El consumo impulsivo, la acumulación de productos y el papel creciente de las plataformas digitales están redefiniendo los hábitos de compra en España. El último estudio de Wallapop analiza cómo factores emocionales, económicos y sociales influyen en las decisiones de los consumidores, así como el potencial de la economía circular para optimizar recursos y reducir el impacto ambiental.
- El informe de Wallapop advierte de que en España compramos muchos productos que no necesitamos pese a que a mucha gente no le alcanza el sueldo. ¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio sobre esta contradicción financiera?
- El informe destaca un fuerte componente emocional detrás de la cesta de la compra. ¿Cómo están afectando el estrés o la necesidad de darnos un «autopremio» a nuestras decisiones de consumo no planificadas?
- Las plataformas digitales nos bombardean constantemente con tendencias. ¿Hasta qué punto condicionan las redes sociales lo que compramos, especialmente si nos fijamos en la generación más joven?
- El consumo ultrarrápido parece haberse normalizado en la mayoría de la población. ¿Se aprovechan realmente los artículos que compramos en estas plataformas o acaban siendo desechados rápidamente?
- Parece que tenemos un problema de espacio porque guardamos cosas que no usamos. ¿Cómo de grave es este problema de acumulación en los hogares españoles y qué refleja sobre nuestros hábitos?
- Frente a tanto gasto en artículos no esenciales, la segunda mano se plantea como una solución. ¿Qué impacto económico real o ahorro puede suponer para un ciudadano medio apostar por la compraventa de reutilizados?
- Más allá del bolsillo, la economía circular es fundamental para el planeta. ¿Podría explicarnos cuál ha sido el impacto medioambiental positivo logrado por la comunidad de Wallapop durante el pasado año 2025?
En esta entrevista, Pol Fàbrega, responsable de sostenibilidad de la compañía, profundiza en las principales conclusiones del informe y en los retos para avanzar hacia un modelo de consumo más consciente.
El informe de Wallapop advierte de que en España compramos muchos productos que no necesitamos pese a que a mucha gente no le alcanza el sueldo. ¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio sobre esta contradicción financiera?
La contradicción que observamos no se entiende sin el cambio profundo en las reglas del consumo en las últimas décadas. Antes, ciertos hitos vitales como acceder a una vivienda o comprarse un coche eran más habituales y alcanzables; hoy, en cambio, el acceso a estos bienes estructurales es más complejo. A esto se le suma que convivimos con un entorno que incentiva el consumo constante.
En este contexto, muchas decisiones de compra ya no responden únicamente a una necesidad funcional, sino también a una lógica emocional. La dificultad para alcanzar objetivos a largo plazo hace que, en el corto plazo, busquemos pequeñas recompensas accesibles: compras que generan una sensación inmediata de alivio o control, aunque no siempre responden a una necesidad real, lo que nos hace consumir más y no necesariamente mejor.
El informe destaca un fuerte componente emocional detrás de la cesta de la compra. ¿Cómo están afectando el estrés o la necesidad de darnos un «autopremio» a nuestras decisiones de consumo no planificadas?
El consumo se está consolidando poco a poco como una herramienta de gestión emocional, y ese es un cambio relevante. Los datos del estudio así lo muestran: siete de cada diez españoles reconocen haber realizado compras tras momentos de estrés o frustración como forma de autopremio, y más de la mitad admite hacerlo también por aburrimiento.
Sin embargo, ese efecto positivo no siempre se materializa. El 60% de los consumidores no experimenta ninguna sensación especial tras estas compras, un 16% reconoce sentir angustia y solo un 23% afirma sentirse satisfecho. Esto refleja que, en muchos casos, estamos utilizando el consumo como una vía de regulación emocional que no siempre cumple su función e incluso puede generar frustración.
Las plataformas digitales nos bombardean constantemente con tendencias. ¿Hasta qué punto condicionan las redes sociales lo que compramos, especialmente si nos fijamos en la generación más joven?
Más que condicionar, las redes están reconfigurando directamente cómo se construye el deseo. Los datos lo reflejan con bastante claridad: el 44% de los españoles reconoce que influyen en sus decisiones de compra, pero en el caso de los jóvenes ese porcentaje se dispara hasta el 75%.
Esto nos indica que ya no hablamos solo de inspiración, sino de un entorno digital que genera necesidades de forma continua. A eso se suma el peso de las tendencias, que activan la compra en el 52% de los casos, creando un ecosistema donde todo invita a consumir.
El resultado es un consumo más expuesto, más inmediato y, en muchos casos, menos reflexivo. La decisión no siempre nace de una necesidad propia, sino de la exposición constante a estímulos que normalizan la compra como respuesta casi automática.
El consumo ultrarrápido parece haberse normalizado en la mayoría de la población. ¿Se aprovechan realmente los artículos que compramos en estas plataformas o acaban siendo desechados rápidamente?
El uso de estas plataformas está ampliamente extendido, con un 78% de la población que reconoce haberlas utilizado en el último año, una cifra que se eleva hasta el 95% en el caso de los jóvenes de 18 a 24 años, lo que refleja la normalización de formas de consumo más rápidas e inmediatas. En este contexto, la facilidad de compra no siempre se traduce en un uso continuado de los productos, lo que termina generando dinámicas de acumulación o infrautilización.
De hecho, más de la mitad de los artículos adquiridos quedan fuera de cualquier lógica de economía circular, ya sea porque se desechan o porque permanecen almacenados sin uso, lo que evidencia un desajuste entre la facilidad de consumo y el aprovechamiento real de los bienes.
Parece que tenemos un problema de espacio porque guardamos cosas que no usamos. ¿Cómo de grave es este problema de acumulación en los hogares españoles y qué refleja sobre nuestros hábitos?
Es un problema más relevante de lo que parece porque es la consecuencia directa de cómo consumimos. Según los datos de La Red del Cambio 2025, los españoles estiman que podrían vender productos que tienen en casa sin utilizar por un valor medio de 404 euros.
Este dato no solo habla de acumulación, sino de un ciclo de consumo incompleto. Compramos con facilidad, pero nos cuesta desprendernos de lo que ya no usamos, ya sea por apego emocional o incluso aspiracional, o por falta de hábito.
En el fondo, lo que refleja es una ineficiencia clara: acumulamos objetos, pero también valor económico. Tenemos recursos en casa que no utilizamos y que, sin embargo, no reintroducimos en el circuito, perdiendo así una oportunidad tanto de optimización como de consumo más consciente.
Frente a tanto gasto en artículos no esenciales, la segunda mano se plantea como una solución. ¿Qué impacto económico real o ahorro puede suponer para un ciudadano medio apostar por la compraventa de reutilizados?
El impacto es directo y cuantificable. Según La Red del Cambio 2025, cada persona genera de media 1.112 euros adicionales al año gracias a la compra y venta de productos reutilizados, el equivalente a una paga extra para un salario medio en España de 20.767 brutos anuales.
Además, el 65% de los españoles afirma que utilizar este tipo de plataformas les ayuda a optimizar sus recursos económicos y aliviar su estrés financiero. Cuando lo llevamos a términos cotidianos, este importe puede equivaler a 15 meses de factura de la luz, un año y medio de telefonía o internet, o tres meses de cesta de la compra.
Más allá de la cifra, lo relevante es el cambio de lógica: el consumo deja de ser solo gasto para convertirse también en una vía de ingreso y optimización de recursos.
Más allá del bolsillo, la economía circular es fundamental para el planeta. ¿Podría explicarnos cuál ha sido el impacto medioambiental positivo logrado por la comunidad de Wallapop durante el pasado año 2025?
Para comprender mejor el impacto medioambiental de la plataforma, desarrollamos un modelo de medición en colaboración con Deloitte en 2022. Según este análisis, sólo en 2025, la compra de productos reutilizados en vez de nuevos por la comunidad de Wallapop ha contribuido a evitar 473 mil toneladas de emisiones de CO₂. Esto equivale a eliminar todo el tráfico de la ciudad de Barcelona durante 7 meses al año. También ha contribuido a ahorrar 16,9 mil millones de litros de agua y evitar la generación de 28,6 mil toneladas de residuos..
Más allá de la magnitud de las cifras, lo relevante es lo que representan: demuestran que la economía circular tiene un impacto real cuando se integra en los hábitos cotidianos. No se trata solo de grandes decisiones, sino de pequeñas acciones repetidas a escala que, en conjunto, generan un efecto significativo.
En ese sentido, la clave está en entender que el consumo también puede ser parte de la solución, siempre que evolucione hacia modelos más eficientes, donde alargar la vida útil de los productos forme parte natural del proceso.
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