¿Cuál fue el momento clave que te llevó a implicarte en la Sostenibilidad social y empresarial?
Para responder me vas a permitir ponerle apellido, porque la palabra sola ya no dice nada: sirve para referirse a todo y a la vez a nada. Prefiero hablar de sostenibilidad ambiental, social y empresarial, que son los tres ejes sobre los que he construido mi carrera.
- ¿Cuál fue el momento clave que te llevó a implicarte en la Sostenibilidad social y empresarial?
- ¿Qué personas o experiencias han marcado más tu compromiso con estos temas?
- ¿Qué significa para ti “liderar con propósito” en el ámbito empresarial?
- ¿Qué proyectos o iniciativas destacarías por su impacto positivo en la sociedad y la empresa?
- ¿Cómo mides el éxito de una acción de Sostenibilidad más allá de los resultados económicos?
- ¿Qué papel juega la innovación en la creación de soluciones sostenibles?
- ¿Qué mensaje darías a las empresas y líderes que aún ven la Sostenibilidad como algo secundario?
- ¿Cómo motivas a tu equipo y a tus aliados para que se comprometan con una visión a largo plazo?
- ¿Qué barreras te has encontrado y cómo las has superado?
- ¿Cómo imaginas el futuro de la Sostenibilidad social y empresarial en los próximos 10 años?
- ¿Qué papel crees que jugarán las nuevas generaciones en este cambio?
- Si tuvieras que dar un solo consejo para que más personas se sumen, ¿cuál sería?
En la sostenibilidad ambiental llevo desde el inicio, desde 2001, cuando decidí dar un giro profesional y comprometerme con los temas de medioambiente. En aquel momento no se hablaba de sostenibilidad sino de medioambiente, y en ese ámbito crecí: gestión de residuos, auditorías ambientales, docencia, hasta llegar de forma natural a la huella de carbono, el cambio climático, la economía circular y el reporte.
A la sostenibilidad social llegué algo después, cuando empecé a entender la empresa como un todo hecho de personas. Siempre he intentado incorporar al mayor número posible de profesionales en los procesos de mejora, para que participaran en construir las herramientas que hacían mejor su propio trabajo.
El punto de inflexión real llegó cuando me di cuenta de que mi vida profesional era de todo menos sostenible para mí misma. Trabajar de forma independiente me ha obligado a conciliar los tres ejes, y hoy abrazar la sostenibilidad como un todo no es solo una convicción profesional: es también una práctica personal.
¿Qué personas o experiencias han marcado más tu compromiso con estos temas?
Mi compromiso con el ámbito ambiental lo tengo desde los inicios, es algo que siempre encajó con lo que me importaba. Pero el compromiso más firme y más honesto llegó de una experiencia muy personal: llevar años trabajando en sostenibilidad ambiental y social, prestando atención al impacto en las personas, y darme cuenta de que la única persona a la que no había cuidado era yo misma.
Ese descubrimiento, sumado a un contacto muy intenso con realidades complejas que no siempre tienen acceso a una vida sostenible, me ha enseñado algo fundamental: el compromiso auténtico hacia la sostenibilidad pasa primero por el compromiso hacia una misma. Si no es así, es una lucha constante con un desgaste difícil de medir y consecuencias en todos los ámbitos de la vida.
¿Qué significa para ti “liderar con propósito” en el ámbito empresarial?
Liderazgo con propósito es un concepto noble aunque algo gastado. Para mí, liderar es tener humanidad, ser fiel a una misma y actuar desde la honestidad y los principios. Es saber qué puedo aportar yo y qué pueden aportar los demás, y trabajar para que existan las sinergias necesarias para obtener los resultados buscados.
Un buen líder es un puente: capaz de tejer lazos, de alinear el objetivo propio con el que le han encomendado, y de predicar con el ejemplo. Trabaja con rigor, con criterio y con oficio, y es capaz de pivotar con agilidad cuando las circunstancias cambian. Y disfruta viendo crecer a su equipo. Eso, en mi experiencia, es bastante escaso y enormemente valioso.
¿Qué proyectos o iniciativas destacarías por su impacto positivo en la sociedad y la empresa?
Hay muchos, pero del que más orgullosa me siento es el de haber incorporado, en un proceso técnico y altamente digitalizado, a las personas que tenían que estar. El impacto fue muy positivo para la empresa: sentó las bases para convertirse en una organización que aprende, y eso no es fácil de conseguir ni de mantener.
También he visto proyectos planteados con rigor y gran anticipación que se dejaron en barbecho, y que al final se reivindicaron solos, supliendo carencias que nadie había previsto. Cada proyecto tiene su tiempo y su lugar. Lo que sí tengo claro es que las organizaciones deberían ser mucho más ágiles en la toma de decisiones, preferiblemente basadas en datos obtenidos internamente del agente adecuado. La inacción tiene un coste altísimo en oportunidades perdidas.
Y más allá de lo que he vivido: hay gente trabajando en proyectos extraordinarios. Eso es lo que más me gusta del momento en que vivimos. Un ejemplo que me ha impresionado es el de The Ocean Cleanup, una organización que trabaja para recoger plásticos del océano, impulsada inicialmente por un estudiante holandés de 18 años y financiada en parte por crowdfunding. Engloba muchas de las luces y sombras de la sostenibilidad actual.
¿Cómo mides el éxito de una acción de Sostenibilidad más allá de los resultados económicos?
Depende de quién mide. Si hablo de resultados ante los que respondo, me centro en conseguir resultados concretos que permitan intuir un valor potencial. Sin eso, la experiencia me dice que muy pocas cosas prosperan.
En mi vida profesional cuando me ocupaba de la gestión de proyectos de I+D, el éxito fue que los pilotos desarrollados se convirtieron en la semilla de un centro de investigación que acercó la investigación al mercado. En vigilancia tecnológica, el éxito fue dar peso real al conocimiento de las personas e integrarlo en un sistema que mantuviera informada a toda la empresa. En gestión del conocimiento, fue analizar cómo transformar los sistemas de trabajo para mejorar la calidad de vida de las personas y los resultados. En huella de carbono, fue poner a cada persona del proceso en el centro del mismo y alcanzar un grado de automatización muy significativo.
Si mido por mis propios criterios, el éxito son los intangibles: aprendizajes, mejoras incrementales, sinergias y calidad de vida en el trabajo de los implicados. Eso es harina de otro costal, pero no por ello menos real.
¿Qué papel juega la innovación en la creación de soluciones sostenibles?
Un papel fundamental. Las soluciones que mejor se han sostenido en el tiempo e integrado en la operativa diaria han tenido mucho más que ver con la innovación que con los recursos disponibles. Incorporar el mayor conocimiento transversal posible para diseñar la solución final es clave, y entender que la innovación tiene muchas facetas: muchas veces pequeñas innovaciones incrementales han dado grandes resultados.
Y hay algo que no puede faltar: ayudar a manejar el cambio de la forma más amable posible. El cambio es uno de los grandes obstáculos a la hora de gestionar nuevas soluciones, y gestionarlo bien marca la diferencia entre que algo prospere o muera.
¿Qué mensaje darías a las empresas y líderes que aún ven la Sostenibilidad como algo secundario?
Que lo que ya pierden hoy no es nada comparado con lo que van a perder. Hay empresas que abrazan la sostenibilidad por convicción y otras que lo hacen por obligación (terceras partes, mercados, cadenas de valor, etc). La diferencia entre implantar las cosas desde una u otra perspectiva es enorme.
Me viene a la memoria lo que ocurrió en su día con la calidad: todos conocemos organizaciones donde se gestiona bien y otras donde es puro trámite, y el impacto real es muy diferente. Las grandes empresas ya tienen hoy exigencias de reporte, y en breve las tendrán de gestión. Eso va a tener un impacto muy significativo en las pymes que están en su cadena de valor. La pregunta que cada empresa debería hacerse es cómo afrontar ese impacto: obligando a seguir estándares propios o trabajando conjuntamente para crear herramientas útiles con beneficio mutuo.
Lo que sí es cierto es que, se haga como se haga, lo interesante es hacerlo con tiempo, cariño y rigor, que cambia absolutamente todo.
¿Cómo motivas a tu equipo y a tus aliados para que se comprometan con una visión a largo plazo?
Es la pregunta del millón, y la más complicada. Ni la pasión más intensa ni la convicción más sincera calan si los interlocutores no están mínimamente alineados contigo. La situación varía mucho según el contexto del proyecto.
Cuando todos persiguen un mínimo objetivo común, integrar, dar a cada uno su lugar, crecer y celebrar juntos es garantía de alcanzar una motivación real sin grandes desgastes. Cuando algunas partes buscan su propio beneficio más allá del proyecto, la cosa cambia radicalmente. En mi caso, haberme enfrentado a muchas situaciones así me ha dado algo valioso: un mecanismo de detección precoz para identificar esas dinámicas a tiempo y evitar el desgaste que conllevan.
¿Qué barreras te has encontrado y cómo las has superado?
Barreras, todas las que caben. Pero forman parte del camino y del crecimiento. Todo lo que recuerdo ha conllevado obstáculos que en algunos casos parecían insalvables, y para mi satisfacción al final se superaron, utilizando lo aprendido y todas las herramientas y habilidades desarrolladas a lo largo de mi carrera.
Más allá de las cuestiones técnicas y económicas, las barreras realmente significativas han sido la ignorancia, la mezquindad, el poder y el control. Están muy presentes en entornos de innovación, sostenibilidad y transformación. Aquí sí tengo un consejo claro: cuando se trabaja en una cultura donde imperan estas dinámicas, hay que medir muy bien hasta dónde implicarse. Por salud mental, y porque una retirada a tiempo no es derrota, es inteligencia.
¿Cómo imaginas el futuro de la Sostenibilidad social y empresarial en los próximos 10 años?
Veo dos escenarios según la realidad empresarial: el puro reporte y cumplimiento por un lado, y la consciencia y el compromiso real por el otro. Entre ambos existe todo el espectro imaginable, y espero que los extremos vayan convergiendo.
La complejidad aumenta cada día: confluyen nuevos actores, la economía, la geopolítica, la regulación, los mercados, la globalización, nuevos despertares respecto a la sostenibilidad más allá de Europa, las exigencias de la sociedad y de los consumidores, cada uno con pesos distintos y difícilmente predecibles.
Lo que sí tengo claro es que mientras todo eso ocurre, la dirección que tome la balanza dependerá de lo bien que lo hagamos y de la responsabilidad con la que actuemos los profesionales de la sostenibilidad. Eso sí está en nuestras manos.
¿Qué papel crees que jugarán las nuevas generaciones en este cambio?
Crucial. Ya incorporan muchas cuestiones que las generaciones anteriores hemos tenido que ir adquiriendo por el camino. Eso es un activo enorme.
Lo que me preocupa es el planteamiento actual imperante: nuevas generaciones tirando del carro, obviando lo construido hasta ahora, y actuando como si la tecnología y el software fueran la única solución en sostenibilidad empresarial. Se está perdiendo el espíritu crítico y el análisis profundo que han sustentado todo lo anterior.
La solución más innovadora hoy, para mí, es la coexistencia de nuevas generaciones con perfiles senior de más de 50 años que han tenido que incorporar más cambios en su vida profesional y personal que ninguna otra generación anterior. Las organizaciones que logren ese tándem serán las mejor posicionadas desde el punto de vista ambiental, social y empresarial.
Y una última reflexión: si cuando pides el mismo dato a diferentes departamentos no coincide, y cuando lo pides al responsable del dato no te lo crees, confiar en que un nuevo software lo resolverá es una ilusión. En mi experiencia reciente, las empresas ya tienen mucho camino hecho en sostenibilidad: hay criterios y prescripciones que ya se cumplen, pero hay que ordenarlos, con claridad, con oficio y conocimiento. Alguien con una visión transversal e independiente puede hacer eso.
Si tuvieras que dar un solo consejo para que más personas se sumen, ¿cuál sería?
Que hay sitio para todos. La sostenibilidad, en cualquiera de sus vertientes, ambiental, social o económica, nos afecta a todas las personas. Está asociada a poder tener una vida serena y plena, en todas sus dimensiones, tal como cada uno la imagine.
Dentro de la sostenibilidad caben muchos perfiles y muchos verbos: construir, aportar, dejar huella, aprender, transformar. Lo que casi siempre conlleva es la sensación de utilidad. Y eso, en cualquier profesión, no tiene precio.
«Sin ruido, sin atajos y sin perder de vista a las personas: tengo el código para que la sostenibilidad funcione, conectando los puntos que todavía no consigues ver.»
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