más evidencia. Instituciones sólidas, empresas que cumplen y gremios que articulan. Con esas piezas en su lugar, Guatemala puede ofrecer a sus compradores algo que vale más que una promesa: la posibilidad de comprar con trazabilidad.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – AGEXPORT: Empresas que Transforman


