Numerosos autores e informes coinciden en señalar que comunicación corporativa y sostenibilidad han dejado de ser funciones que podrían denominarse “de apoyo” para convertirse en auténticas palancas de gobierno corporativo.
De ahí que el doble rol de Dirección de Comunicación y Sostenibilidad deba considerarse como una tendencia organizativa que refuerza la capacidad de las empresas para operar y comunicar de forma responsable, coherente y honesta.
Es momento de abandonar esa visión de que ocupar esta posición es una mera acumulación de responsabilidades para asumir que estamos ante una nueva lógica de liderazgo, en la que comunicación y sostenibilidad convergen como una misión única para generar impacto sostenible y credibilidad.
Precisamente, desde esta convicción nace la iniciativa de impulsar un ODS 18 sobre Comunicación Responsable, promovida desde la Global Alliance for Public Relations and Communication Management. Una propuesta que pone nombre y foco a un factor transversal sin el cual los otros 17 ODS difícilmente podrán alcanzarse.
Los ODS son, en esencia, una gran conversación global sobre el futuro que queremos construir. Y como toda conversación relevante, necesita confianza, credibilidad, escucha activa y ética. Desde una comunicación responsable es como se alcanzan alianzas sólidas, cambio cultural y compromiso social duradero.
En este contexto, los roles del director de Comunicación (Dircom) y del director de Sostenibilidad (Dirse) han experimentado una evolución profunda. Tradicionalmente concebidos como funciones diferenciadas, una orientada al relato y otra a la acción, hoy convergen de forma natural en una misión única que es garantizar la coherencia entre lo que la organización es, lo que hace y lo que comunica.
El Dircom se ha ido convirtiendo en un asesor estratégico de la Alta Dirección, con presencia creciente en los Comités de Dirección y con un papel cada vez más relevante en la interpretación del entorno social, la anticipación de riesgos y el acompañamiento a la toma de decisiones. Como señala José Manuel Velasco, la función del Dircom no consiste solo en explicar lo que hace la organización, sino en ayudarla a comprender las expectativas de la sociedad e incorporarlas a sus decisiones.
Por su parte, el Dirse ha asumido la responsabilidad de integrar de forma real los impactos ambientales, sociales y de gobernanza en la estrategia del negocio, impulsando cambios estructurales en la manera de trabajar y de crear valor a largo plazo. Su función se centra ahora en influir sobre decisiones críticas que afectan al propósito, al riesgo y a la sostenibilidad futura de la organización.
Es aquí donde ambos roles se convierten en interdependientes y pasan a conformar un nuevo escenario donde lo relevante es hablar de Dircom y Dirse como dos miradas complementarias al servicio de una misma responsabilidad.
Ambas funciones integradas se refuerzan porque una estrategia de sostenibilidad que no es comprendida, explicada ni legitimada socialmente pierde eficacia. Y, a su vez, una comunicación que no está anclada en decisiones reales y responsables pierde credibilidad.
En este argumento, vemos cómo hablamos de roles que trabajan sobre los mismos activos críticos, es decir, sobre el propósito, la cultura corporativa, la reputación y la legitimidad social. Y lo hacen, además, desde la toma de decisiones estratégicas como único punto de influencia.
El ODS 18 cristaliza precisamente esa misión compartida. Comunicar responsablemente es asumir que cada mensaje construye realidad, que cada decisión comunicativa tiene impacto y que la coherencia es el principal generador de confianza en un entorno de creciente escrutinio, exageración o simplificación interesada.
En organizaciones como ENUSA, donde trabajamos con una clara vocación de servicio público, con horizontes de largo plazo y con elevados estándares de seguridad, esta responsabilidad es especialmente relevante.
La Dirección que tengo el privilegio de encabezar en la compañía se creó hace algo más de un año precisamente bajo el prisma de que comunicación, sostenibilidad y relaciones institucionales avanzan integradas desde el origen de la decisión.
Esta visión transversal nos permite alinear estrategia, comportamiento y relato, siempre acompañados de nuestros grupos de interés para una mejor comprensión mutua.
Por eso considero que el ODS 18 sobre Comunicación Responsable ofrece un marco claro para afrontar este reto, al recordarnos que, para que exista desarrollo sostenible, tiene que haber una comunicación y una interlocución institucional a la altura de la complejidad del contexto, capaz de explicar, escuchar, generar diálogo y legitimar decisiones en espacios públicos cada vez más exigentes.
Comunicar responsablemente es decidir mejor; es fortalecer relaciones de confianza duraderas con el entorno institucional y social; y es contribuir, desde la organización, a construir la credibilidad que hace posible un futuro verdaderamente sostenible.


