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La salud cerebral ha dejado hoy de ser un asunto abstracto o exclusivamente clínico para aterrizar, de forma muy concreta, en los hábitos cotidianos. Dormir bien, moverse más, comer mejor, leer, sostener vínculos sociales, bajar el estrés. Sobre esas ideas giró el foro “The Mind Guardian: tecnología y prevención”, con el que Samsung Electronics Iberia ha celebrado en Madrid el primer aniversario de una herramienta nacida para ayudar a detectar posibles señales tempranas de deterioro cognitivo antes de que el problema se haga evidente.
La cita sirvió para hacer balance de un proyecto que en su primer año ha superado los 5.000 test realizados y ha identificado un 5% de casos con posible riesgo de deterioro cognitivo, pero también para abrir una conversación más amplia sobre un terreno en el que España sigue llegando tarde: el de la prevención. Porque si algo quedó claro durante la jornada es que el deterioro cognitivo no empieza cuando se pone nombre al diagnóstico, sino mucho antes.
Un aniversario con vocación de ir más allá de la tecnología
Desarrollada por Samsung junto al centro de investigación atlanTTic de la Universidade de Vigo, con la colaboración de AFAGA Alzheimer y el aval de distintas sociedades científicas, The Mind Guardian es una aplicación gamificada, gratuita y pensada para personas a partir de 55 años, que utiliza inteligencia artificial como apoyo para orientar un primer cribado cognitivo. No diagnostica, ni pretende hacerlo, pero sí busca facilitar ese primer paso que muchas veces no llega hasta que los síntomas son ya demasiado visibles.
En la bienvenida institucional, Elena Fernández, CMO de Samsung Electronics Iberia, resumió bien el espíritu del proyecto. Recordó que hoy hay 55 millones de personas diagnosticadas con demencia y defendió que la prevención no puede seguir esperando a que el problema “esté encima de la mesa”. “El deterioro cognitivo no empieza el día que se diagnostica. Tenemos la oportunidad de actuar antes”, señaló. Y añadió un matiz importante: más allá de la innovación tecnológica, lo que está en juego es lograr que la prevención llegue “a más personas y más rápido”, con herramientas “útiles, accesibles y centradas en las personas”.

Ese fue, de hecho, uno de los mensajes más repetidos durante la mañana. Que la salud cerebral no debería activarse solo desde el miedo o desde la enfermedad, sino desde la rutina. Desde lo que uno hace —o deja de hacer— todos los días.
El cerebro no avisa, pero sí se puede cuidar
La primera intervención de peso corrió a cargo del doctor Jesús Porta-Etessam, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que situó el problema en cifras tan elocuentes como incómodas. Recordó que el 43% de las personas en el mundo tiene una enfermedad neurológica, que el Alzheimer afecta ya a más de 800.000 personas en España y que el impacto real de estas patologías va mucho más allá de quien recibe el diagnóstico: alcanza a las familias, a los cuidados, a la economía doméstica y al propio sistema sanitario.
Pero su discurso no se quedó en la dimensión del problema. Fue, sobre todo, una defensa cerrada de la prevención. “Si nos vamos a las demencias, podemos evitar el 40% de ellas”, subrayó, enlazando con uno de los grandes ejes del foro. A partir de ahí fue desgranando, con un tono directo y poco complaciente, algunos de los hábitos que más pesan en la salud cerebral: el ejercicio físico, el sueño, la alimentación, la actividad cognitiva, la reducción de tóxicos o el contacto con la naturaleza.

Reivindicó la lectura como práctica protectora, mencionó estudios que relacionan incluso actividades cotidianas como cocinar con una menor probabilidad de deterioro cognitivo y se detuvo especialmente en el sueño, al recordar que durante la noche el cerebro activa mecanismos de limpieza fundamentales. También fue tajante con el alcohol: “La dosis recomendada es 0, absoluto 0, no hay consumo responsable o sano”.
Hubo, además, una reflexión que cruzó buena parte del encuentro: no basta con saber qué conviene hacer. El problema es que, aun sabiéndolo, muchas veces no se incorpora a la vida real. O, peor aún, se trivializa.
De una app a un movimiento de salud cerebral
La mesa dedicada específicamente a The Mind Guardian permitió entender mejor la ambición del proyecto. No solo como herramienta tecnológica, sino como intento de abrir una conversación social sobre la salud cerebral parecida a la que otros ámbitos de la salud llevan años construyendo.
Miguel Ángel Ruiz Ortega, Head of Brand & Innovation de Samsung España, explicó que el objetivo no se limita a acumular descargas, aunque reconoció que la compañía quiere llegar a dos millones de personas. Lo que busca Samsung, dijo, es algo más profundo: que la salud cerebral entre en el imaginario colectivo y deje de ser un concepto difuso. “Si todos sabemos lo que es el lazo rosa, queremos que The Mind Guardian sea ese símbolo de la salud cerebral”, planteó. La frase no sonó casual. Resume bien la fase en la que está ahora el proyecto: menos centrado en demostrar que funciona —algo que sus impulsores consideran ya acreditado— y más en lograr que se conozca, se entienda y se utilice.
Desde la Universidade de Vigo, Manuel José Fernández Iglesias, Catedrático e investigador senior de atlanTTic, puso el foco en cómo se construyó la herramienta. Explicó que uno de los grandes retos fue evitar que el acercamiento a la detección temprana se hiciera desde el miedo. Por eso se optó por una lógica de juego, discreta y poco invasiva, en la que la inteligencia artificial actúa “de manera silenciosa” mientras la persona interactúa con la aplicación. Su reflexión fue especialmente valiosa porque escapó de los entusiasmos fáciles con la IA: la definió como una ayuda que acompaña, que potencia capacidades, pero que no sustituye la evaluación clínica ni la intervención profesional.
En la misma línea, Gonzalo Soliño Martínez, psicólogo sanitario del Centro de Innovación de Alzheimer Galicia, insistió en que cuando el deterioro se detecta tarde la calidad de vida del paciente ya suele haberse resentido de forma clara. Y que, por el contrario, llegar antes permite ampliar años de autonomía y aplicar estrategias para frenar el avance. En su experiencia, aparecen patrones repetidos: largos periodos de estrés, aislamiento social y falta de actividad significativa. La prevención, vino a decir, no es un eslogan: es una forma de ganar tiempo y calidad de vida.
Los hábitos que pueden cambiarlo todo
La segunda gran mesa de la jornada fue probablemente la más aterrizada, la que tradujo la salud cerebral a decisiones concretas. Bajo el título “Los hábitos que pueden cambiarlo todo”, reunió a perfiles de ámbitos distintos pero con un hilo común: todos hablaron de rutinas, de constancia y de la necesidad de revisar cómo vivimos.
La pedagoga y experta en neurociencia cognitiva Marta Romo introdujo una idea especialmente sugerente: la importancia de entender que el cerebro cambia constantemente y que el aprendizaje sigue siendo una herramienta preventiva de primer orden. Pero su intervención fue más allá y apuntó a un asunto del que se habla poco cuando se aborda el deterioro cognitivo: la soledad. La definió como un factor tan dañino como fumar quince cigarrillos al día y criticó la normalización de relaciones cada vez más mediatizadas por pantallas, mensajes asíncronos y vínculos empobrecidos. Su defensa de la presencia, del tiempo compartido y de ir “un poco más despacio” fue una de las aportaciones más humanas de la mañana.
El dietista-nutricionista Aitor Sánchez rehuyó los mensajes fáciles sobre “superalimentos” y centró su intervención en una idea de fondo: la alimentación no puede reducirse a una suma de nutrientes. Habló de hábitos alimentarios equilibrados, de rutinas, de salud pública y también de la necesidad de mirar con más seriedad la alimentación de las personas mayores institucionalizadas. Fue una intervención muy pegada a lo estructural: no basta con decirle a la gente qué debe comer si no se revisan los entornos y las condiciones en las que se alimenta.
La doctora y psicóloga especialista en sueño Nuria Roure dejó una de las intervenciones más redondas de la jornada. Recordó que España es un país que “duerme poco y mal” y que, sin embargo, sigue sin dar al sueño la importancia que merece. Explicó con claridad que durante la noche el cerebro elimina neurotoxinas, consolida memoria y activa procesos ligados a la creatividad y al aprendizaje. También desmontó varias costumbres muy extendidas: retrasar sistemáticamente la hora de dormir, entrar en la cama todavía activados mentalmente o creer que el alcohol ayuda a descansar. Su llamada a preparar el sueño con una cierta liturgia de desaceleración —cenar pronto, reducir estímulos, apartar pantallas— fue una de las más prácticas de todo el foro.
Desde la psicología del alto rendimiento, Manuela Rodríguez Marote, Responsable del Servicio de Psicología y Bienestar del Comité Paralímpico Español, llevó el debate a un terreno muy concreto: la distancia entre saber y hacer. Recordó que casi todo el mundo conoce, en teoría, qué conviene para cuidarse; la diferencia real está en quién convierte eso en hábito. Su defensa de la estructura, la constancia y la aceptación de una cierta incomodidad inicial para instaurar rutinas saludables conectó muy bien con el tono general del encuentro: cuidar el cerebro no depende de un gesto puntual, sino de una práctica sostenida.
Un proyecto con aval científico y vocación social
Más allá del contenido del foro, Samsung quiso subrayar que The Mind Guardian no es una iniciativa aislada, sino uno de los proyectos más representativos de su programa Tecnología con Propósito, que cumple ya 14 años en España. Durante la jornada, varias voces insistieron en que se trata probablemente de la propuesta más universal y democrática que ha impulsado la compañía hasta la fecha, precisamente porque afecta —de forma directa o indirecta— a casi todo el mundo.
La herramienta cuenta con el aval científico-tecnológico de la Sociedad Española de Neurología, el aval científico de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental y el aval institucional de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria. Además, según los datos compartidos, ha alcanzado valores de validación cruzada del 97%, una cifra que sus responsables presentan como respaldo robusto para orientar un primer cribado.
También se anunció el refuerzo de la dimensión social del proyecto con un acuerdo de colaboración entre Samsung y AFAGA Alzheimer, asociación centrada en mejorar la calidad de vida de las personas con Alzheimer y otras demencias y de sus familias. Esa alianza no es menor: ayuda a sacar la conversación del terreno puramente tecnológico y a conectarla con el acompañamiento, la divulgación y la realidad diaria de quienes conviven con estas patologías.
La prevención, antes de que sea demasiado tarde
Hubo muchas cifras durante el encuentro, pero la idea de fondo fue otra. Que la prevención sigue sin tener el lugar que merece en la conversación pública sobre salud cerebral. Que el cerebro, quizás porque no duele como otras partes del cuerpo o porque sus señales tempranas suelen pasar desapercibidas, sigue llegando tarde a la agenda cotidiana de los cuidados. Y que precisamente por eso herramientas como The Mind Guardian encuentran hoy un espacio útil: no para sustituir al médico, ni para banalizar un problema grave, sino para ayudar a que más personas den el paso antes de que la preocupación ya tenga nombre propio.
Samsung celebró un aniversario, sí. Pero lo verdaderamente relevante del acto no estuvo en la cifra redonda ni en el balance de descargas. Estuvo en otra cosa: en haber logrado reunir a científicos, clínicos, psicólogos, divulgadores y tecnólogos para defender algo tan poco espectacular como decisivo. Que el cuidado del cerebro empieza mucho antes del diagnóstico, en decisiones pequeñas y repetidas, en cómo dormimos, en cómo nos alimentamos, en cómo nos movemos, en cómo nos relacionamos y en cuánto espacio dejamos para pensar. La prevención, al final, no tiene épica. Tiene rutina. Y quizá por eso cuesta tanto.
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