En el GRUPO SANTALUCÍA entendemos la sostenibilidad como una forma de hacer empresa, no como un adjetivo que se añade a posteriori. Es una meta diaria o, si se prefiere, podríamos decir que es parte de nuestro core. Por eso, desde la Alta Dirección asumimos que nuestra principal responsabilidad es garantizar la viabilidad del proyecto a largo plazo e integrar en la toma de decisiones los impactos económicos, sociales y ambientales de nuestra actividad.
No es tarea fácil. En nuestro sector, el asegurador, somos especialmente conscientes de que gestionamos riesgos presentes y futuros. Pero, precisamente porque esa es la esencia de nuestro negocio, también debe regir la lógica desde la que abordamos la sostenibilidad: anticipar, medir y gestionar los riesgos y oportunidades ASG con la misma rigurosidad con la que gestionamos los riesgos financieros o técnicos. Y es por ello que la Alta Dirección tiene el deber de incorporar esta mirada ampliada en el corazón de la estrategia para reforzar la resiliencia de la compañía.
La parte positiva es que tampoco es algo novedoso para nosotros. En SANTALUCÍA dimos un paso decisivo en 2018, cuando identificamos los Objetivos de Desarrollo Sostenible prioritarios para nuestro negocio e hicimos de ellos nuestra hoja de ruta: el ODS 3 (Salud y bienestar), el ODS 5 (Igualdad de género), el ODS 10 (Reducción de las desigualdades) y ODS 13 (Acción por el clima). Desde entonces, la Alta Dirección ha asumido el compromiso de que cada decisión relevante se evalúe a la luz de estos objetivos, entendiendo que no son un marco externo, sino parte de nuestra forma de entender la creación de valor.
Todo ello ha cristalizado en nuestro Plan Corporativo de Sostenibilidad, activo desde 2021, refrendado con la certificación de sostenibilidad y contribución empresarial a los ODS otorgada por AENOR, la primera a un grupo asegurador. Más allá del valor simbólico, este reconocimiento es una señal inequívoca de que la sostenibilidad está integrada en nuestros procesos, estructuras de gobernanza y sistemas de gestión de riesgos. Y, lo repito una vez más, eso solo es posible cuando la Alta Dirección se involucra de manera directa, impulsa los cambios necesarios y rinde cuentas sobre los avances.
Del propósito a formar parte del núcleo duro de toma de decisiones
En este sentido, el papel fundamental de la Alta Dirección para allanar el camino es marcar un propósito claro y compartido. La sostenibilidad no puede ser un proyecto paralelo ni la suma de iniciativas aisladas; ha de estar vinculada al propósito empresarial y a la razón de ser de la compañía. Por eso, cuando el máximo órgano de gobierno expresa de forma explícita que “no hay marcha atrás” en la apuesta por una sostenibilidad integral, se envía un mensaje nítido a toda la organización y a nuestros grupos de interés: esto no es coyuntural, es estructural.
El segundo rol, inseparable del anterior, es integrar la sostenibilidad en la gestión diaria del negocio. Desde la supervisión y la gestión de riesgos trabajamos para que las variables ASG formen parte de las decisiones clave: el diseño de productos, las políticas de suscripción, la cadena de suministro, la política de inversiones o la gestión de personas. Esta integración requiere datos, indicadores y procesos de evaluación, pero también decisiones valientes cuando surgen dilemas entre el corto y el largo plazo.
La tercera gran responsabilidad es impulsar una cultura interna coherente con los compromisos que expresamos. No hay sostenibilidad posible sin personas comprometidas y formadas, capaces de incorporar estos criterios a su día a día. Por eso, desde la Alta Dirección debemos facilitar esa transformación a través de la formación, el reconocimiento y, muy especialmente, el ejemplo. La idea de fondo es que si nuestros equipos perciben coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, se genera confianza y la sostenibilidad deja de ser un discurso para convertirse en una práctica compartida.
Además, la Alta Dirección tiene un rol clave en el diálogo con los grupos de interés. Escuchar a clientes, empleados, proveedores, comunidades y reguladores nos permite entender mejor los impactos de nuestra actividad y priorizar nuestras actuaciones. La sostenibilidad es, en gran medida, gestión de expectativas y construcción de confianza. No me cabe la menor duda de que ese diálogo debe formar parte de la agenda del máximo órgano de gobierno, no delegarse exclusivamente en áreas técnicas.
La experiencia de más de 100 años de historia nos ha enseñado que las compañías que perduran son aquellas que saben adaptarse sin renunciar a sus principios. La sostenibilidad, vista desde la Alta Dirección, es precisamente eso: una manera de garantizar la continuidad del proyecto empresarial, anticipando los cambios del entorno y asumiendo nuestra responsabilidad con las generaciones presentes y futuras.
Por supuesto, el camino no está exento de retos. La integración de la sostenibilidad en la estrategia y en la gestión de riesgos exige coordinación entre áreas, inversión en capacidades y una revisión constante de nuestros objetivos. También requiere asumir que no tenemos todas las respuestas y que no nos queda más remedio que seguir aprendiendo durante el proceso. Es labor de la Alta Dirección normalizar esa mirada de mejora continua, entendiendo que cada avance, por pequeño que sea, contribuye a un impacto positivo acumulado.
Mirando al futuro, nuestro compromiso es seguir fortaleciendo los mecanismos de gobernanza que sustentan la sostenibilidad en el GRUPO SANTALUCÍA. Eso implica seguir midiendo y reportando nuestros avances de forma rigurosa, profundizar en la integración de los riesgos climáticos y sociales en nuestros modelos de negocio e impulsar soluciones aseguradoras que acompañen a las personas en los grandes cambios de su ciclo vital. La Alta Dirección tiene la responsabilidad de mantener este rumbo y de garantizar que la sostenibilidad continúa siendo un eje central de la estrategia corporativa.


