Hay imágenes de centenares de familias abandonando sus hogares, niños jugando con pelotas improvisadas de tela y mujeres en campos de refugiados transportando agua para cubrir las necesidades básicas que todos hemos visto más de una vez y que nos han impactado de diversas formas. La actualidad hace que en un momento determinado los campos de refugiados de Uganda ocupen los informativos de todo el mundo. También lo hicieron las restricciones impuestas a las mujeres afganas, cuya pérdida de derechos llenó portadas y abrió debates internacionales. Hoy, sin embargo, basta recorrer las primeras páginas de los periódicos para comprobar que esos nombres apenas aparecen. La actualidad avanza a una velocidad vertiginosa: una crisis sucede a otra, un conflicto desplaza al anterior y la atención colectiva cambia de dirección casi sin darnos cuenta.
Pero la desaparición de una realidad de la agenda informativa no significa que haya dejado de existir. Las crisis humanitarias no terminan cuando se apagan las cámaras ni cuando dejan de generar titulares. Simplemente quedan fuera de nuestra mirada y ahí es cuando precisamente más constantes y firmes debemos ser en el apoyo con los que más lo necesitan.
La conmemoración del 75º aniversario de ACNUR invita precisamente a reflexionar sobre esa realidad. Más que una celebración, esta fecha recuerda la importancia de la perseverancia. Setenta y cinco años de trabajo demuestran que los grandes desafíos humanitarios no admiten respuestas inmediatas ni soluciones rápidas. Requieren tiempo, continuidad y una voluntad sostenida que, en muchas ocasiones, contrasta con la lógica de la inmediatez que domina nuestro tiempo.
En Cesce conocemos bien esa necesidad de mantener el compromiso más allá de los focos. El año pasado colaboramos con ACNUR en el campamento de refugiados de Uganda mediante la instalación de farolas solares y el apoyo a mujeres supervivientes de violencia. Sin embargo, la situación que motivó aquella intervención sigue lejos de resolverse. Uganda continúa siendo el país que acoge al mayor número de refugiados de África, mientras que millones de mujeres afganas siguen enfrentándose a restricciones que limitan su acceso a la educación, al trabajo y a una vida en libertad. Son realidades que persisten, aunque ya no ocupen espacios destacados en los medios de comunicación.
Por eso creemos que la acción social de una empresa no puede estar condicionada por las tendencias del momento. El compromiso pierde su sentido cuando depende exclusivamente de aquello que genera visibilidad o repercusión inmediata. Su verdadero valor se demuestra cuando permanece en el tiempo, sobre tod cuando la atención pública se desvanece.
Este año hemos querido convertir nuestra propia cultura corporativa en una herramienta para combatir el olvido. Más allá de las acciones sobre el terreno, buscamos mantener vivas estas conversaciones dentro de Cesce, recordar que detrás de cada crisis siguen existiendo personas y necesidades que no desaparecen con el paso de los ciclos informativos. Mantener presentes estas realidades es también una forma de actuar.
Porque romper el silencio es una manera de sostener la esperanza. En este 75º aniversario de ACNUR, el compromiso de Cesce continúa allí donde los titulares ya no llegan, acompañando a quienes siguen necesitando apoyo y recordando que la cooperación no es una respuesta puntual, sino una responsabilidad que se construye en el largo plazo.


