Tras el último informe de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), que prevé que 7,8 millones de personas en Sudán del Sur se enfrentarán a niveles de inseguridad alimentaria de crisis o peores entre abril y julio de 2026 (más de la mitad de la población), World Vision se une a los actores humanitarios de todo el país para dar la voz de alarma sobre el rápido empeoramiento de la situación de hambre y pedir medidas urgentes para evitar un mayor deterioro.
«World Vision está profundamente preocupada, especialmente por la infancia. Ningún niño ni niña debería pasar hambre. Sin embargo, hoy en día, millones de ellos sufren malnutrición», afirma Mesfin Loha, director nacional de World Vision en Sudán del Sur.
Según el último análisis del IPC, se prevé que unos 7,8 millones de personas —el 56 % de la población de Sudán del Sur— se enfrenten a una crisis o a niveles aún peores de inseguridad alimentaria (fase 3 del IPC y superiores) entre abril y julio de 2026. El informe advierte además de que la hambruna sigue siendo un riesgo real en las zonas más gravemente afectadas si no se toman medidas urgentes.
La infancia sigue siendo la más afectada
La infancia sigue siendo la más afectada por la crisis. Se prevé que aproximadamente 2,2 millones de niños y niñas de entre 6 y 59 meses sufran malnutrición aguda, incluidos casi 700.000 niños y niñas en riesgo de malnutrición aguda grave, una afección que pone en peligro la vida si no se trata. También se espera que otros 1,1 millones de mujeres embarazadas y lactantes padezcan malnutrición aguda.
El análisis del IPC también indica que aproximadamente 73.000 personas se encuentran ya en la fase 5 del IPC (Catástrofe) en partes de los estados de Jonglei y Alto Nilo, donde las comunidades sufren hambre extrema, un riesgo elevado de mortalidad y el colapso de sus medios de subsistencia.
La crisis está impulsada por una convergencia de factores, entre los que se incluyen la escalada de la violencia, los desplazamientos generalizados, las dificultades económicas y las crisis relacionadas con el clima. La inseguridad persistente en algunas zonas de Alto Nilo, Jonglei, Unity y Equatoria sigue obligando a las familias a abandonar sus hogares, destruyendo sus medios de subsistencia y restringiendo el acceso a los mercados y a la ayuda humanitaria.
Al mismo tiempo, el aumento de la inflación y la inestabilidad económica han reducido gravemente el poder adquisitivo de los hogares, mientras que las inundaciones recurrentes y los patrones climáticos erráticos siguen perturbando la producción agrícola. La afluencia continua de refugiados y repatriados procedentes de Sudán está ejerciendo una presión adicional sobre unos servicios ya sobrecargados y unos sistemas locales frágiles.
Paz y resiliencia
En respuesta a ello, World Vision está ampliando las intervenciones centradas en salvar vidas y fomentar la resiliencia en las comunidades afectadas de Alto Nilo, Gran Bahr el Ghazal, Ecuatoria Occidental y Ecuatoria Central. En estrecha colaboración con las autoridades gubernamentales, los socios humanitarios y las comunidades locales, World Vision está proporcionando ayuda alimentaria de emergencia, evaluaciones nutricionales y tratamiento para la infancia y madres desnutridas, apoyo a los medios de subsistencia y servicios de agua, saneamiento e higiene.
Sin embargo, World Vision advierte de que los esfuerzos humanitarios actuales se ven cada vez más desbordados por la magnitud de las necesidades.
«Acabar con el hambre en Sudán del Sur requiere algo más que ayuda alimentaria; exige paz, protección y colaboración. Ninguna organización puede hacer frente a esta crisis por sí sola. También pedimos un acceso humanitario sin restricciones y una mayor financiación para garantizar que las personas no solo sobrevivan, sino que prosperen», añade Mesfin Loha.
World Vision también hace hincapié en que la inseguridad reinante y las restricciones de acceso están perturbando gravemente las operaciones humanitarias y limitando la prestación de ayuda vital a algunas de las comunidades más afectadas. «A medida que la violencia sigue escalando en muchas partes de Sudán del Sur, sin una intervención inmediata, la crisis podría agravarse aún más, dejando a millones de personas más en situación de riesgo», afirma Mesfin Loha.
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