Naguloi es una mujer admirable. Con la fuerza de sus brazos revuelve el yogur mientras sostiene a un niño pequeño y conversa con las demás integrantes de su Grupo de Ahorro en el noroeste de Kenia.
En su grupo, 23 de los 25 miembros son mujeres. Esta es una realidad que se repite en la mayoría de los más de 70.000 grupos de ahorro que World Vision apoya en todo el mundo. La razón fundamental es clara: las mujeres están construyendo su propio destino a través del apoyo financiero mutuo y el impulso de pequeños negocios. Así logran una independencia real y se preparan mejor para el mañana.
¿Cómo funcionan estas cajas de ahorros informales?
Cada miembro aporta una cantidad fija de ahorro de forma periódica. Si alguien necesita un préstamo —por ejemplo, para emprender— el grupo evalúa la solicitud, desembolsa los fondos y supervisa que el capital y los intereses se reembolsen correctamente.
Tradicionalmente, estos grupos registran todo a mano en cuadernos de papel. Aunque es un método sencillo, suele provocar errores de cálculo, registros de mala calidad y una falta de control sobre el estado financiero real.
Este desfase estanca a los grupos y les impide acceder al sistema financiero formal. Ningún banco o entidad de microfinanzas aceptaría un cuaderno de papel como garantía para un crédito serio. De hecho, nadie en el grupo de Naguloi ha pisado jamás un banco; para estas instituciones, gestionar préstamos tan pequeños resulta demasiado costoso y poco atractivo. Ante este panorama, ¿deberían estas mujeres renunciar a sus metas? La respuesta es un no rotundo.
Ese deseo de superación es también el motor de Henrik Esbensen. En 2016, cofundó DreamStart Labs junto a Wes Wasson, una empresa tecnológica dedicada a crear soluciones móviles innovadoras para ayudar a las comunidades vulnerables a salir de la pobreza.
VisionFund, la organización hermana de World Vision, se convirtió pronto en el principal aliado de DreamStart Labs. Los grupos de ahorro resultaron ser los usuarios perfectos para su tecnología, especialmente para la aplicación DreamSave. Esta herramienta digital permite ahorrar, gestionar préstamos y construir un historial crediticio sólido, abriendo las puertas a la financiación bancaria formal.
La aplicación DreamSave
El secreto del éxito de DreamSave —que ya utilizan cientos de miles de personas en decenas de miles de grupos— es que se diseñó codo con codo con sus destinatarios finales.
Henrik Esbensen explica: Los futuros usuarios participaron en el diseño desde el primer día, antes de escribir una sola línea de código. Es un enfoque que exige tiempo y recursos, pero que garantiza el éxito del producto.
Gracias a este proceso, incluso las personas con baja alfabetización pueden usar laherramienta sin problemas. La aplicación cuenta con una interfaz intuitiva basada enimágenes, símbolos y una función integrada de conversión de texto a voz.
DreamSave fortalece los grupos de ahorro Martina Crailsheim, responsable en VisionFund de conectar a los grupos de ahorro informales con las entidades financieras, destaca el impacto de la digitalización a
través de DreamSave.
Las ventajas van más allá del acceso al capital; transforman la convivencia del grupo: «Con DreamSave, los cálculos automáticos eliminan los errores humanos y acortan las reuniones. Al desaparecer los fallos en las cuentas, las discusiones se terminan y crece la confianza mutua, lo que motiva a los miembros a ahorrar más. Además, esta transparencia reduce los riesgos y permite conceder microcréditos que antes
eran inviables por culpa de una documentación deficiente».
El camino de Naguloi hacia el autoempleo
Gracias a este sistema, el grupo de Naguloi obtuvo un préstamo de una entidad de microfinanzas que transformó su realidad: nacieron nuevos negocios, aumentaron los ingresos y el grupo creció en miembros y capacidad de ahorro. Es un impacto que perdura en el tiempo.
Naguloi y sus compañeras han invertido los beneficios del grupo, junto con el apoyo de World Vision, en la construcción de una pequeña central lechera donde pasteurizan leche y elaboran yogur. Con las ganancias no solo pagan los estudios y las medicinas de sus hijos, sino que están construyendo algo mucho más grande: su propio futuro.
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