Los centros de salud apoyados por World Vision en Somalia han registrado un fuerte aumento en el número de niños y niñas ingresados con desnutrición grave. Entre enero y marzo, más de 3.500 niños y niñas fueron diagnosticados con desnutrición aguda grave, lo que representa un aumento del 60 % en comparación con el mismo período de 2025, cuando se reportaron poco más de 2.000 casos.
Este alarmante aumento se debe a la prolongada sequía que continúa devastando comunidades en todo el país. Las sucesivas temporadas de lluvias fallidas han limitado gravemente el acceso a alimentos y agua, empujando a millones de personas al hambre. Los niños y niñas menores de cinco años siguen siendo los más vulnerables, y muchos ahora corren el riesgo de sufrir complicaciones potencialmente mortales relacionadas con la desnutrición aguda.
Más de 250 centros de salud han cerrado
Los recortes de financiación al sector de la salud y la nutrición empeorarán aún más una situación ya de por sí crítica. Más de 250 centros de salud han cerrado, mientras que el sector de la nutrición solo ha recibido el 4 % de la financiación necesaria para mantener los servicios vitales, dejando a millones de niños y niñas vulnerables en mayor riesgo.
Kevin Mackey, director nacional de World Vision Somalia, advierte sobre la escalada de la crisis: “Somalia se acerca una vez más al borde de una crisis de hambre a gran escala, con condiciones que ya precedieron a las señales de alerta temprana observadas antes de las hambrunas anteriores. Estamos presenciando una catástrofe que se desarrolla ante nuestros ojos. El número de niños y niñas que llegan a nuestros centros de salud al borde de la inanición es profundamente alarmante. Los pocos centros que aún funcionan están colapsados y se enfrentan a un futuro incierto. Si estos servicios cierran, las consecuencias para la infancia y las comunidades serán inimaginables”.
Zerihun Merea, asesor de Salud y Nutrición de World Vision Somalia: “En los centros de salud que apoyamos tratamos a niños y niñas demasiado débiles para llorar, cuyos cuerpos colapsan tras días sin comer, y las madres se ven obligadas a caminar durante horas para llegar al centro de salud más cercano. Si no se consigue financiación urgente en las próximas semanas, más centros de salud cerrarán, los programas de tratamiento colapsarán y miles de niños y niñas que podrían salvarse sufrirán muertes evitables”.
En un momento en que las necesidades aumentan, la drástica caída de la financiación humanitaria deja a los equipos de respuesta sin recursos para salvar vidas. El costo de la inacción es catastrófico para la vida de la infancia. Sin apoyo inmediato y sostenido, esta crisis se agravará, cobrándose silenciosamente la vida de los más vulnerables.
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