Las nuevas tecnologías han venido para quedarse, máxime en momentos de tensión socioeconómica como los que estamos viviendo. Las organizaciones líderes ya no preguntan “si” adoptar estas tecnologías, sino “cómo” y “cuándo”. Eso se ha extendido a todas las áreas, y en particular, a la de Compras, que ha pasado de ser un centro de costes a convertirse en un motor estratégico de creación de valor.
Según Gartner (2025), el 80% de los responsables de compras considera la transformación digital como su máxima prioridad. McKinsey proyecta que para 2030, las funciones de compras que no hayan integrado IA y automatización avanzada operarán con desventajas competitivas insalvables.
Se habla constantemente de las ventajas de la IA como una tecnología disruptiva para la actividad humana, y para las empresas en particular. Integrarla no consiste solo en instalar un software; es transformar un centro de costes en una ventaja estratégica. La clave está en conectar los datos dispersos para que pueda analizar, predecir y automatizar.
En la función de compras, la IA permite hacer predicciones de la demanda, evaluar los riesgos de los proveedores y mejorar las recomendaciones para contratar (o no) a unos u otros. El objetivo no es solo gestionar riesgos, sino además acelerar los ciclos de compra y mejorar la precisión y el cumplimiento, todo ello desarrollando una capacidad de innovación continua.
Pero los pros no deben ocultar los contras: aplicarla con responsabilidad es un requisito indispensable para que aporte -y no reste- valor. Con más motivo si hablamos de nuestro sector, en el que hay tantos agentes y factores implicados.
Y en este punto, el Foro Económico Mundial (WEF) advierte: la rápida evolución de la IA crea un terreno fértil para el crecimiento, pero también eleva los niveles de riesgo. Un desafío que abarca desde su impacto en el mercado laboral y la estabilidad social —con el cambio en los perfiles de los puestos de trabajo— hasta los interrogantes sobre la amenaza de la computación cuántica a la integridad de la información.
Por tanto, la IA ha de basarse en la confianza, la transparencia y la responsabilidad. Debe garantizar que todas las funciones impulsadas por esta tecnología dentro de la plataforma se desarrollen y operen considerando las implicaciones éticas, la gobernanza, la seguridad y la mejora continua. En resumen, guiarse por principios éticos claros para que funcione de forma eficaz y justa para el negocio.
Por tanto, las claves para prevenir riesgos en compras son: por un lado, una tecnología «responsable» para digitalizar y automatizar los procesos; y por otro, las personas (profesionales, usuarios finales y proveedores), respaldados por su experiencia y una plataforma que incorpore IA que facilite y haga más eficiente su trabajo.
Todo ello incrementa la eficiencia, mejora la visibilidad y la toma de decisiones, reduce costes y anticipa riesgos en toda la cadena de suministro.
Pioneros en certificación “IA Responsable”
Conforme a esta filosofía, la certificación ISO/IEC 42001:2023, que hemos recibido por nuestro Sistema de Gestión de Inteligencia Artificial (AIMS), nos posiciona como la primera empresa del sector de la gestión integral del suministro (S2P) en alcanzar este riguroso estándar internacional. Esto subraya nuestro compromiso con el desarrollo responsable y ético y la implementación segura de tecnologías de IA.
Esta certificación es más que un hito: refleja nuestra convicción de que la IA debe basarse en la confianza, la transparencia y la responsabilidad. Nos enorgullece ser pioneros con un nuevo estándar de IA responsable, que ayuda a nuestros clientes a tomar decisiones más inteligentes y seguros.


