La muerte del fundador de La Fageda nos deja mucho más que el recuerdo de un emprendedor social excepcional. Nos invita a volver a preguntarnos para qué sirven las empresas, qué entendemos realmente por Sostenibilidad y si somos capaces de colocar a las personas en el centro no solo de nuestros discursos, sino de nuestras decisiones.
Hay personas cuya muerte nos invita a recordar lo que hicieron. Y hay otras cuyo legado, además, nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo nosotros.
La muerte de Cristóbal Colón, fundador de La Fageda, a los 77 años, pertenece para mí a esta segunda categoría. Hace más de cuatro décadas se atrevió a demostrar con hechos algo que hoy puede parecernos evidente cuando hablamos de propósito, impacto, Responsabilidad Social, ESG o Sostenibilidad, pero que sigue siendo tremendamente difícil de llevar hasta sus últimas consecuencias: que la economía puede y debe estar al servicio de las personas y del planeta.
La Fageda nació en 1982, en Olot, a partir de una convicción profundamente transformadora: toda persona posee una dignidad inherente y merece oportunidades para construir una vida con sentido. Lo que comenzó con una quincena de personas vinculadas al ámbito de la salud mental terminó convirtiéndose en una organización socioempresarial de referencia. Pero sería un error reducir su historia a las cifras, al éxito de unos yogures o incluso a su extraordinaria labor de inclusión. Su aportación fue mucho más profunda.
El otro Cristóbal Colón
Confieso que su nombre me ha servido muchas veces para romper el hielo. En charlas y clases, especialmente en América Latina, cuando decía que iba a hablar de Cristóbal Colón no era raro encontrar alguna sonrisa, sorpresa o incluso cierta prevención por todo lo que representa históricamente ese nombre en algunos países. Y entonces aclaraba: no, hoy no vengo a hablar del navegante; vengo a hablar de otro Cristóbal Colón, un emprendedor social de La Garrotxa que decidió poner una empresa al servicio de las personas.
Algo parecido me ha ocurrido al citar a Hernán Cortés, que fue durante años director de Sostenibilidad de Endesa. Dos nombres con una carga histórica enorme que, en determinados contextos, provocan una reacción antes incluso de saber de quién estamos hablando. Siempre me ha parecido una coincidencia curiosa y muy útil para recordar algo sencillo: detrás de un nombre hay una persona concreta y una trayectoria que merece ser conocida y valorada por lo que hizo.
Desde Corresponsables tuvimos además el privilegio de reconocer a Cristóbal en 2023 con el Premio Ramón Mullerat en los Premios Corresponsables, que distingue precisamente la trayectoria personal en la difusión y el impulso de la Responsabilidad Social y la Sostenibilidad. Hoy aquel reconocimiento adquiere para mí un significado todavía más especial. Cristóbal pertenece a esa generación de pioneros que empezaron a hacer muchas de estas cosas cuando ni siquiera existían buena parte de las etiquetas con las que hoy intentamos ordenarlas. Primero vino la convicción. Después llegaron los conceptos.
Discurso de Cristóbal Colón: https://www.youtube.com/watch?v=2iPLlxlLhK0&t=7134s

Primero fueron las personas; después, la empresa
Durante 20 años, desde la creación de Corresponsables, hemos debatido sobre cómo integrar la Sostenibilidad en la estrategia empresarial. Cristóbal Colón recorrió, de alguna manera, el camino inverso. No construyó primero una empresa para preguntarse después qué podía hacer por la sociedad. Partió de una necesidad social y comprendió que necesitaba construir una buena empresa para poder responder a ella de manera sostenible.
La Fageda se define como un proyecto social con estructura empresarial. La actividad económica no es el fin último: es el instrumento que permite sostener la misión. Y ahí hay una lección muy vigente. El propósito no debería ser una frase en una memoria de sostenibilidad, una campaña de comunicación o una declaración corporativa. Tiene que formar parte del modelo de negocio y de las decisiones difíciles.
Pero tener un propósito noble tampoco exime de gestionar bien. Para ofrecer oportunidades laborales reales había que crear actividad económica real: buenos productos, clientes, inversión, innovación, ventas y números que funcionasen. Porque si la empresa desaparece, también desaparece su impacto. La falsa oposición entre rentabilidad e impacto social nunca me ha convencido; La Fageda demuestra precisamente que ambas dimensiones se necesitan.
Hoy incluso contamos con herramientas para poner cifras a una parte de ese impacto. En 2025 La Fageda calculó un Valor Social Integrado de 73,4 millones de euros, muy por encima de su facturación por productos y servicios. Más allá de la metodología, el mensaje es poderoso: la cuenta de resultados de una organización no termina necesariamente donde termina su contabilidad financiera.
Admirar no es idealizar: nadie es perfecto
Hay una reflexión que repito a menudo en clases y conferencias: nadie es perfecto. No lo somos las personas y, por tanto, tampoco pueden serlo las empresas, porque las empresas están hechas de personas.
Admirar a alguien no debería obligarnos a convertirlo en un personaje sin aristas. Cristóbal tampoco fue perfecto. Él mismo reconoció que en La Fageda se habían equivocado muchas veces, revisó decisiones y convicciones y tuvo que aprender cómo hacer que un proyecto tan identificado con su fundador pudiera sobrevivirle.
Y creo que reconocerlo no disminuye su legado. Al contrario: lo hace más humano y, para mí, más útil. La Responsabilidad Social no consiste en alcanzar una supuesta perfección moral o empresarial. Consiste en ser conscientes de nuestros impactos, escuchar, aceptar contradicciones, reconocer errores, corregirlos y tratar de hacerlo mejor mañana.
“La Responsabilidad Social no consiste en ser perfectos, sino en escuchar, reconocer los errores, corregirlos y tratar de hacerlo mejor mañana”
En un tiempo en el que tendemos con demasiada facilidad a clasificar personas y organizaciones entre buenas y malas, responsables e irresponsables, conviene recordarlo. La Sostenibilidad es, sobre todo, un proceso de mejora continua. Nadie empieza de cero y nadie llega definitivamente a la meta.
La cadena de valor y la cadena del sentido
En 2024, al recibir el doctorado honoris causa por la Universitat de Girona, Cristóbal habló de la necesidad de garantizar cada día la cadena de valor y, al mismo tiempo, preservar algo todavía más importante: la “cadena del sentido”. Me parece una expresión extraordinariamente necesaria. Nuestras organizaciones se han sofisticado: medimos indicadores, elaboramos informes, definimos taxonomías, calculamos huellas, gestionamos riesgos y cumplimos crecientes obligaciones regulatorias. Todo ello es necesario. Pero existe el peligro de que, mientras perfeccionamos la cadena de valor, olvidemos para qué hacemos lo que hacemos, a quién sirve y qué huella dejamos.
“Mientras perfeccionamos la cadena de valor, no podemos perder la cadena del sentido”
Y esa mirada no se limitó a lo social. La Fageda ha ido incorporando también la dimensión ambiental, territorial, de gobernanza y de viabilidad económica. Porque la Sostenibilidad auténtica no puede dividirse en compartimentos estancos: personas, planeta, territorio y empresa forman parte de un mismo sistema.
20 años aprendiendo de quienes hacen
Esta reflexión me toca de una manera particular en el 20 aniversario de Corresponsables. A finales de 2005 emprendimos esta aventura con una idea que entonces resultaba bastante menos evidente que ahora: las buenas noticias también deben ser noticia y el periodismo tiene la responsabilidad de visibilizar a quienes intentan transformar positivamente las organizaciones y la sociedad.
De ahí nació incluso nuestro nombre: Corresponsables. Porque todos somos corresponsables. No basta con señalar lo que hacen mal los demás; todos tenemos nuestra pequeña parcela desde la que actuar.
En estas dos décadas ha cambiado casi todo el diccionario: RSE, Sostenibilidad, propósito, impacto, ESG, economía circular, diversidad, derechos humanos, transición justa… Pero detrás de todas esas palabras sigue estando la misma pregunta: qué tipo de organizaciones queremos construir y qué sociedad ayudamos a crear con nuestras decisiones.
No escribo estas palabras estableciendo ninguna comparación con Cristóbal Colón. Sería injusto e innecesario. Cada persona hace su camino desde sus capacidades, circunstancias y ámbito de actuación. Cristóbal hizo el suyo y construyó una obra extraordinaria. Quienes hemos impulsado otros proyectos sociales o empresariales hemos recorrido caminos distintos, con nuestros aciertos, errores, dificultades y aprendizajes.
Lo que sí siento es que quienes emprendemos con vocación social tenemos la obligación de aprender de personas como él y preguntarnos periódicamente si seguimos siendo fieles al para qué que nos llevó a comenzar. Yo también me lo pregunto después de 20 años de Corresponsables: ¿estamos contribuyendo realmente a transformar o nos limitamos a hablar de transformación? ¿Estamos consiguiendo que las buenas prácticas se multipliquen? ¿Seguimos teniendo claro para qué hacemos lo que hacemos?
La sostenibilidad definitiva: que el proyecto sobreviva a su fundador
Hay una última enseñanza de Cristóbal que quizá solo pueda apreciarse plenamente ahora: supo preparar su marcha. Durante años trabajó para que La Fageda pudiera sobrevivir a su fundador, renovando estructuras, preparando el relevo y transmitiendo el ideario que había dado sentido al proyecto.
Quizá esa sea una de las pruebas más exigentes de cualquier emprendimiento con propósito: construir algo que ya no te necesite para seguir siendo fiel a aquello que lo hizo nacer.
Muchas gracias, Cristóbal
En el mundo de la Sostenibilidad utilizamos muchas palabras. Cristóbal Colón nos deja algo bastante más importante: una demostración.
Demostró que una organización puede competir sin olvidar por qué existe. Que la vulnerabilidad no elimina el talento. Que el trabajo puede ser mucho más que una fuente de ingresos. Que obtener resultados económicos y generar resultados sociales no son objetivos incompatibles. Que el territorio importa. Y que la dignidad puede formar parte del modelo empresarial.
También nos recordó, con sus aciertos y sus errores, que otra manera de hacer empresa no exige personas perfectas ni organizaciones perfectas. Exige propósito, coherencia, humildad, capacidad de aprender y voluntad de mejorar.
En Corresponsables llevamos 20 años intentando dar visibilidad a quienes lo demuestran con hechos. Cristóbal Colón fue uno de ellos. Uno de los grandes. Descanse en paz. Y que quienes seguimos aquí sepamos recoger, con humildad, nuestra pequeña parte de su testigo sin perder nunca la cadena del sentido.
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