La sostenibilidad entra en una nueva etapa marcada por mayores exigencias de transparencia, trazabilidad y verificación. Para Gonzalo Anguita, Director Ejecutivo de FSC, este escenario no debe entenderse solo como una obligación regulatoria, sino como una oportunidad para ganar competitividad y confianza. En esta entrevista analiza el papel de la certificación frente al greenwashing, la medición de impactos ambientales y el valor de una gestión forestal responsable para construir empresas más resilientes.
- ¿Cómo deberían prepararse las empresas españolas ante el nuevo escenario normativo en materia de sostenibilidad, especialmente para garantizar que sus compromisos ambientales estén alineados con los nuevos requisitos de transparencia, trazabilidad y verificación?
- Ante el creciente escrutinio sobre las alegaciones de sostenibilidad y el riesgo de greenwashing, ¿qué papel deben desempeñar estándares y sistemas de certificación como FSC para ayudar a las empresas a demostrar que sus compromisos ambientales se basan en prácticas reales, creíbles y verificables?
- ¿Qué aprendizajes puede aportar el modelo de certificación FSC a empresas de otros sectores que buscan transformar sus compromisos de sostenibilidad en acciones medibles, auditables y capaces de generar confianza entre consumidores, inversores y otros grupos de interés?
- Desde el punto de vista del sector forestal, la certificación y la gestión responsable de los recursos naturales tienen un papel relevante. ¿Puede esta nueva regulación convertirse en una oportunidad para las empresas que ya cuentan con sistemas de trazabilidad y certificaciones ambientales reconocidas?
- ¿Qué recomendación daría a los directivos españoles que todavía ven la sostenibilidad principalmente como una obligación regulatoria y no como una ventaja competitiva? ¿Cómo pueden transformar estas nuevas exigencias en una oportunidad de negocio?
¿Cómo deberían prepararse las empresas españolas ante el nuevo escenario normativo en materia de sostenibilidad, especialmente para garantizar que sus compromisos ambientales estén alineados con los nuevos requisitos de transparencia, trazabilidad y verificación?
Creo que afortunadamente una gran proporción de las grandes empresas españolas, llevan ya muchos años preparándose en materia de sostenibilidad, aunque la nueva batería europea de marcos normativos en esta área está representando un desafío por su volumen que en ocasiones supera la capacidad de las estructuras empresariales.
El desafío que representa este cambio puede verse como una oportunidad. La diligencia debida, es un procedimiento que permite mejorar los datos en origen y en las sucesivas etapas de transformación y/o comercialización de las materias primas y los productos elaborados, y por ello, eliminar riesgos e incrementar la seguridad de las cadenas de abastecimiento de la empresa. Aunque su implementación implica un esfuerzo y tiene un coste, aumenta la confianza entre las partes (ya sea entre empresas o entre empresa y cliente/usuario final) y genera valor.
Esa garantía se la puede proporcionar un aliado, que ponga a disposición de la empresa, una metodología robusta y un sistema fiable de verificación mediante una auditoría de tercera parte en un marco de acreditación, como es el sistema de certificación FSC.
En este nuevo contexto normativo, FSC ofrece la verificación de impactos. Esto permite a las organizaciones medir de una manera objetiva el impacto real de sus acciones en el medio ambiente, obteniendo evidencia confiable que sirva para la toma de decisiones estratégicas y para la rendición de cuentas en sus informes ESG. Para ello, FSC cuenta con una herramienta (benchmarking tool) que permite demostrar cómo a través de la verificación de estos impactos se garantiza el cumplimiento de objetivos utilizando el marco global, o estándares internacionales de referencia, como GRI (Global Reporting Initiative), uno de los más utilizados del mundo para elaborar informes de sostenibilidad, CSRD o TNFD.
Ante el creciente escrutinio sobre las alegaciones de sostenibilidad y el riesgo de greenwashing, ¿qué papel deben desempeñar estándares y sistemas de certificación como FSC para ayudar a las empresas a demostrar que sus compromisos ambientales se basan en prácticas reales, creíbles y verificables?
Frente a la proliferación delgreenwashing, FSC aporta la solidez de una marca reconocida y de confianza global, al estar sustentada en unos estándares que permiten cumplir con objetivos en materia ambiental y social, de forma rigurosa, dentro de una organización, que tiene una gobernanza cameral que equilibra los intereses y que cuenta con una dilatada trayectoria de 30 años. Nuestros estándares cuentan con una metodología que permite la verificación independiente por terceras partes de los servicios del ecosistema, que son los beneficios, “los superpoderes” que nos proporciona la naturaleza, el verdadero valor de los bosques que va más allá de las materias primas que nos ofrecen y que permite medir siete impactos específicos: captura de carbono, conservación de la biodiversidad, servicios hídricos, conservación del suelo, calidad del aire, servicios recreativos y valores culturales. De esta forma podemos medir, por ejemplo, cuántos individuos de una determinada especie hay en un territorio, conocer la calidad de suelo después de un incendio forestal o la capacidad de las cuencas hidrográficas para purificar y regular el flujo de agua. En España contamos en estos momentos con 48 impactos verificados FSC en las áreas de biodiversidad, agua, carbono y uso recreativo. Para dar una idea de su dimensión, todos ellos abarcan una superficie que supera las 100.000 hectáreas.
En general, y en nuestro caso, ese escrutinio exige demostrar los resultados de implementar unos estándares de selvicultura a lo largo del tiempo, algo que exige revisar nuestras bases de datos para incorporar los datos que son requeridos. Hay que decir que FSC siempre ha proporcionado y sigue proporcionando los resúmenes públicos de los informes de auditorias de gestión forestal. En la actualidad, el reglamento europeo para frenar la deforestación importada (EUDR) ha obligado a revisar el sistema de certificación íntegramente y hay muchas novedades cuya implementación se verá desde finales de este año.
¿Qué aprendizajes puede aportar el modelo de certificación FSC a empresas de otros sectores que buscan transformar sus compromisos de sostenibilidad en acciones medibles, auditables y capaces de generar confianza entre consumidores, inversores y otros grupos de interés?
Una de las fortalezas del sistema de certificación FSC es su modelo de gobernanza. Al ser una organización de membresía, todas las revisiones normativas, pasan por un proceso público de consulta. En general la estrategia global de FSC Internacional y sus planes emanan de las mociones asamblearias que se producen cada tres años (cada año en la oficina nacional) y que exigen un quorum entre las cámaras ambiental, social y económica. Es importante recibir la retroalimentación de los actores que, en el terreno, van a implementar esas normas, porque hay que encontrar un balance equilibrado entre los requisitos de índole social y ambiental y su realización práctica (en término de operaciones y en materia de costes).
A nivel de los consumidores, no basta con contar con un sello que sea reconocido, y que cuente con la confianza de las cadenas de abastecimiento y de los distribuidores minoristas. Hay que divulgar la misión y las acciones que se desarrollan para conservar ese patrimonio forestal. Es parte de nuestros objetivos de comunicación, el llegar al consumidor final.
Nuestro procedimiento de verificación de impactos representa una gran oportunidad para los gestores forestales, ya que proporciona datos que han sido contrastados por auditorías de tercera parte. Por un lado, permite a las empresas que están en su cadena de valor, el comunicar esos resultados de forma objetiva y con transparencia. Por otro lado, esa robustez en los datos representa un activo que atrae inversiones públicas y privadas permitiendo la financiación de estos proyectos de gestión forestal. Este círculo es beneficioso para todas las partes, al tiempo que las empresas cumplen el marco normativo, y con sus propios objetivos ESG, ganan credibilidad frente a los consumidores. Toda la sociedad gana.
Desde el punto de vista del sector forestal, la certificación y la gestión responsable de los recursos naturales tienen un papel relevante. ¿Puede esta nueva regulación convertirse en una oportunidad para las empresas que ya cuentan con sistemas de trazabilidad y certificaciones ambientales reconocidas?
Para las empresas y gestores del sector forestal que ya aplican prácticas responsables, las crecientes exigencias normativas, como he explicado representan una oportunidad de liderazgo, de diferenciación competitiva. Les permite posicionarse como líderes en la gestión responsable de los bosques, robusteciendo a toda la cadena de valor aumentando sus posibilidades comerciales y atrayendo inversiones.
¿Qué recomendación daría a los directivos españoles que todavía ven la sostenibilidad principalmente como una obligación regulatoria y no como una ventaja competitiva? ¿Cómo pueden transformar estas nuevas exigencias en una oportunidad de negocio?
Las cadenas de abastecimiento están afectadas por el riesgo climático, que cada vez tiene mayores impactos. Defender el negocio de las empresas que proporcionan recursos forestales y de toda su cadena de valor, hasta llegar al consumidor final, pasa por un camino obligatorio, que es la adaptación y la mitigación de esos riesgos. Dotar a nuestros activos naturales de resiliencia frente a esos riesgos y asegurar la vida de las empresas es algo obligatorio, y para ello cuentan con sistemas de certificación de tercera parte como FSC, que pueden proporcionarle las herramientas para el cumplimiento normativo y para demostrar impactos positivos a nivel social y ambiental. Como decía, en el caso del sector forestal, además de las materias primas, estamos tratando de importantes servicios como el suelo, el aire o el agua, que son bienes necesarios para nuestra supervivencia y que deben involucrar a agentes públicos y privados. Hay que dotar de herramientas de valorización económica a esos activos naturales y así generar inversión y garantizar que se cumplen los objetivos de su permanencia a largo plazo.
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