Schmidt, referente europeo en mobiliario a medida, apuesta por un modelo de producción responsable en el que el diseño, la innovación y el respeto por el medioambiente avanzan de la mano. En un contexto en el que la sostenibilidad se ha convertido en un criterio cada vez más importante para los consumidores, la firma impulsa espacios duraderos, personalizados y fabricados con materiales seleccionados bajo criterios ambientales.
Detrás de cada cocina, vestidor o mueble de salón existe un proceso de diseño y fabricación pensado para reducir el impacto ambiental sin renunciar a la calidad, la funcionalidad ni la personalización que caracterizan a la marca.
La sostenibilidad empieza en la elección de los materiales
La madera es la materia prima principal de Schmidt y, precisamente por ello, su procedencia resulta fundamental. Casi el 90% de la madera utilizada por el grupo cuenta desde hace 15 años con certificación PEFC, garantía de que procede de bosques gestionados de forma sostenible y de que toda la cadena de suministro es completamente trazable. Además, los tableros incorporan un elevado porcentaje de madera reciclada, favoreciendo un uso más eficiente de los recursos naturales.
La selección de materiales también responde a criterios de salud y bienestar. Schmidt eliminó hace años el PVC de sus productos y ha sustituido las lacas tradicionales por hidrolacas, reduciendo significativamente las emisiones de compuestos orgánicos volátiles (COV) durante el proceso de fabricación. De esta manera, la compañía trabaja para ofrecer muebles más respetuosos tanto con el entorno como con las personas que convivirán con ellos.
Fabricar para durar, no para reemplazar
La sostenibilidad también pasa por alargar la vida útil de los productos. Frente a un modelo basado en el consumo rápido, Schmidt apuesta por muebles diseñados para permanecer en el tiempo gracias a la calidad de sus materiales, la precisión de su fabricación y un diseño que trasciende las modas pasajeras.
Todos los muebles se fabrican a medida en los seis centros de producción que Schmidt Groupe posee en Alsacia y Alemania, donde cada proyecto se adapta al milímetro a las necesidades de cada cliente. Esta personalización no solo permite aprovechar mejor el espacio disponible, sino que contribuye a crear soluciones funcionales y duraderas, evitando sustituciones prematuras.
En cuanto a la durabilidad esta es, precisamente, uno de los grandes compromisos de la firma. Por ello, los muebles cuentan con una garantía de 10 años, mientras que los herrajes y piezas metálicas están garantizados durante 25 años, una muestra de la confianza de Schmidt en la calidad de sus materiales y en un proceso de fabricación concebido para que cada proyecto acompañe a sus propietarios durante décadas.
Una industria que reduce su impacto día a día
El compromiso sostenible de Schmidt no termina en el producto final. También forma parte de la manera en la que la compañía fabrica sus muebles.
En sus plantas de producción, la optimización de los procesos ha permitido reducir el desperdicio de madera mediante sistemas inteligentes de corte, logrando disminuir los residuos y evitar la emisión de cientos de toneladas de CO₂. Paralelamente, más del 94 % de los residuos generados durante la fabricación se reciclan o reutilizan, mientras que los embalajes han sido diseñados para ser reciclables y facilitar su correcta gestión al final de su uso.
La compañía trabaja constantemente para optimizar sus procesos industriales, reducir el consumo de recursos y minimizar el impacto ambiental de su actividad. Desde la gestión eficiente de la energía hasta la valorización de los residuos de producción, cada decisión responde a un objetivo común: fabricar mejor utilizando menos recursos y apostando por un modelo industrial cada vez más responsable.
Un compromiso reconocido a nivel internacional
La obtención de la certificación B Corp en 2023 ha supuesto uno de los mayores hitos recientes de Schmidt Groupe. Este reconocimiento acredita que la compañía cumple exigentes estándares sociales, ambientales y de gobernanza, evaluando no solo el impacto de sus productos, sino también la manera en la que desarrolla toda su actividad empresarial.
Ser B Corp implica asumir compromisos medibles y en constante evolución: desde la reducción de la huella de carbono hasta la gestión responsable de la cadena de suministro, el bienestar de los empleados o la transparencia corporativa.
Para Schmidt, esta certificación no representa una meta alcanzada, sino un punto de partida para seguir mejorando y avanzando hacia un modelo industrial cada vez más responsable.
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