¿Podría contarnos brevemente la historia y misión de su organización, y cómo surge su compromiso con la sostenibilidad y la innovación en su sector?
KITRO nace en 2017 en Suiza a partir de una experiencia muy directa en el sector de la hostelería. Mi cofundadora, Naomi MacKenzie, y yo trabajábamos en operaciones hoteleras y veíamos cada día cómo se tiraban grandes cantidades de comida, muchas veces perfectamente consumible, pero sin que hubiera datos claros sobre qué se desperdiciaba ni por qué.
- ¿Podría contarnos brevemente la historia y misión de su organización, y cómo surge su compromiso con la sostenibilidad y la innovación en su sector?
- ¿Cuáles son los principales servicios, soluciones o proyectos que desarrollan actualmente, y cómo contribuyen a generar un impacto positivo en la sociedad o en su sector?
- Entre sus iniciativas más destacadas, ¿cuáles consideran que han tenido mayor repercusión o transformación, y por qué?
- De cara al futuro, ¿cuáles son los principales retos que enfrentan y cómo planean abordarlos para seguir consolidándose como referentes en su área de actuación?
Ahí identificamos un problema muy concreto. En la mayoría de las cocinas profesionales, el desperdicio no se mide de forma sistemática, y eso hace que se gestione por intuición. Sin datos, es muy difícil optimizar procesos o reducir costes.
Nuestra misión es precisamente ayudar a las cocinas a introducir esa medición de forma sencilla y fiable, para que puedan tomar decisiones basadas en información real. Desde el inicio tuvimos claro que la solución tenía que integrarse en la operativa diaria sin añadir trabajo al equipo. Por eso apostamos por la inteligencia artificial como forma de capturar datos automáticamente y hacerlos útiles para la gestión.
¿Cuáles son los principales servicios, soluciones o proyectos que desarrollan actualmente, y cómo contribuyen a generar un impacto positivo en la sociedad o en su sector?
En KITRO hemos desarrollado una solución que permite medir y reducir el desperdicio alimentario de forma automatizada en cocinas profesionales. Instalamos una báscula inteligente con cámara que registra lo que se tira y utiliza inteligencia artificial para identificar y clasificar los alimentos sin necesidad de intervención manual.
Esto genera datos muy precisos sobre qué productos se desperdician, en qué cantidades y en qué momento del proceso. Con esa información, los equipos pueden ajustar producción, compras o planificación de menús de forma mucho más eficiente.
Además, no nos quedamos solo en la tecnología. Acompañamos a los clientes para que puedan interpretar esos datos y aplicarlos en su operativa diaria, porque el objetivo no es solo medir, sino reducir de forma sostenida.
El impacto es muy tangible. Nuestros clientes consiguen reducir hasta un 60% del desperdicio alimentario y generar ahorros de entre un 2% y un 8% en costes de alimentos. Esto demuestra que el desperdicio no es solo un problema ambiental, sino también una oportunidad clara de mejora operativa y económica.
Entre sus iniciativas más destacadas, ¿cuáles consideran que han tenido mayor repercusión o transformación, y por qué?
Lo que ha tenido mayor impacto es introducir la medición del desperdicio como parte de la gestión diaria de las cocinas. Durante mucho tiempo, este tema se ha tratado como algo secundario o inevitable, en parte porque no había herramientas que permitieran medirlo bien.
Cuando se empieza a medir de forma automática y continua, el cambio es bastante inmediato. Los equipos pueden ver con claridad dónde están las ineficiencias, ya sea en la producción, en el buffet o en la preparación, y eso permite hacer ajustes muy concretos que tienen resultados rápidos.
Hoy trabajamos con más de 500 cocinas en más de 20 países y, junto a nuestros clientes, hemos evitado más de 1.600 toneladas de desperdicio alimentario y salvado más de 3,6 millones de comidas. Pero más allá de las cifras, lo relevante es que el desperdicio deja de ser un coste asumido y pasa a gestionarse activamente, con impacto directo tanto en sostenibilidad como en rentabilidad.
De cara al futuro, ¿cuáles son los principales retos que enfrentan y cómo planean abordarlos para seguir consolidándose como referentes en su área de actuación?
El principal reto es conseguir que la medición del desperdicio alimentario se convierta en una práctica estándar en todo el sector. A día de hoy, todavía hay muchas cocinas que no tienen visibilidad real sobre lo que tiran.
El contexto está cambiando rápidamente, especialmente con la entrada en vigor de la Ley 1/2025 de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario en España. Esta normativa obliga a muchas empresas del sector a medir su desperdicio y a implementar planes de prevención, lo que marca un punto de inflexión importante. Esto está acelerando la adopción de soluciones como la nuestra, pero también plantea un reto claro, ya que las empresas necesitan herramientas que les permitan cumplir con la normativa de forma fiable y sin añadir complejidad a su operativa.
Nuestra forma de abordarlo es seguir desarrollando tecnología que facilite esa medición sin fricción y acompañar a los clientes para que puedan convertir los datos en decisiones operativas reales. El objetivo es que el desperdicio se gestione con el mismo nivel de rigor que cualquier otro indicador del negocio. En paralelo, España es un mercado especialmente relevante para nosotros, tanto por el peso del sector hostelero como por este nuevo marco regulatorio, que está impulsando un cambio real en la forma de gestionar el desperdicio alimentario.
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