Coincidiendo con el décimo aniversario de la Fundación José Antonio Llorente, su presidenta, Irene Rodríguez, hace balance de una década en la que la comunicación se ha consolidado como una herramienta de transformación social. En esta entrevista, repasa los principales hitos alcanzados, reflexiona sobre el papel del voluntariado y sitúa el bienestar digital de los jóvenes como el gran eje estratégico de la nueva etapa de la Fundación. Además, reivindica la necesidad de impulsar un uso más crítico, ético y saludable de la tecnología desde la colaboración entre empresas, tercer sector e instituciones.
- La Fundación José Antonio Llorente celebra este año su décimo aniversario. ¿Qué balance hace de esta primera década y cuáles considera que han sido los hitos más relevantes alcanzados hasta ahora?
- Desde su creación, la Fundación ha impulsado decenas de proyectos y movilizado a miles de voluntarios. ¿Qué aprendizajes han marcado más profundamente la evolución de la organización durante estos diez años?
- Han decidido situar el bienestar digital de los jóvenes en el centro de su nueva etapa. ¿Por qué consideran que este es uno de los grandes desafíos sociales de nuestro tiempo?
- La nueva estrategia se articula en torno al pensamiento crítico, la salud mental, la inclusión digital y la alfabetización tecnológica. ¿Cuál de estos ámbitos le preocupa especialmente y por qué?
- En un contexto marcado por la Inteligencia Artificial y las redes sociales, ¿qué papel pueden desempeñar las empresas, las fundaciones y el tercer sector para ayudar a los jóvenes a relacionarse con la tecnología de forma más saludable y responsable?
- Si José Antonio Llorente pudiera ver hoy la evolución de la Fundación que lleva su nombre, ¿qué cree que le haría sentirse más orgulloso y qué retos le animaría a afrontar en los próximos diez años?
La Fundación José Antonio Llorente celebra este año su décimo aniversario. ¿Qué balance hace de esta primera década y cuáles considera que han sido los hitos más relevantes alcanzados hasta ahora?
El balance de nuestra primera década es sumamente enriquecedor. Durante estos diez años, hemos confirmado que la Comunicación y los Asuntos Corporativos son herramientas sumamente potentes para generar transformación social. Al profesionalizar la comunicación de las causas sociales, hemos logrado «visibilizar lo invisible» y amplificar el compromiso con colectivos vulnerables.
La Fundación ha consolidado un impacto significativo gracias al compromiso compartido de sus equipos. Con un total de 75 proyectos impulsados, hemos logrado llegar a 8.117 beneficiarios y brindar apoyo estratégico a 281 organizaciones sociales (partners). Este alcance ha sido posible gracias a la generosa contribución de 3.068 voluntarios, quienes han dedicado un total de 15.850 horas pro-bono para poner la creatividad y el talento al servicio de las causas que transforman nuestra sociedad.
Entre los hitos más relevantes destacan proyectos como «Voces Futuras», enfocado en dotar a jóvenes vulnerables de herramientas de comunicación y empleabilidad, o campañas de alto impacto como «Puertas de Esperanza» y «Transparentes», que han servido para visibilizar realidades de la comunidad LGTBIQ+.
Al observar nuestra evolución, la Fundación ha encontrado su mayor inspiración mirando al futuro: los jóvenes. José Antonio Llorente veía en ellos no solo una promesa, sino una fuente inagotable de innovación y el verdadero motor de cambio. Nuestro propósito está centrado en promover el bienestar digital de la juventud a través de cuatro grandes compromisos: pensamiento crítico, la salud mental, la inclusión digital y la alfabetización tecnológica.
Desde su creación, la Fundación ha impulsado decenas de proyectos y movilizado a miles de voluntarios. ¿Qué aprendizajes han marcado más profundamente la evolución de la organización durante estos diez años?
El mayor aprendizaje de esta década es que la comunicación no debe ser solo un altavoz de resultados, sino el motor mismo del impacto social. Para lograr cambios sistémicos y reales, las organizaciones del sector social debemos elevar nuestras narrativas a través del talento, la estrategia y la creatividad para visibilizar realidades en las que se necesita tomar acción.
Esta profunda evolución es la que nos ha llevado a responder a los desafíos actuales y centrar nuestra experiencia en el humanismo tecnológico, situando el bienestar digital de las nuevas generaciones en el centro de nuestra propuesta de valor.
En relación con el voluntariado y el trabajo con las nuevas generaciones, hemos aprendido que no basta con diseñar programas para los jóvenes; el verdadero cambio ocurre cuando los hacemos protagonistas. Para conectar con ellos, el éxito reside en que no solamente sean receptores, sino darles las herramientas para que ellos mismos se sumen al debate.
Han decidido situar el bienestar digital de los jóvenes en el centro de su nueva etapa. ¿Por qué consideran que este es uno de los grandes desafíos sociales de nuestro tiempo?
Consideramos que es un desafío crítico porque la hiperconectividad avanza a una velocidad vertiginosa, transformando radicalmente la forma en que los jóvenes construyen su identidad y sus relaciones. Los datos actuales en España son una llamada a la acción: el 70% de los adolescentes pasa más de cuatro horas diarias conectados y, lejos de ejercer un dominio activo de las plataformas, el 85% realiza un uso pasivo, actuando como espectadores dentro de la llamada «Economía de la Atención».
Esta realidad tiene un impacto directo en el bienestar emocional. Desde 2012, los diagnósticos de problemas de salud mental en menores se han incrementado de forma alarmante. Hoy en día, el 15% de los adolescentes sufre malestar emocional derivado del uso de las redes sociales, y casi la mitad experimenta ansiedad o nomofobia ante la falta de interacción inmediata en entornos digitales que, a menudo, actúan como espejos distorsionados de su autoestima. Además, un 68% admite su preocupación ante el impacto de su interacción con la Inteligencia Artificial.
Por esto, en la Fundación José Antonio Llorente entendemos que el bienestar digital no es un reto sectorial, sino un desafío sistémico. No podemos hablar de progreso ni de futuro si la tecnología no se traduce, ante todo, en salud emocional y desarrollo humano para quienes están llamados a liderar el mañana.
La nueva estrategia se articula en torno al pensamiento crítico, la salud mental, la inclusión digital y la alfabetización tecnológica. ¿Cuál de estos ámbitos le preocupa especialmente y por qué?
Aunque los cuatro ámbitos son interdependientes, la salud mental en entornos conectados nos preocupa de manera prioritaria. La sobreexposición a las pantallas y la falta de herramientas para gestionar el entorno virtual están afectando el equilibrio emocional de la juventud, convirtiéndose ya en un desafío de salud pública. En los últimos 20 años los problemas de salud mental se han incrementado en más del 300% en España afectando en su mayoría a chicas entre 12 a 14 años.
Sin embargo, para abordar la salud mental de raíz, es indispensable trabajar de la mano de la alfabetización digital y el pensamiento crítico. Vivimos bajo la paradoja de catalogarles como «nativos digitales» asumiendo que saben navegar por la red de forma segura, cuando en realidad muchas veces desconocen los mecanismos e impactos de las herramientas que usan a diario. Sin pensamiento crítico, los jóvenes son más vulnerables a la desinformación y a los sesgos de los algoritmos de la Inteligencia Artificial, que en ocasiones replican y perpetúan estereotipos obsoletos en las nuevas generaciones.
En un contexto marcado por la Inteligencia Artificial y las redes sociales, ¿qué papel pueden desempeñar las empresas, las fundaciones y el tercer sector para ayudar a los jóvenes a relacionarse con la tecnología de forma más saludable y responsable?
El sector fundacional debe actuar como un radar de realidades emergentes para visibilizar, anticipar y atajar los riesgos sociales que el ritmo acelerado del mercado o la tecnología a veces pasan por alto. Nuestra responsabilidad fundamental es tejer redes de apoyo y colaboración público-privada que aporten soluciones tangibles.
Concretamente, debemos brindar herramientas que empoderen a la juventud y, paralelamente, dotar a los adultos (educadores, familias y tutores) del conocimiento y las competencias necesarias para acompañarlos digitalmente. Un claro ejemplo de este compromiso en nuestra Fundación es la iniciativa «Ponte al dIA», una newsletter sobre IA y tecnología, centrada en la juventud para acortar la brecha de conocimiento y previniendo los riesgos del entorno virtual.
En definitiva, nuestro papel es ser el puente que traduzca la complejidad tecnológica en bienestar social, abriendo espacios de diálogo intergeneracional y asegurando que la digitalización y el desarrollo de la IA se guíen siempre bajo los principios del humanismo tecnológico y la responsabilidad compartida.
Si José Antonio Llorente pudiera ver hoy la evolución de la Fundación que lleva su nombre, ¿qué cree que le haría sentirse más orgulloso y qué retos le animaría a afrontar en los próximos diez años?
Se sentiría profundamente orgulloso de comprobar que el ADN con el que fundó LLYC sigue siendo la esencia viva de la Fundación: su firme convicción de que la comunicación es un territorio de valor e inspiración, capaz de resolver los grandes desafíos de nuestro tiempo. Le emocionaría ver que seguimos poniendo todo nuestro talento al servicio de la construcción de confianza social, situando siempre a las personas en el centro.
De cara a la próxima década, su visión nos empujaría, sin duda, a seguir confiando plenamente en las nuevas generaciones. Como él mismo afirmaba:
«La gente joven tiene que mantener un cierto nivel de optimismo y confianza en sí mismos; lo que hay que hacer, está por hacer y lo tienen que hacer ellos».
Nos animaría a afrontar el reto de la digitalización no desde la restricción, sino desde el empoderamiento: dando voz a los jóvenes, acompañándolos en sus inquietudes y asegurándonos de que cuenten con el criterio, la ética y la salud emocional para liderar su futuro en la era de la Inteligencia Artificial.
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