Las empresas nunca habían tenido tantos datos sobre cómo consumen energía. Y, sin embargo, muchas siguen sin saber con suficiente precisión dónde están perdiendo dinero.
- De mirar la factura a entender qué está ocurriendo
- Muchas empresas ya tienen la información que necesitan
- Del ahorro energético al retorno económico
- Medir, actuar y demostrar
- El verdadero valor aparece cuando el dato termina en una decisión
- La próxima ventaja competitiva puede estar escondida en datos que ya tenemos
En una flota podemos conocer recorridos, consumos, tiempos al ralentí, kilómetros realizados o comportamiento de cada vehículo. En una fábrica ocurre algo parecido. Tenemos contadores, sistemas de producción, sensores, equipos conectados y cada vez más información sobre lo que sucede dentro de una instalación.
El problema ya no es la falta de datos.
El problema es qué hacemos con ellos.
Porque saber cuánto hemos consumido al final del mes sirve para controlar una factura, pero aporta mucho menos cuando intentamos responder a preguntas más importantes: ¿por qué estamos consumiendo más?, ¿dónde se produce la desviación?, ¿qué podemos corregir?, ¿cuánto podríamos ahorrar? y, sobre todo, ¿podemos demostrar después que ese ahorro se ha producido?
Ahí es donde, en mi opinión, se está produciendo uno de los cambios más relevantes en la gestión energética empresarial.
De mirar la factura a entender qué está ocurriendo
Durante mucho tiempo, la eficiencia energética se ha apoyado principalmente en auditorías, estudios y actuaciones concretas. Siguen siendo herramientas necesarias, pero hoy disponemos de tecnología para ir bastante más allá.
Podemos observar el consumo de forma continua y relacionarlo con lo que está ocurriendo realmente en la operación.
Pensemos en dos camiones del mismo modelo que realizan trabajos similares. Al final del mes pueden presentar consumos muy distintos. La diferencia puede estar en la conducción, la carga, el mantenimiento, la presión de los neumáticos o el tiempo que permanecen al ralentí.
En una planta industrial sucede algo parecido. El consumo global puede parecer razonable mientras una máquina trabaja cuando no debería, un sistema de refrigeración empieza a perder eficiencia o determinados equipos van aumentando su consumo sin que nadie lo detecte de inmediato.
La factura energética nos muestra el resultado.
Los datos operativos nos ayudan a encontrar la causa.
Y cuando conseguimos relacionar ambas cosas empiezan a aparecer oportunidades de mejora que antes permanecían ocultas dentro de una cifra agregada.
Muchas empresas ya tienen la información que necesitan
Uno de los aprendizajes que hemos obtenido trabajando con empresas de transporte, industria y otros sectores es que, en muchos casos, las organizaciones ya disponen de buena parte de los datos necesarios para mejorar su eficiencia.
El problema es que están dispersos.
La telemetría está en una plataforma. Los consumos eléctricos, en otra. Los datos de producción se encuentran en un sistema diferente. Mantenimiento trabaja con sus propias herramientas. Y la información económica termina normalmente en otro departamento.
Cada sistema puede funcionar perfectamente por separado, pero eso no significa que la empresa tenga una visión completa.
Por eso creo que una de las grandes oportunidades de la digitalización energética no consiste necesariamente en instalar más sensores o generar todavía más información.
Consiste en hacer que los datos que ya tenemos empiecen a hablar entre ellos.
Cuando conectamos telemetría, contadores y datos operativos podemos comparar situaciones, establecer referencias, detectar anomalías y localizar oportunidades de ahorro con mucha más precisión.
Y ese cambio, aunque tenga una base tecnológica, es esencialmente empresarial.
Porque permite tomar mejores decisiones y comprobar después si realmente han funcionado.
Del ahorro energético al retorno económico
A esta evolución tecnológica se está sumando otro cambio especialmente relevante en España: los Certificados de Ahorro Energético, los llamados CAE.
El mecanismo introduce una idea importante.
Cuando una empresa reduce su consumo energético, obtiene evidentemente un ahorro en su factura. Pero si esa mejora cumple determinadas condiciones y puede medirse y verificarse correctamente, ese ahorro puede generar además un retorno económico adicional.
Esto modifica en parte la forma en la que las empresas pueden plantearse determinadas inversiones en eficiencia.
Reducir el consumo ya no tiene que entenderse únicamente como una cuestión ambiental o de cumplimiento.
Puede ser también una decisión económica.
Ahora bien, para llegar hasta ahí hay un requisito fundamental: poder demostrar el ahorro.
No basta con decir que consumimos menos.
Hay que conocer correctamente la situación de partida, identificar la actuación realizada, medir el resultado y mantener una trazabilidad suficiente para que el ahorro pueda ser verificado.
Por eso la medición no debería entenderse como el final del proceso.
Es el principio.
Medir, actuar y demostrar
Si tuviera que resumir hacia dónde está evolucionando la eficiencia energética empresarial, probablemente utilizaría tres verbos:
Medir. Actuar. Demostrar.
Primero necesitamos entender cómo estamos consumiendo.
Después debemos identificar qué actuaciones tienen sentido y ejecutarlas.
Y finalmente tenemos que comprobar qué impacto real han conseguido.
Cuando estas tres fases están conectadas, la eficiencia energética deja de ser una fotografía puntual para convertirse en un proceso continuo de mejora.
Es precisamente la lógica que hemos aplicado en Certex Innova.
Primero en el transporte, a través de X-Fleet, conectando telemetría y datos operativos de las flotas para detectar, cuantificar y verificar oportunidades de ahorro.
Y ahora también en la industria y el sector terciario, con X-Industry, trasladando esa misma lógica al consumo de instalaciones, procesos, líneas y equipos.
Los entornos son distintos, pero el problema de fondo es muy parecido.
Hay millones de datos que todavía no estamos convirtiendo en decisiones.
El verdadero valor aparece cuando el dato termina en una decisión
La tecnología por sí sola no hace que una empresa sea más eficiente.
Tampoco tener más cuadros de mando.
Ni acumular más información.
El valor aparece cuando un dato permite detectar un problema, tomar una decisión, ejecutar una mejora y comprobar después cuál ha sido su impacto.
Ese es, probablemente, uno de los retos más importantes que tenemos por delante.
Durante los próximos años veremos una integración cada vez mayor entre energía, software, datos operativos, regulación y gestión empresarial.
Y eso provocará que la eficiencia energética deje progresivamente de ser un área aislada para incorporarse cada vez más a la gestión ordinaria del negocio.
Porque consumir menos energía significa reducir costes.
Pero también puede significar detectar antes una avería, mejorar el rendimiento de una flota, optimizar un proceso productivo, justificar una inversión, reducir emisiones o convertir determinados ahorros en un retorno económico adicional.
En definitiva, significa gestionar mejor.
La próxima ventaja competitiva puede estar escondida en datos que ya tenemos
En Certex Innova trabajamos precisamente en ese punto: conectar información energética y operativa para convertirla en ahorro medible, verificable y, cuando es posible, monetizable.
La tecnología necesaria ya existe.
Y en muchas empresas, los datos también.
El reto ahora es aprovecharlos.
Porque quizá la pregunta que deberíamos hacernos ya no sea simplemente cuánto consume nuestra organización.
La pregunta más interesante es otra:
¿cuánto valor estamos dejando escondido dentro de nuestros propios datos energéticos?
Quienes quieran profundizar en cómo estamos aplicando esta lógica en transporte, industria y otros sectores pueden encontrar más información en https://www.certexinnova.com/.


