Identificar un impacto no significa todavía saber medirlo ni gestionarlo. Esta es una de las principales lecturas que deja el State of Play 2026 Report de EFRAG, que analiza cómo las empresas europeas están aplicando las normas ESRS y muestra una evolución progresiva de las prácticas de reporte, pero también importantes diferencias entre la identificación de los asuntos materiales, la definición de objetivos y la disponibilidad de métricas.
- La materialidad avanza, pero medir sigue siendo el reto
- El cambio climático continúa marcando la agenda
- La dimensión social gana peso
- La sostenibilidad se extiende a la cadena de valor
- Biodiversidad: la brecha entre reconocer y medir se hace más visible
- Informes más breves y mayor familiaridad con las ESRS
- Del reporting a la gestión
Desde DIRSE compartimos las principales claves del estudio para que las personas socias puedan mantenerse al día de la evolución del reporting de sostenibilidad en Europa y conocer qué están haciendo las empresas en su segundo año de aplicación de las ESRS.
El informe de EFRAG analiza 905 estados de sostenibilidad correspondientes al ejercicio fiscal 2025, todos ellos sujetos a aseguramiento por terceros conforme a la CSRD, frente a los 656 analizados en la edición anterior. El estudio evalúa las prácticas de las empresas a partir de 18 preguntas que abarcan los estándares transversales, ambientales y sociales y, por primera vez, también cuestiones relacionadas con gobernanza.
La edición de 2026 amplía además el análisis respecto al año anterior, incorporando información sobre la metodología de doble materialidad, la relación entre los asuntos materiales y los incentivos de la alta dirección y el desglose geográfico de determinadas métricas ambientales. EFRAG ha utilizado para ello un sistema de análisis asistido por inteligencia artificial, acompañado de procesos de validación manual.
La materialidad avanza, pero medir sigue siendo el reto
Una de las conclusiones más relevantes del estudio aparece al comparar los asuntos que las empresas identifican como materiales con aquellos para los que establecen objetivos cuantificables. De media, las compañías analizadas identifican 6,4 temas materiales de los diez estándares temáticos ESRS, pero solo establecen objetivos medibles para 3,3 de ellos. En otras palabras, únicamente alrededor de la mitad de los asuntos identificados como materiales dispone de un objetivo cuantitativo asociado.
El dato apunta a una brecha todavía significativa entre reconocer que un asunto es relevante para la organización y disponer de mecanismos concretos para medir su evolución, establecer objetivos y trasladarlo a la gestión.
Además, las empresas identifican de media 30 impactos, riesgos y oportunidades —IRO, por sus siglas en inglés—, aunque casi el 60% se concentra en tres estándares: cambio climático, plantilla propia y conducta empresarial. En el caso de España, el promedio se eleva hasta 44,4 IRO por empresa, el valor más alto entre los países analizados.
Al mismo tiempo, el estudio muestra una mayor integración de la sostenibilidad en la gestión empresarial: el 63% de las compañías incorpora objetivos de sostenibilidad en los sistemas de incentivos de la alta dirección. El porcentaje alcanza el 92% entre las empresas españolas incluidas en la muestra, seguido de Francia, con un 90%, y Alemania, con un 84%.
También evoluciona la forma de realizar el análisis de doble materialidad. El 82% de las empresas actualizó su evaluación respecto al ejercicio anterior, con modificaciones que van desde pequeños ajustes y recalibraciones de los IRO hasta revisiones completas motivadas, por ejemplo, por cambios en el perímetro empresarial.
Por otra parte, el 67% utiliza un enfoque híbrido que combina metodologías top-down y bottom-up, mientras que el 28% aplica predominantemente un enfoque bottom-up y solo el 5% uno top-down.
Estos datos muestran que la materialidad comienza a consolidarse como un proceso dinámico y no como un ejercicio puntual vinculado exclusivamente a la elaboración del informe.
El cambio climático continúa marcando la agenda
Entre todos los estándares, ESRS E1, Cambio climático, continúa siendo uno de los asuntos más extendidos, identificado como material por el 99% de las compañías analizadas. El mismo porcentaje se registra para ESRS S1, Plantilla propia, mientras que ESRS G1, Conducta empresarial, alcanza el 95%.
Si se desciende al nivel de subtemas, la mitigación del cambio climático es material para el 99% de las empresas; las condiciones de trabajo de la plantilla propia, para el 97%; y la igualdad de trato y oportunidades, para el 96%.
El informe confirma además el avance de los planes de transición climática. El porcentaje de empresas que declara disponer de un Plan de Transición Climática ha pasado del 55% en 2024 al 69% en 2025.
Asimismo, el 57% de las compañías informa simultáneamente de objetivos de descarbonización a corto y largo plazo compatibles con una trayectoria de calentamiento limitada a 1,5 °C, incluyendo en esta edición también las emisiones de alcance 3.
En España este porcentaje asciende al 78%, uno de los valores más elevados de los países estudiados.
El avance cuantitativo no elimina, sin embargo, las diferencias en el nivel de detalle y desarrollo de estos planes. El reto pasa progresivamente de declarar la existencia de una estrategia climática a demostrar cómo se integra en la planificación, las decisiones de inversión y la gestión de la organización.
La dimensión social gana peso
El segundo gran ámbito de atención es la fuerza laboral propia, recogida en ESRS S1. Además de ser uno de los temas más identificados como materiales, el estudio ofrece algunos datos relevantes sobre las prácticas sociales de las empresas.
La brecha salarial de género no ajustada media se sitúa en el 14,3% a favor de los hombres. No obstante, únicamente el 12% de las compañías complementa esta información con una brecha salarial ajustada, que tenga en cuenta factores como la distribución geográfica o las funciones desempeñadas por las personas trabajadoras.
En materia de derechos humanos, el 89% de las empresas analizadas en los ámbitos correspondientes cuenta con políticas formales que cubren a trabajadores de la cadena de valor y/o comunidades afectadas. Además, el 85% informa sobre incidentes de discriminación y el 93% sobre incidentes graves relacionados con derechos humanos.
El informe también constata una creciente conexión entre sostenibilidad y sistemas de remuneración: como se ha señalado, el 63% de las organizaciones integra objetivos de sostenibilidad en los incentivos de la alta dirección.
Estos datos reflejan una tendencia hacia una mayor integración de las cuestiones sociales y de sostenibilidad en los mecanismos de gestión y gobierno corporativo, más allá del propio ejercicio de reporte.
La sostenibilidad se extiende a la cadena de valor
El análisis de EFRAG muestra también que la información de sostenibilidad está trascendiendo las fronteras de la propia organización.
La gestión de las relaciones con proveedores, incluidas las prácticas de pago, es considerada material por el 54% de las compañías, frente al 50% de la edición anterior. Entre las empresas para las que esta cuestión es material, el 81% hace referencia explícita a criterios ESG en sus procesos de selección de proveedores, habitualmente a través de códigos de conducta.
El estudio identifica, sin embargo, aspectos todavía poco desarrollados: únicamente el 7% de estas compañías proporciona información específica sobre los plazos medios de pago aplicables a pymes.
Este avance resulta especialmente relevante en un contexto en el que las empresas deben mejorar progresivamente su conocimiento sobre los impactos, riesgos y oportunidades asociados a sus cadenas de valor. La incorporación de criterios ESG en la homologación y selección de proveedores constituye un paso hacia una gestión más transversal de la sostenibilidad.
Biodiversidad: la brecha entre reconocer y medir se hace más visible
Uno de los ámbitos en los que el informe evidencia mayores desafíos es la biodiversidad y los ecosistemas.
La materialidad de los temas ambientales distintos del clima ha aumentado ligeramente respecto a la edición anterior. ESRS E4, Biodiversidad y ecosistemas, es considerado material por el 41% de las empresas, mientras que contaminación alcanza el 42%, agua y recursos marinos el 35% y uso de recursos y economía circular el 67%.
Sin embargo, la identificación de estos asuntos como materiales no se traduce todavía de manera generalizada en métricas cuantitativas.
Entre las compañías que consideran cada estándar ambiental material, solo el 13% comunica métricas cuantitativas relacionadas con biodiversidad, frente al 22% en agua y recursos marinos, el 28% en contaminación y el 42% en uso de recursos y economía circular.
La diferencia resulta especialmente significativa porque refleja uno de los retos más complejos del reporting de sostenibilidad: pasar de identificar que existe un impacto a disponer de indicadores capaces de cuantificarlo, compararlo y permitir el seguimiento de su evolución.
A ello se suma la dimensión geográfica. Para los estándares ambientales E2 a E5, el 77% de las métricas se comunica únicamente a escala global de empresa, mientras que el desglose regional se sitúa por debajo del 10%. El nivel de emplazamiento aparece con mayor frecuencia en contaminación, agua y biodiversidad, pero sigue siendo minoritario.
Esto es particularmente relevante para biodiversidad, ya que muchos impactos sobre la naturaleza dependen directamente de la localización de las operaciones. La información agregada a escala corporativa puede resultar insuficiente para comprender cuestiones como la presión sobre determinados ecosistemas, especies o recursos hídricos.
El propio análisis pone así de relieve que la biodiversidad presenta todavía un grado de madurez inferior al del cambio climático. Mientras que en este último las empresas están avanzando hacia planes de transición y objetivos cuantitativos más desarrollados, en biodiversidad la disponibilidad de métricas continúa siendo mucho más limitada.
Informes más breves y mayor familiaridad con las ESRS
Otra de las señales de evolución identificadas por EFRAG se encuentra en la propia extensión de los informes.
Si se comparan las muestras completas de ambos ejercicios, la longitud media de los estados de sostenibilidad ha pasado de 115 páginas en 2024 a 95 páginas en 2025. EFRAG relaciona esta evolución tanto con cambios en la composición geográfica de la muestra como con una progresiva racionalización de los informes a medida que las empresas adquieren mayor familiaridad con el marco ESRS.
No obstante, el propio estudio introduce un matiz relevante: cuando se comparan exclusivamente las 554 empresas presentes en las dos ediciones, la reducción es bastante más moderada, pasando de 108 a 103 páginas.
España continúa situándose entre los países con informes más extensos, aunque la media se ha reducido de 233 a 162 páginas entre ambas muestras.
La información de sostenibilidad representa aproximadamente el 34% de la extensión total de los informes anuales, mientras que únicamente el 6% de las compañías incluye un resumen ejecutivo específico de sostenibilidad.
La tendencia apunta, por tanto, hacia una mayor capacidad de las organizaciones para estructurar y seleccionar la información relevante, aunque el grado de concisión continúa variando considerablemente entre países y empresas.
Del reporting a la gestión
En conjunto, el State of Play 2026 muestra una evolución durante el segundo año de aplicación de las ESRS, pero también señala dónde se encuentran algunos de los próximos retos.
Las empresas han adquirido mayor experiencia en la realización de análisis de doble materialidad, han avanzado en planes de transición climática y están incorporando progresivamente la sostenibilidad a cuestiones como los incentivos de la dirección o la gestión de proveedores.
Al mismo tiempo, persiste una cuestión de fondo: la distancia entre declarar, medir y gestionar. Identificar un tema como material es el primer paso, pero convertir esa materialidad en objetivos, métricas, decisiones y mecanismos de seguimiento requiere capacidades y sistemas de gestión más desarrollados.
Los propios datos del estudio ilustran esta distancia: las empresas consideran materiales una media de 6,4 temas, pero establecen objetivos cuantificables únicamente para 3,3; y en ámbitos como biodiversidad, aunque cuatro de cada diez organizaciones la identifican como material, solo una proporción reducida comunica métricas cuantitativas asociadas.
Para los profesionales de la sostenibilidad, esta evolución refuerza el papel de la función dirse como puente entre el reporting y la estrategia. El reto no consiste únicamente en conocer qué exige cada estándar, sino en conseguir que la información recopilada permita comprender los impactos, riesgos y oportunidades de la organización y contribuya a la toma de decisiones.
El State of Play 2026 ofrece, en definitiva, una fotografía útil del grado de madurez alcanzado por las empresas europeas en la aplicación de las ESRS y, al mismo tiempo, permite identificar los ámbitos en los que todavía existe recorrido para pasar del dato a la gestión y del reporte a la acción.


