El Observatorio Generación & Talento de Fundación Máshumano reunió a empresas y expertos para analizar cómo desarrollar el pensamiento crítico ante el avance de la inteligencia artificial en las organizaciones.
El reto para las empresas no es solo incorporar nuevas herramientas, sino desarrollar profesionales capaces de contrastar, cuestionar y tomar decisiones con criterio y responsabilidad.
La edad no determina la capacidad de pensamiento crítico: la colaboración entre generaciones puede enriquecer el razonamiento colectivo al incorporar experiencias, conocimientos y perspectivas diferentes.
La incorporación de la inteligencia artificial al entorno laboral está transformando la manera de trabajar, aprender y tomar decisiones. Pero, a medida que el acceso a estas herramientas se generaliza, la diferencia entre unas organizaciones y otras dependerá cada vez menos de disponer de la tecnología y más de la capacidad de sus profesionales para utilizarla con criterio.
Un reto que, además, afecta a todas las generaciones. La edad no garantiza por sí misma una mayor capacidad de pensamiento crítico y, ante el avance de la IA, la diversidad de experiencias, conocimientos y perspectivas puede convertirse en un activo para mejorar la calidad del razonamiento y de las decisiones en las organizaciones.
Estas reflexiones centraron el último Foro de Trabajo del Observatorio Generación & Talento de Fundación Máshumano, celebrado en la sede de MSD con representantes de su Red de Empresas y expertos en la materia. El encuentro se enmarca en el V Ciclo sobre Inteligencia Artificial y Diversidad Generacional, desde el que el Observatorio analiza cómo la IA está transformando el trabajo y su impacto en las distintas generaciones que conviven en las empresas.
Entre los aprendizajes que está dejando el V Ciclo, a partir del trabajo desarrollado con empresas, empleados y expertos, aparece precisamente la creciente relevancia del pensamiento crítico ante el uso de la IA en las organizaciones. El acceso inmediato a información, análisis y respuestas generadas por estas herramientas abre enormes posibilidades, pero no garantiza por sí mismo una mejor calidad del razonamiento. Por ello, no basta con saber utilizar la tecnología: es necesario mantener la capacidad de revisar sus resultados, contrastarlos y decidir qué hacer con ellos.
Durante la sesión, Tomás Pereda, subdirector general de Fundación Máshumano, puso el foco en el reto de pasar de reconocer el pensamiento crítico como una capacidad valiosa a desarrollarlo realmente como una competencia profesional dentro de las organizaciones. «La pregunta es: ¿somos capaces de convertirlo en una competencia clave para esta época?», planteó Pereda, quien incidió además en una cuestión especialmente relevante ante el avance tecnológico: junto a preguntarnos qué podemos hacer con la información y las nuevas herramientas, el pensamiento crítico nos obliga a plantearnos qué debemos hacer con ellas.
La jornada contó también con la participación de Fátima Álvarez, filósofa y experta en pensamiento crítico y ética y directora experta de WorkétIcA, iniciativa de Fundación Máshumano para la aplicación ética de la IA en el trabajo, quien profundizó en cómo entrenar esta capacidad y trasladarla al desempeño profesional.
Pensamiento crítico: una competencia empresarial ante la IA
Traducido al ámbito empresarial, este reto exige contar con profesionales capaces de revisar, contrastar e interpretar la información, detectar posibles errores o sesgos y mantener la autonomía en la toma de decisiones.
El pensamiento crítico siempre ha sido una capacidad relevante, pero la expansión de la inteligencia artificial hace especialmente necesario convertirlo en una competencia aplicada al trabajo cotidiano.
«Al utilizar todos las mismas herramientas, la ventaja competitiva que podemos tener viene de la mano del desarrollo de las personas», afirmó Fátima Álvarez.
Para las empresas, esto implica ir más allá de la formación tecnológica. Supone favorecer entornos en los que los profesionales puedan preguntar, contrastar argumentos, revisar las respuestas de la IA y decidir cuándo y cómo utilizarlas, evitando que la rapidez o la aparente seguridad de una respuesta sustituya al juicio profesional.
En palabras de la experta, el objetivo es que las personas sean capaces de «conducir a la IA y no ser siervo de ella».
El pensamiento crítico, además, puede entrenarse y desarrollarse mediante la práctica, incorporando hábitos de reflexión, cuestionamiento y análisis a la actividad cotidiana de las organizaciones.
La edad no determina la capacidad de pensamiento crítico
Otro de los ejes abordados durante el Foro fue la relación entre pensamiento crítico y diversidad generacional.
Pertenecer a una determinada generación no implica disponer automáticamente de una mayor o menor capacidad para razonar críticamente. La experiencia profesional puede aportar contexto y conocimiento, mientras que otras trayectorias y experiencias pueden incorporar perspectivas diferentes, pero ni la edad ni una mayor familiaridad con la tecnología garantizan por sí mismas un mejor criterio.
«No precisamente la edad te da necesariamente más pensamiento crítico», señaló Fátima Álvarez durante el encuentro, advirtiendo sobre el riesgo de establecer asociaciones automáticas entre edad y capacidad de razonamiento.
Desde esta perspectiva, el valor de la diversidad generacional reside precisamente en la posibilidad de contrastar experiencias, conocimientos y formas diferentes de interpretar una misma realidad, evitando convertir las características atribuidas a cada generación en estereotipos.
Para las organizaciones, generar espacios de colaboración entre profesionales de distintas edades puede contribuir a enriquecer el pensamiento colectivo, ampliar los puntos de vista desde los que se analizan los problemas y fortalecer la calidad de las decisiones ante los cambios tecnológicos.
Llevar el pensamiento crítico a la organización
La última parte del encuentro trasladó estas reflexiones al terreno práctico. Las empresas participantes trabajaron conjuntamente en el diseño de iniciativas para potenciar el pensamiento crítico en diferentes ámbitos de la organización, avanzando desde la reflexión hacia posibles respuestas aplicables al día a día empresarial.
El Foro forma parte de la nueva fase de trabajo del V Ciclo de Inteligencia Artificial y Diversidad Generacional del Observatorio Generación & Talento, orientada a profundizar, junto a empresas y expertos, en algunos de los retos que plantea la convivencia entre inteligencia artificial, personas y organizaciones.
Elena Cascante, fundadora del Observatorio Generación & Talento, explicó durante la jornada que las aportaciones recogidas a lo largo de los dos últimos años —a través del trabajo con empresas, empleados de distintas generaciones y un comité multidisciplinar de expertos— se están integrando en un estudio sobre Inteligencia Artificial y Diversidad Generacional, que el Observatorio desarrolla con la Universidad Loyola como socio académico.
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