En la última década, la sostenibilidad ha dejado de ser un gesto reputacional para convertirse en un imperativo estratégico. No hablamos solo de cumplir normativas o publicar informes ESG, hablamos de garantizar la resiliencia del negocio, la competitividad y la licencia social para operar en un mundo que exige respuestas rápidas ante el cambio climático, la presión regulatoria y la demanda ciudadana. En este escenario, la alta dirección no puede delegar. Debe liderar.
Las decisiones que tomamos desde la alta dirección, bien sea en comités ejecutivos o en cualquier otro órgano de gobernanza, marcan el rumbo. Muchas veces nos preguntamos dónde tenemos que invertir o qué proyectos priorizar, pero la sostenibilidad va más allá de eso, ya que empieza en la cultura corporativa de cada compañía. Realmente, sobre lo que debemos reflexionar es en cómo convertir la sostenibilidad en una ventaja competitiva y aquí solo hay una respuesta posible: los datos, concretamente, los datos geoespaciales.
La sostenibilidad empieza en el territorio: no se puede gestionar lo que no se conoce
Hablar de sostenibilidad no es fácil, se trata de un concepto abstracto y difícil de hacer tangible. Es habitual que surjan dudas o se planteen cuestiones acerca de cómo se puede pasar de la intención a la acción, cómo se pueden medir y comunicar los resultados o cómo se pueden identificar y priorizar las áreas de mejora.
La respuesta reside en los Sistemas de Información Geográfica (GIS), un aspecto clave de la tecnología geoespacial que permite a las organizaciones integrar, analizar y visualizar datos en un contexto espacial. Esta aproximación ofrece una comprensión profunda del entorno en el que operamos y nos ayuda a entender mejor el impacto de nuestras actividades en la sostenibilidad, incluyendo ámbitos como el ambiental, el social y el económico.
La tecnología geoespacial ofrece múltiples ventajas para la gestión de la sostenibilidad. Por un lado, permite integrar datos de diversas fuentes y formatos, lo que facilita el acceso y la interoperabilidad de la información. Es importante destacar que solo la componente geoespacial o la localización permiten integrar ciertos conjuntos de datos, por ejemplo, el riesgo derivado del cambio climático solo se puede relacionar con las infraestructuras a través de su localización, y lo mismo sucede con la meteorología, la morfología del terreno, etc. Por otro, facilita analizar los datos desde una perspectiva única, la perspectiva espacial, lo que ayuda a detectar patrones, tendencias y relaciones que no serían evidentes de otra manera. Además, permite visualizar y comunicar los datos de forma interactiva y atractiva, lo que favorece el compromiso y la participación de los diferentes actores implicados.
La sostenibilidad como un elemento transversal y holístico
Es importante tener en cuenta que los Sistemas de Información Geográfica han cambiado el enfoque tradicional con el que la mayor parte de las compañías tendían a abordar sus desafíos. La tecnología geoespacial permite enfocar estas situaciones desde una perspectiva holística, dotando a los decisores de información detallada en tiempo real sobre el estado del proyecto, algo fundamental en todo tipo de sectores, pero que cobra una gran relevancia en ámbitos como el de la Arquitectura, la Ingeniería y la Construcción.
Un ejemplo claro de cómo los datos geoespaciales transforman la gestión y la sostenibilidad en proyectos complejos proviene del uso de gemelos digitales por parte de la constructora OHLA. En un proyecto de una carretera en la provincia de Cáceres, OHLA integró imágenes de drones, datos BIM y un gemelo digital geoespacial generado con software GIS para crear una plataforma centralizada de información. Esta herramienta permite a los equipos compartir en tiempo real mapas 2D y modelos 3D del sitio, datos de campo actualizados y documentación crítica, lo que mejora la comunicación entre contratistas, autoridades, comunidades locales y otros actores, reduce la incertidumbre y acelera la toma de decisiones. Además, al visualizar el avance de obra y los posibles riesgos ambientales o impactos territoriales, esta aproximación basada en GIS ayuda a gestionar mejor los recursos y a reforzar la sostenibilidad y la transparencia del proyecto.
Solo concibiendo los recursos naturales como parte de una infraestructura conectada que nos sostiene y nos permite conservarlos de forma activa, podremos hablar de una infraestructura verde eficaz. Una infraestructura que ofrezca una gestión inteligente e integrada del territorio, mejore la conectividad entre los espacios naturales y garantice la provisión de servicios ecosistémicos.
En resumen, el enfoque geográfico, es decir, la capacidad de visualizar y analizar datos espaciales, permite a las organizaciones transformar sus objetivos de sostenibilidad en acciones concretas y eficaces, entender su entorno de una manera más holística, y tomar decisiones informadas y estratégicas que promuevan la sostenibilidad, con la creación de soluciones innovadoras que mejoren el bienestar de las personas y del planeta al mismo tiempo que facilitan la sostenibilidad económica de la actividad de las organizaciones a través de la mejora de la eficiencia operativa.


