A pesar del reciente retroceso político global en torno a la sostenibilidad y los objetivos de cero emisiones netas, el 60% de los inversores prevé aumentar durante los próximos tres años su asignación a inversiones destinadas a combatir activamente el cambio climático. A más corto plazo, un 42% espera elevar estas inversiones durante los próximos doce meses.
- Más inversión, aunque desde niveles muy diferentes
- Los inversores mantienen sus compromisos de cero emisiones
- Los riesgos físicos comienzan a afectar a los precios
- La seguridad energética acelera las renovables
- Baja la preocupación por la rentabilidad, pero empeora el entorno macroeconómico
- Crece el interés por las soluciones climáticas
- La adaptación gana terreno
- La financiación de la transición amplía el foco más allá de las empresas “verdes”
- La inteligencia artificial entra en la ecuación climática
Así lo revela la sexta Encuesta Global sobre Inversión Climática de Robeco, realizada entre 300 inversores institucionales y mayoristas de Europa, América del Norte, Asia-Pacífico y Sudáfrica. El estudio, elaborado por CoreData Research durante mayo y junio de 2026, refleja lo que la gestora denomina una “nueva realidad climática”: los inversores son cada vez más pesimistas respecto a la capacidad del mundo para cumplir los objetivos climáticos, pero ese pesimismo no está provocando una retirada generalizada de las inversiones relacionadas con la transición.
De hecho, el cambio climático parece haber dejado de perder importancia en las políticas de inversión. El 47% de los encuestados afirma que actualmente constituye un elemento central o significativo de su política de inversión, frente al 46% de 2025, y el porcentaje podría elevarse hasta el 62% en los próximos dos años. El dato contrasta con el máximo alcanzado en 2022, cuando cerca de tres cuartas partes de los inversores situaban el clima entre sus principales prioridades.
Las diferencias regionales, no obstante, siguen siendo significativas. Más de la mitad de los inversores europeos y de Asia-Pacífico consideran relevante el cambio climático para su política de inversión, mientras que en América del Norte la proporción es del 27%.
Más inversión, aunque desde niveles muy diferentes
Europa continúa liderando las asignaciones climáticas. El 62% de los inversores europeos tiene ya al menos el 10% de sus activos invertido en fondos o estrategias cuyo objetivo declarado es combatir activamente el cambio climático, frente al 48% de Asia-Pacífico y el 34% de América del Norte. En esta última región, uno de cada cuatro inversores no tiene actualmente ninguna asignación de este tipo, frente al 7% en Asia-Pacífico y apenas el 1% en Europa.
Los inversores institucionales también muestran una mayor intención de aumentar su exposición: el 62% prevé elevar estas asignaciones durante los próximos tres años, frente al 55% de los inversores mayoristas. Entre los fondos de pensiones el porcentaje alcanza el 65%, frente al 59% de las aseguradoras.
Esta resistencia de la inversión climática se mantiene a pesar del deterioro de las expectativas sobre la transición. Solo el 19% de los encuestados cree que durante la próxima década tendrá lugar una transición climática ordenada. El escenario más probable para el 47% es el denominado too little, too late, caracterizado por medidas insuficientes y tardías, mientras que otro 28% espera una transición desordenada, con respuestas bruscas de gobiernos, empresas y mercados que finalmente permitirían alcanzar los objetivos climáticos. Un 7% contempla un escenario de fuerte calentamiento con muy poca acción climática.
Asimismo, el 44% considera inalcanzable el objetivo del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C, porcentaje que se mantiene estable por segundo año consecutivo. El pesimismo es mayor en América del Norte, donde alcanza el 48%, frente al 46% en Europa y el 38% en Asia-Pacífico.
Los inversores mantienen sus compromisos de cero emisiones
La menor implicación de algunos gobiernos tampoco se está traduciendo, por ahora, en un abandono masivo de los objetivos de cero emisiones netas.
Entre los inversores que ya han asumido públicamente un objetivo net zero, un 64% afirma que la reducción del apoyo gubernamental no ha alterado ni su compromiso ni su estrategia de inversión. Otro 31% continúa comprometido con el objetivo, aunque reconoce que alcanzarlo se ha vuelto más difícil y ha revisado su estrategia de inversión. Solo un 4% está reconsiderando el propio compromiso de cero emisiones.
Además, el 71% de los encuestados considera que la transición hacia las energías renovables continuará independientemente de la oposición política a los objetivos de cero emisiones, y el 63% cree que esa reacción contraria disminuirá a medida que los riesgos climáticos sean más materiales para gobiernos e inversores.
Sin embargo, la confianza en la actuación de las administraciones es bastante menor: solo el 34% considera que el Gobierno de su mercado entiende adecuadamente qué políticas son necesarias para apoyar la transición y coopera bien con la industria de inversión; un 40% discrepa de esa afirmación.
Los riesgos físicos comienzan a afectar a los precios
Uno de los principales cambios reflejados en la encuesta es la creciente importancia que los inversores conceden a los riesgos físicos del cambio climático, desde fenómenos agudos como inundaciones, incendios o episodios meteorológicos extremos hasta cambios crónicos como la subida del nivel del mar o la degradación de los suelos.
Dos tercios de los encuestados, el 66%, esperan que estos riesgos tengan un impacto moderado o significativo sobre los precios de los activos durante los próximos cinco años. El porcentaje asciende al 82% a diez años y al entorno del 87% a veinte años.
La repercusión no se limitará a la valoración de los activos. Un 64% prevé efectos moderados o importantes sobre la elaboración de presupuestos de riesgo; un 63%, sobre la asignación estratégica de activos; un 61%, sobre las hipótesis utilizadas en los mercados de capitales; y un 59%, sobre la selección de valores.
Robeco señala ejemplos que ya empiezan a observarse en la economía real, como la pérdida de valor de propiedades expuestas a inundaciones, el fuerte incremento de las primas de seguros en determinadas zonas costeras, los mayores costes de mantenimiento de las infraestructuras de transporte por el calor extremo o la caída del valor de terrenos agrícolas afectados por sequías y menores rendimientos.
La seguridad energética acelera las renovables
La geopolítica también está modificando las razones que sustentan la inversión climática. La seguridad energética y el deseo de reducir la dependencia de combustibles fósiles importados están ganando peso como motores de la transición.
El 75% de los inversores considera que el conflicto en Oriente Medio y sus perturbaciones en los mercados de petróleo y gas acelerarán moderada o significativamente la transición hacia las renovables: un 60% espera una aceleración moderada y un 15%, significativa.
El efecto esperado varía notablemente por regiones. En Asia-Pacífico, un 83% anticipa una aceleración, frente al 78% de Europa y al 66% de América del Norte. Robeco relaciona esta diferencia, entre otros factores, con la mayor dependencia europea y asiática de los suministros energéticos procedentes de la región del Golfo.
Lucian Peppelenbos, estratega de clima y biodiversidad de Robeco, encuadra estos cambios dentro de lo que la gestora denomina la “nueva realidad de la inversión climática”, en la que los objetivos ambientales se cruzan cada vez más con argumentos económicos y geopolíticos como la independencia energética, las redes eléctricas, las baterías y las energías renovables.
Baja la preocupación por la rentabilidad, pero empeora el entorno macroeconómico
La encuesta muestra igualmente una cierta maduración en el proceso de descarbonización de las carteras.
Equilibrar los objetivos de descarbonización con el rendimiento financiero sigue siendo el mayor reto interno para los inversores, citado por el 50%, pero la cifra se ha reducido con fuerza desde el 67% de 2025. También ha descendido la preocupación por el acceso y la calidad de los datos, del 48% al 34%.
En cambio, otras dificultades han ganado relevancia. Un 44% menciona la competencia entre distintas prioridades de inversión, un 41% señala la dificultad de equilibrar objetivos y efectos reales de la descarbonización y un 37% destaca la complejidad de determinadas clases de activos.
Además, el entorno macroeconómico se ha convertido en el principal obstáculo externo: lo menciona un 48% de los encuestados, frente al 38% del año anterior. También ha aumentado la preocupación por las presiones contrarias a los criterios ESG procedentes de políticos, medios de comunicación o clientes.
Crece el interés por las soluciones climáticas
Otro de los cambios significativos es la voluntad de invertir directamente en empresas y tecnologías que aporten soluciones al problema climático.
El 45% de los inversores declara que tiene un objetivo general de aumentar sus inversiones en soluciones climáticas, aunque sin haber establecido todavía una meta cuantitativa, frente al 39% de 2025. Asia-Pacífico lidera esta tendencia, con un 52%, seguida de Europa, con un 44%, y América del Norte, con un 38%.
A ello se suma un 27% que ya ha establecido objetivos cuantitativos: un 17% cuenta con una meta propia y otro 10% utiliza la Taxonomía de la Unión Europea u otro marco reconocido para definir qué activos pueden considerarse soluciones climáticas. Europa presenta de nuevo los mayores niveles de formalización de estos objetivos.
La percepción de rentabilidad también es relativamente favorable. El 47% considera atractivas las rentabilidades ajustadas al riesgo que pueden ofrecer las soluciones de adaptación y resiliencia, mientras que el 44% opina lo mismo de las tecnologías y soluciones de mitigación.
En concreto, un 59% cree que la demanda de soluciones para mitigar el cambio climático permanecerá fuerte pese al retroceso político o al debilitamiento de algunas políticas de cero emisiones netas. Sin embargo, la incertidumbre regulatoria y la reducción del apoyo público son señaladas como un obstáculo importante por el 45% de los inversores, porcentaje que asciende al 48% entre los europeos.
Actualmente, las energías renovables y la generación eléctrica limpia son la solución de mitigación más extendida, presente en las carteras del 68% de los inversores, seguida de los vehículos eléctricos, con un 57%. Durante los próximos dos años, más de un tercio planea aumentar su exposición a renovables, modernización de redes eléctricas y nuevas tecnologías de baterías.
La adaptación gana terreno
El informe también muestra que la inversión ya no se centra exclusivamente en evitar o reducir las emisiones. Ante la percepción de que parte de los efectos del cambio climático son inevitables, la adaptación y la resiliencia están adquiriendo mayor importancia como tema de inversión.
El 55% considera que la adaptación y la resiliencia climática se convertirán en una temática de crecimiento cada vez más atractiva para la inversión en renta variable durante los próximos tres a cinco años. Sin embargo, únicamente el 34% afirma entender bien qué compañías pueden clasificarse como proveedores de soluciones de adaptación y apenas el 21% cree que existe actualmente un universo suficientemente amplio de empresas cotizadas para aumentar de manera significativa su exposición.
Entre las inversiones de adaptación más habituales figuran los sistemas de gestión del agua (41%), las soluciones sanitarias relacionadas con nuevas enfermedades (40%), las tecnologías y sistemas energéticos resistentes al clima (39%) y las infraestructuras y el transporte resilientes (38%).
La financiación de la transición amplía el foco más allá de las empresas “verdes”
El estudio dedica también un apartado relevante a la denominada financiación de la transición climática, destinada a financiar la descarbonización de actividades que actualmente generan muchas emisiones, como el acero, cemento, productos químicos, aviación, construcción o determinadas formas de generación energética.
Los bonos verdes siguen siendo el instrumento más utilizado, presente en las carteras del 47% de los inversores, aunque con importantes diferencias regionales: los utiliza el 61% de los europeos, el 49% de Asia-Pacífico y el 30% de los norteamericanos. A continuación aparecen las estrategias o fondos de renta variable, con un 38%, y los bonos vinculados a objetivos de sostenibilidad, con un 34%.
Durante los próximos dos años, un 36% prevé aumentar o iniciar inversiones mediante fondos o estrategias de renta variable relacionadas con la transición, un 35% mediante bonos ligados a sostenibilidad y un 33% a través de bonos específicamente destinados a financiar la transición climática.
No obstante, esta área mantiene un obstáculo importante: el 52% duda de que estas inversiones puedan proporcionar rentabilidades ajustadas al riesgo suficientemente competitivas. También pesan la falta de datos fiables, las señales poco claras de los responsables políticos y la escasez de compañías con estrategias de transición creíbles.
La inteligencia artificial entra en la ecuación climática
Una de las novedades de la edición de 2026 es el análisis de la inteligencia artificial. Pese al elevado consumo energético y de agua de los centros de datos, los inversores creen que la tecnología puede tener un saldo positivo en varios ámbitos climáticos.
El 63% piensa que la IA contribuirá positivamente al desarrollo de infraestructuras sostenibles y el 57% espera que ayude a acelerar la transición hacia las energías renovables. También un 51% anticipa efectos positivos sobre sistemas alimentarios y agricultura resiliente.
Las opiniones son más divididas en otras áreas. Solo un 35% cree que la IA tendrá un impacto netamente positivo en la transición global hacia una economía de cero emisiones, frente al 21% que prevé efectos negativos y al 43% que se mantiene neutral. Asimismo, el consumo de agua y de energía de la infraestructura necesaria para alimentar los modelos de IA continúa siendo motivo de preocupación.
La lectura general de Robeco es que la inversión climática está entrando en una etapa más pragmática: el cumplimiento de los objetivos globales genera menos optimismo, pero la materialización de los riesgos físicos, la seguridad energética, la búsqueda de rentabilidad y las oportunidades tecnológicas están reforzando el argumento financiero de muchas inversiones relacionadas con la transición.
La Encuesta Global sobre Inversión Climática 2026 fue encargada por Robeco y realizada por CoreData Research en mayo y junio entre 300 inversores —200 institucionales y 100 mayoristas— de Europa, América del Norte, Asia-Pacífico y Sudáfrica. La muestra incluye aseguradoras, fondos de pensiones, fondos soberanos, fundaciones, bancos privados, gestoras patrimoniales, family offices y otras entidades. En conjunto, los participantes gestionan aproximadamente 35,8 billones de dólares en activos.
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