La imagen, los sabores atractivos y una intensa estrategia de marketing han convertido al vapeo en una de las principales puertas de entrada a la nicotina entre los jóvenes. Lo que muchos adolescentes perciben como una alternativa inocua al tabaco es, según los especialistas del grupo sanitario Ribera, una «trampa» diseñada para generar adicción y facilitar la transición hacia el consumo de cigarrillos convencionales.
El doctor Sergio Calvache, neumólogo, licenciado en Ciencias del Deporte y coordinador de Medicina Deportiva del hospital Ribera Imske y de las clínicas Ribera Mestalla y Ribera Pasarela, advierte de que «los jóvenes que comienzan vapeando tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de pasar posteriormente al consumo de tabaco convencional».
Según explica el especialista, la industria ha desarrollado campañas de marketing especialmente dirigidas a la población más joven mediante diseños llamativos, sabores dulces y mensajes que transmiten una falsa sensación de seguridad. «Muchos adolescentes creen que vapear no tiene consecuencias importantes para la salud, cuando la realidad es que están inhalando sustancias tóxicas y desarrollando dependencia a la nicotina desde edades muy tempranas», señala.
Una falsa sensación de seguridad
Aunque el funcionamiento de los cigarrillos electrónicos es diferente al del tabaco convencional, los expertos insisten en que eso no significa que sean seguros. Mientras el tabaco genera humo mediante combustión y libera alquitrán, monóxido de carbono y más de 70 sustancias cancerígenas conocidas, el vapeo funciona mediante un sistema de termovolatilización eléctrica que produce un aerosol líquido. «Es diferente, pero en ningún caso es inocuo», subraya el doctor Calvache. «Los dispositivos de vapeo emiten aerosoles tóxicos y micropartículas que pueden afectar tanto a quien los utiliza como a las personas que inhalan ese vapor de forma pasiva».
Los líquidos utilizados en estos dispositivos contienen propilenglicol, glicerina vegetal, nicotina y saborizantes. Sin embargo, durante el proceso de calentamiento se generan compuestos tóxicos como formaldehído, acetaldehído y acroleínas, además de metales pesados liberados por el atomizador.
Riesgos inmediatos y consecuencias a largo plazo
Los efectos sobre la salud pueden aparecer incluso tras periodos relativamente cortos de consumo. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran el aumento de la resistencia al paso del aire en los pulmones, una mayor predisposición a resfriados, bronquitis y neumonías, así como cuadros graves de neumonía lipoidea.
«Existen casos documentados de personas jóvenes que han necesitado incluso un trasplante pulmonar como consecuencia de lesiones asociadas al uso de estos dispositivos», explica el neumólogo.
A largo plazo, la preocupación de los especialistas se centra en el desarrollo de cáncer, daños irreversibles en la estructura pulmonar y la consolidación de una fuerte dependencia a la nicotina. «Nos preocupa especialmente que estas lesiones puedan dejar cicatrices permanentes en el pulmón y que el vapeo se convierta en una puerta de entrada al tabaquismo convencional», añade.
Menos rendimiento para quienes practican deporte
El consumo de cigarrillos electrónicos tampoco es compatible con una buena condición física. El doctor Calvache, que además es especialista en Medicina Deportiva, alerta de que el vapeo puede afectar a la capacidad respiratoria y, por tanto, al rendimiento.
«Los deportistas necesitan aprovechar al máximo su capacidad cardiopulmonar para rendir, especialmente en disciplinas de resistencia como el ciclismo, el running o el triatlón. El vapeo puede reducir esa capacidad y afectar negativamente al rendimiento físico», afirma el doctor Calvache.
Un mensaje claro para las familias y los jóvenes
Los especialistas consideran fundamental desmontar la percepción de que vapear es una práctica segura. La combinación de sabores atractivos, la presión social y la publicidad dirigida a los más jóvenes ha favorecido una rápida expansión de estos dispositivos entre adolescentes y jóvenes adultos.
Para el doctor Calvache, el mensaje debe ser contundente: «No existe un consumo seguro de nicotina. El vapeo forma parte de una estrategia para captar a los futuros fumadores y normalizar una adicción que tiene importantes consecuencias para la salud».
El especialista insiste en la importancia de la información y la prevención para evitar que una generación de jóvenes caiga en una dependencia que puede acompañarlos durante años y comprometer seriamente su salud respiratoria.
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