Las cadenas de suministro a escala global se encuentran bajo una presión sin precedentes. Desde crisis geopolíticas hasta fenómenos meteorológicos extremos, las cadenas son cada vez más inestables y poco fiables, lo que genera un efecto dominó de desafíos operativos y financieros para los equipos de compras. Así lo afirma el informe del Carbon Disclosure Project (CDP) Sustainable supply chains: how disclosure data drives progress and accelerates action.
El CDP sostiene que, por término medio, las emisiones de la cadena de suministro son 26 veces superiores a las emisiones operativas de una empresa (Alcances 1 y 2). Tan solo en los sectores industrial, retail y de materiales, las emisiones equivalen a 1,4 veces el total anual de la Unión Europea. No medir ni gestionar este impacto genera importantes puntos ciegos, dejando a las empresas expuestas a riesgos ambientales ocultos y a la pérdida de oportunidades.
Además del impacto medioambiental, la contaminación conlleva un coste. Este organismo revela que los riesgos climáticos en las cadenas de suministro de las empresas implican unos costes financieros potenciales de 162.000 millones de dólares.
La sostenibilidad es una obligación empresarial ineludible para las compañías y, por ello, los factores ESG (medioambientales, sociales y de gobierno) son cada vez más una prioridad para los CEO en la toma de decisiones estratégicas. También lo son, por supuesto, para los departamentos de compras, que se enfrentan al reto de incorporar esos criterios en su día a día.
La buena noticia es que las empresas no están solas en medio de la incertidumbre. La solución pasa por rediseñar y adaptar la cadena de suministro para ajustarla al cumplimiento de los criterios de sostenibilidad. Y para ello es indispensable medir el comportamiento de sus proveedores.
Para ello debemos desarrollar métodos fiables que aporten credibilidad y solidez. Y este reto pasar poner el foco en tres ámbitos: impacto ambiental, impacto social y nivel de circularidad. Claro que con cientos o miles de proveedores, el área de compras se enfrenta a la dificultad de identificar los puntos críticos de emisión, recopilar y manejar cientos de datos y descubrir qué áreas de gasto tienen el mayor impacto ESG y potencial de mejora.
Tecnología como factor de transparencia y competitividad
Es aquí donde la tecnología se convierte en la gran aliada. Una plataforma de compras puede ayudar a aplicar la metodología adecuada para llevar un control de sostenibilidad de los proveedores de manera simplificada, colaborativa e integrada.
Así, una sola herramienta facilita esa gestión basándose en tres fases: obtención de datos e información de los proveedores al incluir formularios con criterios sostenibles, cálculos de indicadores de rendimiento (KPI) y evaluación, monitorización y evolución de las acciones sostenibles de los proveedores. Y todo, de manera cuantitativa, porque a partir de los datos, el análisis de esos KPI y su evolución, se obtiene una puntuación del proveedor.
Esto nos va a permitir no solo medir cuantitativamente el nivel de sostenibilidad sino también tomar decisiones estratégicas para, por ejemplo, llevar a cabo un plan de desarrollo y mejorar la relación con ese proveedor, si no se ajustara a las necesidades.
Una empresa responsable, que audita a sus proveedores y fomenta la sostenibilidad en su cadena de suministro es, además, más rentable. Según sus estimaciones más recientes, el CDP calcula que por cada dólar invertido en responder a riesgos ambientales, las empresas reciben un retorno medio de 8 dólares. En concreto, cada dólar destinado a reducir emisiones genera un retorno promedio de 2,4 dólares y, en algunos casos, hasta 7 dólares a lo largo de su vida útil.
Las empresas líderes están descubriendo que el bienestar del planeta y la toma de decisiones económicas van de la mano, y que los datos relativos a la sostenibilidad de sus proveedores son un recurso clave para emprender el camino del cambio. Saben que el liderazgo medioambiental es tanto una estrategia económica como ambiental, y que aquellas que invierten en una economía positiva están mejor posicionadas para crecer, competir y prosperar.
Porque, incluso en medio de la volatilidad, las organizaciones que antes maduren serán aquellas que transformen los datos en acciones concretas. Al involucrar a los proveedores, integrar la información recopilada en los procesos de compras y abordar los impactos relacionados con el clima y la naturaleza, las empresas podrán gestionar sus riesgos construyendo cadenas de suministro sostenibles, resilientes y rentables.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables – Gestión ética de la cadena de suministro: garantizando la sostenibilidad en cada eslabón


