Hay una pregunta que todas las empresas deberían hacerse: ¿cuántas personas de nuestra plantilla sienten que pueden ser ellas mismas en su puesto de trabajo? Los datos muestran que todavía son demasiadas las que no pueden responder que sí. Según el Índice de Confianza en las Empresas 2026 de la Federación Estatal LGTBI+, elaborado con la colaboración de 40dB, solo el 23% de las personas LGTBI+ es visible en su trabajo, frente al 85% que lo es en otros ámbitos de su vida.
Tener que ocultar quiénes somos tiene un coste emocional. Estar constantemente pendiente de qué podemos contar, de cómo reaccionarán los demás o de si nuestra identidad puede convertirse en motivo de discriminación genera lo que se conoce como estrés de las minorías: una carga adicional que afecta a nuestra salud mental.
En el ámbito laboral, las consecuencias son evidentes: más del 60% de las personas LGTBI+ sufre ansiedad o estrés a causa de un trato desigual en el trabajo y casi la mitad experimenta sentimientos de soledad, apatía, hartazgo o sintomatología depresiva.
Pero, además, hay un dato que debería hacernos reflexionar todavía más: los centros de trabajo han pasado del sexto al segundo lugar donde más agresiones contra personas LGTBI+ se producen en tan solo un año. Y esta violencia tiene consecuencias que pueden afectar a nuestra salud emocional de por vida.
Gracias a otra investigación de la Federación Estatal LGTBI+, esta vez en colaboración con miembros de un equipo de investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP, CSIC), el informe Estado del Odio 2026, sabemos que la LGTBIfobia impacta también brutalmente contra nuestra salud mental. Y es que el estudio desvela que sufrir acoso, discriminación o una agresión duplica prácticamente los niveles de sintomatología depresiva, ansiedad o estrés, apatía, soledad, rabia o enfado.
Por tanto, poder ser quienes somos en libertad y con la garantía de estar en un espacio seguro también es una cuestión de salud mental. Y las empresas tienen la responsabilidad directa de garantizar que en sus centros de trabajo nadie tenga que vivir en alerta permanente ni elegir entre protegerse y mostrarse tal y como es.
El Real Decreto 1026/2024 ofrece a las compañías un marco para garantizar la igualdad real y efectiva de las personas LGTBI+, con medidas concretas de prevención y actuación frente a la discriminación y el acoso. Para las empresas de más de 50 personas trabajadoras, además, estas medidas son una obligación legal.
Pero cumplirla no debería entenderse como una carga burocrática, sino como una oportunidad. Cuando las personas se sienten seguras, respetadas y parte de su organización, pueden dedicar su energía a trabajar, crear, colaborar y desarrollar todo su talento. Y es que derechos, igualdad, productividad y salud mental van de la mano: las condiciones laborales dignas y respetuosas construyen organizaciones más saludables, comprometidas, valoradas por sus plantillas y con capacidad para retener su talento
Por eso, desde la Federación Estatal LGTBI+ queremos transmitir a las empresas que no tienen que hacerlo solas. Llevamos años trabajando con organizaciones para impulsar espacios laborales seguros e inclusivos y podemos acompañarlas en la aplicación del Real Decreto, en el diseño de medidas y protocolos y en la construcción de una cultura empresarial que vaya más allá del cumplimiento formal.
Porque cumplir la ley es solo el punto de partida. El objetivo es que ninguna persona tenga que dejar su vida atrás cuando cruza la puerta de su empresa, que nadie sufra las consecuencias de la LGTBIfobia en su espacio de trabajo y que todo el mundo se sienta parte del equipo y pueda desarrollar todo su talento sin miedo. Cuidar la diversidad es cuidar a las personas. Y cuidar a las personas es también cuidar nuestras empresas.
Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables: Día Mundial de la Salud Mental – Salud mental en el entorno laboral: estrategias para promover el bienestar y la resiliencia


