Las empresas no se rigen ya únicamente por motivos económicos. Ni deben ni pueden actuar por cuestiones relacionadas de manera exclusiva por la rentabilidad o el negocio. No ya por razones morales y de justicia. Sino porque las empresas con valores, propósito y equipos diversos son más eficaces. Y en Nationale-Nederlanden lo hemos comprobado.
Y lo sabemos porque en un mundo lleno de convulsiones, que cambia a cada segundo, hemos sido capaces de parar un segundo y reflexionar. Nos lo exigían nuestros clientes, porque formamos parte de un sector en el que lo humano es inseparable de nuestra actividad. Y nos hemos preguntado para qué existe una organización más allá de sus objetivos económicos. Pues bien, hemos comprobado que las compañías que logran conectar su actividad con una contribución real a la sociedad generan un vínculo más sólido con sus clientes, empleados y grupos de interés. Un propósito que actúa como una brújula que orienta las decisiones, impulsa la cultura corporativa y dota de sentido al trabajo diario. Y os aseguramos que funciona.
En Nationale-Nederlanden esta visión se traduce en una forma de entender el negocio centrada en las personas y en la confianza. Acompañar a los clientes en la protección de aquello que más valoran supone una gran responsabilidad que requiere coherencia, cercanía y compromiso. Por ello, nuestros valores, cuidar de los clientes, ser claros y estar comprometidos, no son únicamente declaraciones de intenciones, sino principios que inspiran la actividad cotidiana y la relación con todos los grupos de interés.
Sin embargo, un propósito sólido solo puede desarrollarse plenamente cuando encuentra un entorno en el que las personas puedan aportar todo su potencial. Y es aquí donde nos hemos dado cuenta de que la diversidad adquiere una relevancia decisiva, hasta el punto de ser un aliado estratégico. Las organizaciones son más fuertes cuando integran diferentes perspectivas, experiencias y formas de entender la realidad. La diversidad enriquece la toma de decisiones, impulsa la creatividad y favorece la innovación, elementos imprescindibles para competir en mercados cada vez más complejos.
Además, la diversidad no debe entenderse únicamente como una cuestión de representación. Su verdadero valor reside en la capacidad de construir culturas inclusivas donde cada persona se sienta respetada, escuchada y valorada por sus capacidades. Cuando esto ocurre, aumenta el compromiso, mejora el clima laboral y se fortalecen los resultados colectivos.
Y para que no sean compromisos vagos y ambiguos, hemos de apostar con acciones concretas y firmes por la diversidad. Desde procesos de selección basados en competencias y libres de sesgos hasta programas de formación, mentoring y desarrollo profesional que garanticen la igualdad de oportunidades. También resulta fundamental promover entornos seguros donde las personas puedan mostrarse tal y como son, independientemente de su género, edad, orientación sexual, origen o creencias.
Una apuesta imprescindible es la del impulso del talento femenino. Aunque en los últimos años se han producido avances significativos, todavía persisten barreras que dificultan el acceso de muchas mujeres a posiciones de liderazgo. Superar estas limitaciones no solo responde a un principio de justicia, sino también a una necesidad empresarial. La presencia equilibrada de mujeres y hombres en puestos de responsabilidad contribuye a enriquecer la visión estratégica de las organizaciones y a generar modelos de referencia para las futuras generaciones.
En Nationale-Nederlanden este compromiso se refleja en iniciativas orientadas a favorecer la igualdad efectiva, promover el liderazgo femenino y garantizar una retribución equitativa. Además, impulsamos medidas de conciliación y corresponsabilidad que permiten compatibilizar el desarrollo profesional con la vida personal y familiar, un aspecto cada vez más valorado por los profesionales.
De hecho, la diversidad está estrechamente vinculada al bienestar. Las personas desarrollan mejor sus capacidades cuando trabajan en entornos saludables, inclusivos y flexibles. Por ello, las políticas de bienestar físico y emocional, los programas de apoyo psicológico, la formación continua y las iniciativas destinadas a fomentar el equilibrio entre la vida profesional y personal constituyen elementos clave para construir organizaciones sólidas y preparadas para el futuro.
Y como queremos plasmarlo en acciones concretas e involucrar a nuestros equipos, impulsamos nuestra apuesta por la diversidad, la equidad y la inclusión a través de los Employee Resource Groups (ERG), vinculados a los distintos pilares de la diversidad. Además, nuestra red interna de DEI Ambassadors tiene como objetivo fomentar una cultura corporativa más inclusiva, participativa y representativa.
Las empresas que aspiren a liderar en los próximos años deberán entender que el éxito sostenible no depende únicamente de los resultados financieros, sino también de la capacidad de construir entornos donde todas las personas puedan crecer, contribuir y desarrollarse plenamente. Porque cuando una organización sitúa a las personas en el centro y convierte sus valores en acciones, no solo mejora su desempeño, también contribuye a construir una sociedad más inclusiva, equitativa y preparada para el futuro. Y esta es la apuesta que mantenemos en Nationale-Nederlanden.


